martes, 2 de agosto de 2011

MARCELA BASTERI

La mayoría de ustedes tiene una vida lineal, con sus tímidos vaivenes emocionales, sus reveses económicos y sus golpes y abrazos del destino. Pero diríase que, en gran medida su biografía es predecible e incluso aburrida ¿A qué si?










Estamos inmersos en un soporífero bipartidismo político, sin guerras declaradas, con injusticias de todo tipo, vacaciones de costa, y de interior, crisis financiera, algún amor inconfesable y algún vicio aceptado... Una existencia miserablemente planita y normal. Muy loable para lúcidos intelectos como el de Immanuel Kant, pero triste para lo que el cine norteamericano nos tiene acostumbrados.

Sin embargo, hay gente destinada a la fascinación ajena, cuya biografía es un parque temático de pasiones. Marcela Bastieri es una mártir de la era de la exhibición. Voy ya con la historia de sus días:


Sergio Basteri, hijo de Ida y Ferruccio, era además hermano de Piero, Carolina, Franco, Renato, Adua y Enzo. Sergio era un italiano guapetón, que se hizo soldado y, que cantaba como dicen que cantan los ángeles. (Arriba en el centro... una genética que perduraría)


Luchó en la Segunda Guerra Mundial y su esmero, bravura y simpatía, le valió el apodo de Tarzán. A su regreso en 1944 a Castagnola di Sopra, una localidad entre las marinas de Massa y de Carrara, se dio cuenta de que tenía que salir del pueblo en busca de una vida mejor.

La encontró en Verona, donde conoció a Vanda Tarrozzo, una joven guapa y decidida. Se enamoraron y al poco se trasladaron a la casa de la familia Basteri, donde nació Marcela (Marcella en italiano), su única hija, el 10 de diciembre de 1946.
Sergio se fue a buscar una vida mejor, una oportunidad laboral, una salida a la pobreza... y se fue, ni más ni menos que a Argentina. Vanda se quedó con la familia de él, esperando... Al parecer, no se sentía muy cómoda con su familia política así que abandonó la casa de los Basteri para irse con Marcela (de seis meses) a buscar por su cuenta, también una vida mejor. Conoció a un camionero napolitano llamado Russo Ciro y huyó con él a Nápoles, dejando a su hija en un orfanato, del que no podría salir hasta que cumpliera los 10 años.

Imaginen esta primera década de la niña, que por cierto era monísima: pobreza, abandono, alguna furtiva visita de sus tías y su abuela Ida, soledad, extrañeza...
...Hasta que pudo salir del orfanato y su padre se la llevó con él a Sudamérica, donde vivía con su nueva mujer: Catalina Mezín.
En contra de la literatura al uso, entre la niña y su madrastra hubo muy buena química, pero vivían en un ambiente de digna pobreza, escasa cultura y trabajo a todas horas. La madrastra era asistenta, y en verano, la familia para la que trabajaba, se la llevaba a Mar de Plata (al Sureste de Buenos Aires), con la joven Marcela, que cada año estaba más atractiva y más cerca de una vida sin necesidades ni penurias.
Había allí un chico español, cantante, que había cosechado cierto éxito en Argentina. Se llamaba Luisito Rey. La de él era una historia de miseria y hambre, pero procedente de España y rodeado de su familia. Ambos venían de ambientes paupérrimos, y cataban el lujo con deseo e incluso con ansia.

Él era el tercer hijo de Rafael Gallego Rey y Matilde Sánchez Repiso. Nació el 28 de junio de 1945 en Cádiz, en un ambiente de miseria total, el que dejó la Guerra Civil.
El matrimonio había tenido tres hijos anteriormente: Rafael, José Manuel y Vicente, pero Rafaelito había muerto a los dos años de edad a causa de una meningitis. En 1950 el padre de familia fue incapacitado por una enfermedad del corazón y los Gallego Sánchez estaban atravesando una situación económica muy difícil. Quien los salvó de la quiebra total fue Luisito, con sus dotes artísticas. A los seis años, el niño, acompañado de su guitarra, dio un concierto en la redacción del Diario de Cádiz. Al poco, ganó un concurso de Radio Cádiz en su programa Misión Alegría. Se hacía llamar Luisito Gasán. En cuanto acumularon una discreta fortunilla, se trasladaron a Madrid para impulsar la carrera del niño.

Tras un primer intento fallido de triunfar en Argentina a los nueve años, tuvo que regresar a España ya con doce. Sin embargo, se fue después a Francia para librarse del servicio militar. En esa época, se hacía llamar Luis Miguel en honor a su ídolo, el torero, Luis Miguel Dominguín. Después, decidió probar de nuevo suerte en Argentina, donde esta vez logró alcanzar el éxito, ya como Luisito Rey, gracias a la canción “Frente a una copa de vino", lo que se convertiría en una premonición de su vida conyugal.
Allí estaba Marcela, enamorada del racial gaditano de portentosa voz, fascinada por la riqueza y el cariño que a ella siempre le faltó. Ambos se enamoran de verdad, con ganas, con atracción... y con necesidad de triunfo. Luis Rey, aprende los entresijos de la industria musical; mientras que la bella Marcela se convierte en actriz. Son una pareja compenetrada y en apariencia feliz. La vida de la joven Cenicienta la lleva primero a Puerto Rico, donde su ya marido decide instalarse una temporada para promocionar su trabajo como cantante. Allí nace su primer hijo (en 1970). Ya en México, tendrían otros dos.


Mientras los retoños crecen, la familia Rey Bastieri aumenta también su patrimonio. Y sus fiestas, y sus amigos, y el consumo de alcohol. El primogénito, Luis Miguel muestra facilidad para la interpretación musical y además tiene un físico muy a la moda. Y ahí empieza la grandeza y el declive. El padre, como tantos otros padres de niños muy dotados para la música, ve en su hijo la estrella que él no fue. Y como a Brian Wilson o a Michael Jackson, le explotan durante su juventud.


El padre dirige y ordena, la madre calla. Marcela discute con su marido, pero nunca delante de los niños ni de invitados o amigos. Comienzan a relacionarse con las familias bien de México (allí a los pijos se les llama "fresas"), e incluso Luis consigue que su hijo actúe en la boda de la hija del entonces presidente del país, José López Portillo. La ambición da pronto sus frutos: dinero, fama e insatisfacción. Tras aquello, Luis se trajina a los trabajadores de EMI; y ahí despega una carrera fulgurante, la del cantante Luis Miguel.
Marcela, antaño llena de vida y de carácter, ha ahogado su propia personalidad en alcohol, y probablemente también en cocaína. Está triste, apática, a ratos enfadada e irritable y a veces feliz, mirando a sus hijos, y pensando que les da lo que ella no pudo tener. Conserva un innegable atractivo natural, pero para lo joven que es, está algo estropeada. Pasa por alto los desaires y cambios de humor de su marido; ya no le afectan, le da igual. Va a remolque de los acontecimientos... En público resulta extrovertida, amable e ingeniosa. En privado le cuesta conciliar el sueño y le faltan las fuerzas para tomar una decisión que se plantea cien veces al día, pero nunca lleva a cabo ¿Cómo va a separarse ahora? Su hijo está ganando una auténtica fortuna, las presentaciones y fiestas, son una oportunidad para todos, también para ella... no puede hacer eso, no, no, no.
En 1985, cuando Luis Miguel cuenta con 15 años, gana su primer Grammy (hasta la fecha, tiene 10, un auténtico record). Los Rey Bastieri están borrachos de alegría. Y Marcela de alcohol, drogas, ý pastillas para dormir. A los pocos meses, la prensa se hace eco de la desaparición de Marcela. Nadie dice nada, nadie denuncia, simplemente, Marcela ya no está. Pasan semanas, meses y años. Luis Miguel sigue triunfando, sus conciertos son un delirio Raphaeliano, sus discos superventas y su vida, como la de su familia, un hermético secreto. Tiene que pasar mucho tiempo, para que afloren las teorías más desquiciadas al respecto... Rondan varias por internet y revistas de medio mundo:

1. Marcela fue secuestrada por la Mafia. Enviaron incluso su dedo meñique a la familia, pero no se molestaron en reclamar a la madre y esposa desaparecida.

2. Murió junto a otras 4 personas en un inoportuno tiroteo en Chihuahua, en una fiesta en la mansión de un conocido narco.

3. Tras pedir a su marido el divorcio, éste se negó y Marcela despechada, retornó a Italia, donde vive retirada aunque manteniendo contacto con sus tres hijos, a los que no ha dejado de querer.

4. Eran tan habituales los malos tratos de Luisito Rey, que la actriz acabó con brotes psicóticos y alucinaciones avivados por la cocaína y el alcohol. Se marchita en un psiquiátrico, donde la retiraron para no ensombrecer la carrera de su hijo.

5. En una de las muchas y habituales orgías de sexo y drogas duras, Marcela practicaba una felación a un hombre. Su propio marido se les unió, y cuando hubo acabado, preso de rabia, drogas y locura la mató en la misma piscina del jardín donde se encontraban. Se deshizo del cadaver sin problema.
Sea como fuere, la vida de Marcela apenas despegó. No pudo asumir la situación, o no llegó a encajar aquello que tanto ansió. Su marido y sus hijos nunca han hablado del tema. Ni de ese ni de ningún otro, el cantante preserva su vida privada como si de algo inconfesable se tratara (desde su matrimonio y paternidad, filtra alguna foto a la prensa, pero poco más).




(Estos son la mujer y los hijos de Luis Miguel con kilos de maquillaje y photoshop)


Marcela desapareció y nadie denunció ni se pidió investigación alguna. Se ha especulado con la paternidad del cantante, porque, una vez desaparecida la madre, mafiosos, empresarios y hasta un primo de Lady Di, dicen haber mantenido (continuas y extremas) relaciones sexuales con la desaparecida madre.

Luis Rey murió en 1992 y está enterrado en su Cádiz natal.
La niña del orfanato se convirtió en una celebrity desaparecida, (un nuevo género de famosa que inauguró Ylenia Carrisi) a la que nadie pareció echar de menos. Abandonada al principio y abandonada al fin. Raro, truculento y muy interesante ¿No creen? Vuelvan a sus insípidas vidas, a veces reconforta ser normal.

Lo dice Diana Aller

7 comentarios :

Comida con fibra para perros herniados. dijo...

Quiero esa camiseta de Alemania Federal.

Anónimo dijo...

Qué gente tan chunga ¿No? Luis Miguel es raro raro, ahora lo entiendo un poco.

Lilit dijo...

Respecto al post anterior, me gustaría exponer mi opinión (lo intenté en su momento pero nunca apareció publicado):

Yo tengo una amiga que es totalmente pro-lactancia y ha tenido que luchar mucho contra las corrientes "biberoniles" que siguen muchos pediatras.
No tiene ningún problema en dar de mamar en público, en cualquier sitio y de forma abierta. Pero a veces, le apetece estar en intimidad con su bebé, protegerse de miradas no muy agradables, y no tener que enseñar la tripilla subiéndose la camiseta (que parece una tontería pero no es agradable que te vean las chichas de recién parida). Un pañuelo no es una opción cómoda, se te pega al cuerpo y al bebé, se escurre, y mueve, y no te permite la independencia que te da el cover, que crea un espacio cómodo para los dos.
Es maravilloso ver amamantar a un bebé. No hay nada más bonito y tierno, pero el derecho a hacer lo que nos da la gana sin hacer daño a nadie es también maravilloso. Hay gente que combina las dos (o no, porque no le da la gana que le miren, y punto), y es totalmente lícito. Si una madre elige usarlo no es (en general)porque se sienta obligada por la sociedad, si no porque le da la gana. Normalmente quien se siente presionada para no dar de mamar en público se rebela y no usa uno de esos trapos ni de coña, lo cual implica, igualmente, hacer uso de su derecho a hacer lo que le dé la gana.
Al criticar este tipo de métodos, nosotros que somos tan liberales y naturales, pro-libertades, etc, estamos haciendo todo lo contrario. Nos volvemos tan fundamentalistas como los contrarios. Una cosa sería que se obligara a usarlos, en cuyo caso yo sería la primera en poner el grito en el cielo. Otra muy diferente es que exista esa opción, esté ahí y cada uno haga lo que le dé la gana. A mí me parece genial que lo hayan inventado, para no usarlo ya estamos nosotras con nuestra capacidad de decisión.
Nadie dice, por ejemplo, que los probadores de las tiendas son cubículos-burka, con su cortinita, y que evitan observar la naturalidad y la belleza del cuerpo humano. Están ahí, cumplen su función, y hacen que podamos cambiarnos con comodidad. Los cover evitan que muestres lo que no te da la gana mostrar y que te vea quien te dé la gana: una opción más que puede ser muy práctica.

Gracias.

Anónimo dijo...

Yo creo que Diana tampoco ha obligado a nadie a que no use el trapo ese. Es una crítica a los objetos innecesarios que producen falsas necesidades mercantilistas en las mujeres (como los chupetes); tampoco hay que darle tantas vueltas ;)
HH

Carie Mercier Lafond dijo...

Me ha gustado mucho tu post sobre una gran desconocida, la mamá de Luis Miguel. Es una pena que tuviera una vida tan dura y no pudiera lograr al fin la felicidad y desapareciera sin rastro.

Carie
www.tuasesoriadeimagen.com

Anónimo dijo...

La verdad te felicito por tu investigacion sobre marcela y esas fotos q publicas y la desendencia de marcela no lo e encontrado en ninguna otra pagina de internet te felicito y me gustaria saber el paradero de la mama de luis miguel si en verdad murio o vive saludos.

OSCAR OLIVERA dijo...

Quiero saber si Marcela Basteri, estuvo en Rosario (Argentina) en el año 1969.
Gracias