viernes, 29 de abril de 2011

¿AMOR U OBSESIÓN?

Aunque me queda poco tiempo para menesteres blogueros, me resulta especialmente grato escribir sobre el estimulante culto a la belleza. Me dispongo a hablarles de Antinoo; pero no tengo claro si es amor u obsesión. Me gustaría que usted, avezado lector, juzgara:


Aprovecho la ocasión para ilustrar con este temón incomprendido el asunto que nos ocupa.


Como me consta que ustedes manejan un impresionante acervo cultural, obviaré que el emperador romano Adriano (76/138) gobernó desde 117 a 138, con una formación e intereses que ya quisieran nuestros parcos políticos para sí. Teniendo en cuenta la época (de poco tecnicismo, gran barbarie y ya superado el culmen del pensamiento occidental) Adriano era ecuánime, luchador y también lo suficientemente sensible como para leer y practicar el estoicismo, la corriente de moda en aquel momento y entusiasmarse con la enrevesada literatura griega. Tengamos en cuenta que Adriano era medio hispánico (su madre era de Gades, -Cadiz-), y a su contrastada inteligencia había que añadirle cierta simpatía y asertividad. La belleza fue sin embargo un don negado por el destino al emperador. No se dejen llevar por las representaciones gráficas de la época y posteriores: la idealización de las celebrities se daba ya en la antigua Roma (y seguro que también en la prehistoria).
Adriano era helenófilo: impuso la barba como moda a seguir, condenó la tortura (eran tiempos de esclavitud) y el historiador Edward Gibbon, describe su mandato como “La época más feliz de la historia de la humanidad”.Les recuerdo así mismo que las intrigas, pactos, asesinatos y juegos de poder eran muy tendencia: Adriano era sobrino de Trajano y casose a su vez con una prima suya, por recomendación de su gran valedora, su tía la emperatriz Pompeia Plotina, a la postre astróloga de renombre. Adriano y Trajano tuvieron sus más y sus menos, y parece constatado que en alguna ocasión fue por hermosos efebos a los que uno y otro optaba. Esto a Vibia Sabina, la paciente mujer de Adriano no le hacía mucha gracia, pero tenía asumido que no eran más que caprichos hormonales pasajeros. Esa maldita moda de los pupilos a los que adoctrinar en todos los sentidos, podía llegar a ser todo un engorro. Pero todo cambió un –maravilloso para Adriano y fatídico para Vibia- determinado día. Un día que amaneció como lleva amaneciendo desde que el mundo existe; un día con su sol, sus nubes algodonadas y su noche posterior. Un día que cambiaría el curso de la historia y el patrón escultórico: el día en el que Antinoo apareció en la vida del solícito y solvente emperador Adriano. Se detuvo el tiempo por unas milésimas de segundo; un hecho imperceptible a los sentidos humanos y animales. Los vegetales si percibieron el parón del universo, (que aun hoy padecemos en forma de misterioso retardo) y las rocas calcáreas que enmudecieron todavía más. Antinoo, un adolescente a medio hacer, con un cuerpo perfecto y un rostro tan bello que tenía que doler, atravesó el campo visual de Adriano. El magma de cada volcán del planeta erupcionó levemente, el tono azul del cielo se tiñó de un brillo desconocido y el imperio romano tornó a una nueva dirección.Adriano no tenía ojos para nadie, ni ganas de legislar, ni esperma suficiente como para saciar la incontinente pasión hacia el joven. Antinoo le acompañaba en sus (frecuentísimos) viajes, cazaban juntos y se abrazaban en la oscuridad. Vibia Sabina estaba un poco hasta el coño de la situación, pero nada podía hacer. El epicúreo de su marido, recto y justo, había perdido la cabeza por un quinceañero. Como sabrán ustedes, la pedofilia no tenía las connotaciones perversas de nuestros días: más al contrario se trataba de una conducta aprobada y reconocida, habitual y generosa, de aprendizaje y respeto. Se sabe que aquélla fue una relación breve y tormentosa, una auténtica –y entonces desconocida- montaña rusa de emociones y pasión.





Se sabe también que finalizó el 30 de octubre de 130. Andaba la pareja y su séquito de travesía por el Nilo, y Antinoo terminó sus días engullido por las aguas de aquél río. Para algunos fue un trágico accidente; para otros un supino acto de amor. Se decía que por recomendación de su astrólogo, Antinoo se arrojó a las aguas ante las incrédulas retinas de Adriano para que su suicidio alargara la vida y la calidad de la misma del emperador. Otra teoría apunta a un complot de Vibia Sabina, buscando una reconquista que jamás llegaría..., pobreta.


Hace tanto tiempo que cuesta enterarse de estos chismorreos y saber qué ocurrió exactamente. Pero lo interesante del asunto fue la reacción de Adriano: Dedicó cada uno de sus restantes días a erigir mausoleos, frescos, monedas y sobre todo esculturas al bello Antinoo (que murió con 18 añitos nada más).



Precisamente los parámetros escultóricos se adaptaron a una nueva talla: los maniquíes de Antinoo que se conservan poseen una exquisita proporción, unas curvaturas entre la aritmética y la poesía, y una belleza casi dañina. No contento, Adriano decidió rendir los máximos honores a su difunto amante: Creó Antinópolis, una mezcla imposible entre Marina D´or y Roma para deleite de su enfermizo recuerdo… Y deificó a su Antinoo, un honor sin precedentes entre las dinastías que habían regido el Imperio hasta entonces: Antinoo fue adorado por un pueblo con un emperador… ¿obsesionado o enamorado? ¿Creen ustedes que aquello fue amor o –y ruego disculpen lo grueso de la expresión- encoñamiento?
Tras estas disertaciones, aprovecho este encuentro para narrarles que ando de estreno: Por un lado el reality de Alaska y Mario Vaquerizo para MTV (el 11 de Mayo, no se lo pierdan), y por otro la reactivación de la revista Madriz, que pasa a ser mensual y que mañana se presenta por todo lo alto; y sí, la de la portada soy yo (y ya les contaré algún día en qué pensaba al posar).
Ya en sus kioskos:


Lo dice Diana Aller

7 comentarios :

tpt dijo...

Era encoñamiento.

Sales fatal en la portada.

Anónimo dijo...

Ay, pensé que era la única a quien le gustaba la canción de obsesión!!! Pues mi opinión: Era amor de verdad, y me encantas de monja!
HH

Loquehayqueaguantar dijo...

Pues ellos sabrán la verdad, en realidad creo que poca gente es capaz de diferenciar entre amor o encoñamiento.
Por el amor se trabaja, mucho.
El encoñamiento ni dura tanto ni merece la pena el esfuerzo.

Martes dijo...

¡Te han sacado una mano feísima! Ugh

Por lo demás, genial la historia de Antinoo. Mola cuando te pones culta.

Anónimo dijo...

La mano que te sale en la foto parece el brazo incorrupto de Santa Teresa.

niñomonton dijo...

Buen blog!, repasa reglas de por qué y porqué... porque parece que hay confusión

Anónimo dijo...

Vestida de monja me pones más palote de lo habitual