lunes, 20 de diciembre de 2010

HISTORIA DE UN HORROR: CHLOE LATANZZI

A mí particularmente me encanta vivir en un sistema consumista, y de vez en cuando me gusta alienarme un poco. Creo que la gran responsabilidad de los adultos es mostrar un mundo asimilable, aprender a aceptar ciertas cosas y también a luchar por otras. Debemos hacer individuos fuertes, motivados y felices... Por eso me molesta sobremanera cuando gente (poco cualificada generalmente) arremete contra el consumo, así en general. O cuando alguien dice que regalar un objeto material a un niño es malcriarlo. O cuando alguien muy digno asegura que comprar una prenda de ropa cara es una atrocidad.
En el primer caso he de decir que vivimos -nos guste o no- en una economía de mercado, basada en el consumo, donde tenemos que equilibrar oferta, demanda e incentivar el consumo, es decir: crear empleo. Y esto va en beneficio de todos, porque el dinero se mueve. A mi el sistema capitalista me parece una puta mierda, pero o bien se ataca con sus propias armas, o bien se acepta luchando. Pero el inmovilismo sólo lo empeora. (Ahora que no hay dinero, hay que gastar. Cuando se tiene, hay que ahorrar).

En el segundo caso, entiendo que no se debe sucumbir a todo lo que pidan los infantes, pero tampoco el decir "no" educa por si mismo. Argumentemos con la verdad, y demos opciones para elegir. En el mundo que se nos viene encima, más vale estar preparado para el consumo responsable, que sucumbir a la negación o represión instintiva del "ser" a través del "tener".

Y en el último caso: comprar algo caro, si lo vale (algo a dilucidar por el sujeto) es muchas veces la única forma de promover un comercio justo, donde todos los agentes que han intervenido, han pasado sus controles y sus cosas; y todos han cobrado su seguridad social, impuestos y lo que fuere...
Dicho esto, el devorador y cruento sistema capitalista se cobra sus víctimas con los más débiles, con aquellos que hacen uso de su libertad en pro de sí mismos, produciendo el efecto contrario al que buscan: Generalmente la aceptación social.

Chloe Lattanzi es el penoso ejemplo de toda esta palabrería probablemente innecesaria. Sobre todo si les muestro una imagen, a la que le sobra todo artificio léxico. Ésta:
Esta es Chloe a la edad de 21 años, caminando con su madre y luciendo un cuerpo entre desagradable y asqueroso.

En estas imágenes se estaba recuperando de su anorexia. Chloe, tiene dinero, pero es evidente que autoestima poca. Era normal. Perfectamente normal, tan normal como cualquier otra/o. Pero un irrefrenable deseo de significarse es evidente que la ha hecho desgraciada, amén de una fistra con difícil solución. Su físico a día de hoy provoca núseas ¿Cómo se puede hacer tan mal uso de la cirugía estética?

Su madre es la gran Olivia Newton John, que ha pasado lo suyo también: A parte de que no hizo gran cosa después de Grease, desapareció su novio en circunstancias extrañas. Desconozco en qué términos ha transcurrido la educación de la retoña, pero ha cambiado su fisionomía y a peor de forma dramática. Leo con estupor que comparte cirujano plástico con su madre, pero lo que en su progenitora son labores de mantenimiento, en la joven son un auténtico estropicio. Vean el resultado:

Solo me puedo hacer una pregunta, que, a buen seguro no tiene respuesta: ¿Por qué?

No entiendo como alguien puede desgraciarse así por propia voluntad. Y lo que es peor, las últimas noticias sobre Chloe, tampoco son demasiado halagüeñas: Por un lado se ha visto a la muchacha embriagada hasta arriba en clubes de streaptease, algo que con 24 añitos no es necesario en modo alguno. No juzgo negativamente, al contrario, me intriga un poco y encuentro que puede ser divertido si no fuera una conducta reiterada, como parece ser. Pero a esto hay que añadir que Lattanzi ha participado (o participará, no me queda muy claro) en un reality show musical que ha creado MTV. El programa, llamado Rock the cradle, es tipo Operación Triunfo. Además de Chloe, participan la hija del guitarrista de Eagles, Joe Walsh, los tres hijos de Kenny Logginsd y la del rockero Eddie Money... Una cosa seguro que divertida de ver, pero con un penoso trasfondo: el ansia de reconocimiento, el hambre de admiración. Precisamente lo que persigue la joven Chloe, una víctima de la salvaje mercadotecnia en la que vivimos.

Supongo que Olivia Newton John sufrirá lo suyo; pero yo tengo una hija así, y no sé qué haría. Lo primero comprarle una careta, porque ya me dirán...


Lo dice Diana Aller

7 comentarios :

Anónimo dijo...

(Ahora que no hay dinero, hay que gastar. Cuando se tiene, hay que ahorrar).
Eso es lo que piensan los socialistas que gobiernan este país, y mira lo que han hecho! un auntentico desastre...
Y entre ellos personas no cualificadas, tituladas ni preparadas ni muchisimo menos para gobernar un pais, un gobierno compuesto de paletos enchufados con la banda ancha.

Esa es mi opinión y gracias a quien corresponda el de muchisimos españoles más...ya les queda menos a éstos paletos incompetentes.

Saludos
María

Anónimo dijo...

lets get physical!

Mònica Escudero dijo...

Ostia puta, parece que alguien con poca práctica en Photoshop le haya puesto la cara de otra persona, qué cosica. Se parece bastante a la Mujer Gato, pero con muchísimos años menos, claro.

Anónimo dijo...

Esta tipa da ascopena. Yo soy muy de gastar, si no estuviera aquí encerrada todo el día... mostol

Lady Cola dijo...

No estoy del todo de acuerdo contigo. El gasto innecesario que se hace en fechas como éstas en que tienes que comprar cualquier chorrada deprisa y corriendo a un familiar o, incluso peor, a un semidesconocido del curro para el amigo invisible es muy patético. Es decir, que no sólo es una puta tortura (¿a quién le gusta echarse a la calle a última hora desesperado por econtrar una estupidez para alguien a quien no le regalarías nada si fuera por voluntad propia?) sino que, sin saberlo, con cada una de nuestras elecciones mercantiles, estamos escogiendo quien nos gobernará. Y esque, dejémonos de tonterias, las votaciones al parlamento sólo sirven para escoger las marionetas de quien realmente mueve el cotarro mundial: las grandes empresas.
En fin, que yo no estoy en contra de gastar, porque ¿a quién le amarga un dulce? pero creo que al menos tendríamos que racionalizar y mesurar un poco el acto en sí, para tener al menos una ínfima parte del poder de decisión a la hora de escoger qué multinacionales nos van a gobernar. En plan: cada compra, un voto.
A mí me gustaría pensar que soy incapaz de comprar algo de una gran compañía que, sin ni siquiera tener el pudor de esconderlo, explota niños en la fabricación de sus productos, o incapaz de hacer un regalo que no me haya salido del alma y del corazón, o de comprarme un vestido de 400 euros porque me sentiría fatal sabiendo que otra persona se muere de hambre o no tiene ni eso para pagar el alquiler. Pero bueno, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra...
¡Ala! ya me he quedado a gusto. Soltado el parrafón, me voy a comprar algo a mi amigo invisible.

álex martí dijo...

En peores plazas hemos toreao.

Lector asiduo dijo...

Es lo mejor que he leído en mucho tiempo. Felicidades, en serio.

Si eres una niña, tener una madre que esté más buena que tú es una putada y es algo que provoca trastornos irrefrenables en la psique de cualquier hija: Chloe Latanzzi, Chaz/Chastity (el hijo trans de Cher) y Liza Minelli son sólo ejemplos de una extensa lista que deberías analizar.