domingo, 10 de enero de 2010

LA CAMPANA Y EL POTRO

Me dispongo a comenzar una nueva serie de artículos, de temática tan apasionante como dura. Espero, no malgasten su tiempo ni energía en arremeter contra ellos. Les dejo ya claro como las camisetas de mi amiga Araceli, claro como un cielo veraniego en Madrid, y claro como la palabra del buen orador... que es el horror el que me impulsa a escribir sobre la tortura.
Aquéllo que nos aterra, nos "mueve", nos repele... (En mi caso la tradición taurina, Leonor Watling o los monologuistas) de tan repudiable que resulta, nos atrae.
Si unimos a esta aversión, a ese insano morbo animal que todos tenemos por las pulsiones más universales (violencia y sexo) encontramos dignas de interés las torturas.

Una tortura es un daño o sufrimiento al que se somete voluntariamente a otro para obligarlo a aceptar alguna cosa contraria a sus creencias o derechos, o bien como forma de castigo.

La mayoría se "adaptan" a conveniencia del torturador para infligir más dolor y para prolongarse en el tiempo. La mayoría suponen una paciencia estoica, puesto que implican alimentar y "mantener" al torturado, a veces durante muchos años.
Existen dos hitos sobreexpuestos de continuo en la literatura y estudios sobre el tema:
-Las torturas medievales.
-Las torturas orientales.

De las primeras, hoy me detendré en "La Campana", muy usada en la Inquisición, y con variables distintas según época y situación georáfica. Consistía en inmovilizar a un sujeto y colocarle una campana encima, de tal forma que su cabeza ejercía de badajo. La "gracia" es que no existe el contacto físico, ya que el torturador (que a veces eran varios, a veces todo el pueblo) iba dando golpes con un martillo o mazo en la campana. La primera secuela era que reventaban los tímpanos, algo extremadamente doloroso (e incómodo, claro). Las ondas sonoras se percibían de forma tan brutal (y repetida) por dentro, que los ojos, literalmente estallaban, salíendose de sus cuencas, y ya en una fase más avanzada se acababan agrietando los huesos del cráneo.


Antes de adentrarme en el fascinante mundo de las torturas orientales, quiero resaltar que las milenarias culturas del Oriente se han caracterizado siempre por sus refinadas técnicas de relajación y paz espiritual, pero también por su crueldad a la hora de decidir cómo matar. Son pueblos que fundamentan su saber en la paciencia, con lo bueno y malo que eso conlleva. Si una décima parte de la la energía, presupuesto y sobre todo imaginación destinada a hacer el mal se hubiera desviado hacia el bien, viviríamos en un paraíso terrenal.


Chinos y japoneses sienten cierta aversión por la sangre, por eso sus métodos de tortura son "limpios". Vean sino el simpático y peculiar "potro" (Este es el nombre castellanizado): una suerte de camilla en la que se ataba al reo por muñecas, tobillos y cuello. Cada día se estiraba un pelín más, muy poco a poco, consiguiendo que se disloquen los miembros y que el cuerpo crezca hasta 15 centímetros. Esta tortura (que también tiene su correspondiente en La Inquisición) se solía combinar con alguna otra cosilla, como la constante humedad para acelerar la podredumbre del cuerpo. Se podría aguantar así a la víctima incluso años.
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Lo dice Diana Aller

9 comentarios :

Javi dijo...

Siempre he tenido una especial fascinación por los métodos de tortura. No me digas por qué. Hoy mismo estaba viendo "El coloso de Rodas" (me encantan las peliculas de Romanos) y en una escena a un griego le sometían a esa tortura. En pantalla queda muy suave para lo que es en realidad.

Si me permites el consejo sería de agradecer que deleitaras al público con detalles sobre los efectos de las torturas. Esto no lo digo por morbo, si no para ver de la manera más naturalista posible el estrago que causa hasta la más leve de ellas.

La verdad es que este tema te pega, la verdad, y esto lo digo sin acritud alguna. :-)

El potro, como tu dices, más que un tortura en si se solía combinar con otras.

Mi tortura favorita es..., cuando la pongas te lo diré.

Anónimo dijo...

Pierre Basile era un joven que mato a Ricardo Corazon de un disparo de ballesta frente a un castillo sitiado. Antes de morir, Ricardo le perdono la vida, pero en cuanto el rey estiro la pata Mercadier, el jefe de sus mercenarios y su brazo derecho, ordeno que despellejaran vivo a Basile. Eran otros tiempos.

Anónimo dijo...

Me rio yo de las torturas orientales: y si no, que le pregunten al tio que intento asesinar a Luis XV...

Anónimo dijo...

en la vieja europa no tenemos nada que envidiarle a los chinos. una popular tortura medieval era colgar a un fulano por los pies y cortarlo en dos con una sierra. en esa epoca no habia motosierras ni mariconadas, asi que tardaba lo suyo en palmarla, entre otras cosas porque la sangre le bajaba a la cabeza. el metodo se le aplicaba a asesinos, ladrones, violadores y otras gentes de mal vivir. asi era la edad media, aquel tiempo fascinante de nobles caballeros, bellas damas y heroicas gestas.

Anónimo dijo...

pero hoy en dia se han concebido torturas aun peores, como atar a un tio a una silla, mantenerle los parpados abiertos, y hacerle ver durante diez horas seguidas un video de entrevistas a espido freire.

Anónimo dijo...

en algunas antiguas republicas sovieticas se aplicaban variantes mas sofisticadas y crueles de la tortura de la silla y los videos. en tayikistan, para hacer cantar a un detenido, bastaba con hacerle ver unos minutos de la ultima pelicula de david trueba, pero el kremlin acabo prohibiendo ese metodo por considerarlo inhumano. en otras zonas de la union sovietica, en vez de una peli del trueba obligaban al reo a leer una novela de ray loriga, pero siempre la palmaba en las primeras paginas y no llegaba a confesar nada. este sistema fue felizmente exportado a china, cuando la cupula del partido considero que la muerte de los mil cortes empezaba a quedarse anticuada frente a las nuevas tecnologias.

rai dijo...

¿si humedeces constantemente el cuerpo de alguien (vivo, intuyo)se pudre? ¿seguro?

antucho barbosa dijo...

Hola Diana

Me horrorizó bastante el prólogo de Rousseau que descubrí por casualidad en el libro "De los delitos y las penas" de Beccaria. Describe un caso real de la inquisición y sus motivos corruptos.

Joaquín Aldeguer dijo...

Casualmente tengo entre manos un proyecto de ilustración y poesía con este interesante tema como eje central... qué cosas.
Ya te contaré. :)