jueves, 10 de septiembre de 2009

CRIANDO TERRORISTAS

No grito a mis hijos y les dispenso sonrisas y abrazos a todas horas. También es cierto que les digo que no a muchas de sus peticiones. A veces incluso me convencen y termino diciendo "si"; no creo que haya nada malo en demostrar a un niño que en ocasiones "gana" o convence, o se sale con la suya, o que yo no tengo razón. He comprobado que ésa es la verdadera autoridad: acatan un "no" como respuesta y asumen que no siempre llegamos a un acuerdo.
Les copio el comienzo de "Bésame mucho" el libro de Carlos González que debería ser de obligada lectura antes siquiera de engendrar.

... Y si mis hijos terminan siendo unos terroristas, sus razones tendrán; a veces yo fantaseo con dinamitar esta sociedad ¡A saber cómo será el mundo en 20 años!, pero no creo que el odio se origine en el contacto físico, el afecto y el juego. (Y sí, soy de esas locas que todavía le brinda algún "chupito" de leche materna a su hijo de 3 años, que no les impone un horario para comer o dormir y que a menudo comparte cama con su progenie...)

Para unos, el niño es tierno, frágil, desvalido, cariñoso, inocente, y necesita nuestra atención y nuestros cuidados para convertirse en un adulto encantador. Para otros, el niño es egoísta, malvado, hostil, cruel, calculador, manipulador, y sólo si doblegamos desde el principio su voluntad y le imponemos una rígida disciplina podremos apartarlo del vicio y convertirlo en un hombre de provecho.

Estas dos visiones antagónicas de la infancia impregnan nuestra cultura desde hace siglos. Aparecen en los consejos de parientes y vecinos, y también en las obras de pediatras, educadores y filósofos.

Los padres jóvenes e inexpertos, público habitual de los libros de puericultura (con el segundo hijo sueles tener menos fe en los expertos y menos tiempo para leer), pueden encontrar obras de las dos tendencias: libros sobre cómo tratar a los niños con cariño o sobre cómo aplastarlos. Los últimos, por desgracia, son mucho más abundantes, y por eso me he decidido a escribir éste, un libro en defensa de los niños.

La orientación de un libro, o de un profesional, raramente es explícita. En la solapa del libro tendría que decir claramente: «Este libro parte de la base de que los niños necesitan nuestra atención», o bien: «En este libro asumimos que los niños nos toman el pelo a la más mínima oportunidad.»

Lo mismo deberían explicar los pediatras y psicólogos en la primera visita. Así, la gente sería consciente de las distintas orientaciones, y podría comparar y elegir el libro o el profesional que mejor se adapta a sus propias creencias. Consultar a un pediatra sin saber si es partidario del cariño o de la disciplina es tan absurdo como consultar a un sacerdote sin saber si es católico o budista, o leer un libro de economía sin saber si el autor es capitalista o comunista.

Porque de creencias se trata, y no de ciencia.

Aunque a lo largo de este libro intentaré dar argumentos a favor de mis opiniones, hay que reconocer que, en último término, las ideas sobre el cuidado de los hijos, como las ideas políticas o religiosas, dependen de una convicción personal más que de un argumento racional.
En la práctica, muchos expertos, profesionales y padres ni siquiera son conscientes de que existen estas dos tendencias, y no se han parado a pensar cuál es la suya. Los padres leen libros con orientaciones totalmente diferentes, incluso incompatibles, se los creen todos e intentan llevarlos a la práctica simultáneamente. Muchos autores les ahorran el trabajo, pues ya escriben directamente híbridos contra natura. Son los que te dicen que tomar al niño en brazos es buenísimo, pero que nunca lo cojas cuando llora porque se acostumbra; que la leche materna es el más maravilloso alimento, pero que a partir de los seis meses ya no alimenta; que los malos tratos a los niños constituyen un gravísimo problema y un atentado a los derechos humanos, pero que un cachete a tiempo hace maravillas... Vamos, «libertad dentro de un orden».

Veamos un ejemplo clásico, en la obra del pedagogo Pedro de Alcántara García, que escribía hace casi un siglo, citando al filósofo Kant:

Tan perjudicial puede ser la represión constante y exagerada, como la complacencia continua y extremosa. Kant nos ha dejado dicho a este respecto: «No debe quebrantarse la voluntad de los niños, sino dirigirla de tal modo que sepa ceder a los obstáculos naturales —los padres se equivocan ordinariamente rehusando a sus hijos todo lo que les piden. Es absurdo negarles sin razón lo que esperan de la bondad de sus padres—. Más, de otra parte, se perjudica a los niños haciendo cuanto quieren; sin duda que de este modo se impide que manifiesten su mal humor, pero también se hacen más exigentes.» La voluntad se educa, pues, ejercitándola y restringiéndola, por el ejercicio y la represión, positiva y negativamente.

En conjunto, estos párrafos parecen bastante razonables, y bastante favorables al niño (aunque la palabra «represión» hoy en día chirría un poco, ¿verdad? Seguimos reprimiendo a los niños, pero preferimos decir que los formamos, encauzamos o educamos). Todo depende de qué se considere una «complacencia extremosa». No hay que negarles cosas sin razón, pero si un niño se va a tirar por la ventana, desde luego que no se lo hemos de permitir. Todos de acuerdo. Pero, ¿por qué precisamente al hablar de los niños hay que acordarse de esas limitaciones? Tampoco permitiríamos que se tirase por la ventana un adulto, ya sea nuestro padre o nuestro hermano, nuestra esposa o nuestro marido, nuestra jefa o nuestra empleada.

Pero eso es tan lógico que, al hablar de personas adultas, no creemos necesario hacer la aclaración. Sustituya en los párrafos anteriores al hijo por la esposa:

«En la vida conyugal, tan perjudicial puede ser la represión constante y exagerada, como la complacencia continua y extremosa. Se perjudica a las mujeres haciendo cuanto quieren; sin duda que de este modo se impide que manifiesten su mal humor, pero también se hacen más exigentes.»

En dos frases las ha llamado exigentes y malhumoradas. ¿A que da rabia?Durante siglos, la mujer ha estado «naturalmente» sometida al marido, y se escribían frases similares sin que nadie se escandalizase. Hoy nadie se atrevería a hablar así de las mujeres, pero todavía nos parece normal hacerlo de los niños.

Pensará algún lector que estoy cogiendo las cosas muy por los pelos, que tampoco es para tanto, que estoy sacando de contexto las frases de Pedro de Alcántara y que él en realidad era muy respetuoso con los niños. Pero es que aquello no era más que el principio. Unas pocas páginas más adelante leemos:
Para contener estos impulsos y evitar la formación de semejantes hábitos, precisa oponer resistencia a los deseos de los niños, contrariar sus caprichos, no dejarles hacer todo lo que quieran ni estar con ellos tan solícitos como suelen estar muchos padres a sus menores indicaciones.

Aquí ya no estamos hablando de impedir que el niño juegue con una pistola, pegue a otro niño o rompa un jarrón, estamos hablando de no dejarle hacer lo que quiere «porque sí», por el puro placer de contrariarle, cuando acaba de decir que «Es absurdo negarles sin razón lo que esperan». Parece que ni el autor ni sus lectores se daban cuenta de que había una contradicción.

Mucha gente se siente atraída por estas posiciones indefinidas, por el «sí, pero...» y por el «no, aunque...», pues está muy extendida en nuestra sociedad la idea de que los extremos son malos y en el medio está la virtud. Pero no es así, al menos no en todos los casos. La virtud está, muchas veces, en un extremo.

Un par de ejemplos en los que quiero creer que todos mis lectores coincidirán: la policía jamás debe torturar a un detenido, el marido jamás debe golpear a su esposa. ¿Le parece que estos «jamases» resultan demasiado extremistas, tal vez fanáticos? ¿Debería adoptar una postura intermedia, más conciliadora y comprensiva, como torturar poquito y sólo a asesinos y terroristas, o pegar a la esposa sólo cuando ha sido infiel? Rotundamente no. Pues bien, del mismo modo, no estoy dispuesto a aceptar que «un cachete a tiempo» sea otra cosa que malos tratos, ni conozco ningún motivo por el que haya que hacer caso a los niños de día pero no de noche.

El libro que tiene usted en sus manos no busca el «justo medio», sino que toma claro partido. Este libro parte de la base de que los niños son esencialmente buenos, de que sus necesidades afectivas son importantes y de que los padres les debemos cariño, respeto y atención. Quienes no estén de acuerdo con estas premisas, quienes prefieran creer que su hijo es un «pequeño monstruo» y busquen trucos para meterlo en vereda, encontrarán (por desgracia, pienso yo) otros muchos libros más acordes con sus creencias.

Este libro está a favor de los hijos, pero no debe pensarse por ello que está en contra de los padres, pues precisamente sólo en la teoría del «niño malo» existe ese enfrentamiento. Quienes atacan al niño parecen creer que así defienden a los padres («un horario rígido para que tú tengas libertad, límites para que no te tome el pelo, disciplina para que te respete, dejarlo solo para que puedas tener tu propia intimidad...»); pero se equivocan, porque en realidad padres e hijos están en el mismo bando. A la larga, los que creen en la maldad de los niños acaban atacando también a los padres: «No tenéis voluntad, lo estáis malcriando, no seguís las normas, sois débiles...» Pues la tendencia natural de los padres es la de creer que sus hijos son buenos, y tratarlos con cariño.

Lo dice Diana Aller

20 comentarios :

devuelta dijo...

Completamente de acuerdo.
Gracias por la recomendación.
un beso

Anónimo dijo...

“TAMBIÉN ES CIERTO QUE LES DIGO QUE NO A MUCHAS DE SUS PETICIONES.” PERFECTO. AUNQUE NO TE GUSTE LA EXPRESIÓN, a eso se le llama “poner límites”.

El niño comprende así que no es el jefe, que no puede ser el tirano absoluto, que no es el centro del mundo, que existen otros deseos además de los suyos, que debe acatar lo que le dicen sus padres. También otras veces, como bien dices, tú puedes hacer lo que quiera el niño, darle la razón si la tiene y aumentar su confianza y autoestima. Sin llegar a que la autoestima se convierta en ese arrogante desprecio que tanto abunda hoy en muchos adolescentes. Y también mucho amor como les das, besos y abrazos nunca sobran, para que se sienta feliz, querido y seguro. Y sobre dormir con el niño como tú haces (los japoneses lo hacen hasta los 8 años, creo) o darle el pecho, pues creo que es bueno.

Y si haces lo que dices, no terminarán siendo terroristas. “Si mis hijos terminan siendo unos terroristas, sus razones tendrán”. No hablamos de terroristas políticos, aleccionados normalmente por sus propias madres. Yo defino como terrorista al ser humano tirano, sin empatía, maltratador de sus compañeros más débiles, de sus padres, de sus profesores…

El problema actual (que existe y es grave), surge de padres que creen que consintiendo todo y no poniendo límites, los niños les van a querer mas. Además de no darles suficiente cariño, tampoco tienen autoridad. El niño no tiene referencias. Un desastre. Un niño amargado. Cuando al niño no le pones límites cree que no te preocupas por él, que te da igual lo que le pase, que no le quieres. Y se amarga, y exige más y más sometimiento para que siempre se haga su voluntad (como cualquier maltratador). Y en verdad es así en tantos casos que conozco: padres muy muy cómodos y débiles. Resultado: niños hijos de puta. Maltratadores en potencia. El superficial hijo de puta que se queda tan fresco (pues a él no le ha dolido), cuando quema a una indigente, pega a un profesor, amenaza a un policía o a un taxista (como vi ayer)…

En general el ser humano desde que tiene meses tiende al abuso. Es la naturaleza. Con tu pareja pasa igual que con un hijo, deben existir reglas para que quede claro que todos somos iguales, tenemos iguales derechos y obligaciones y no puede uno sólo cargar con todo.

En fin, sería tan simple como conseguir un ser humano que comprenda lo que es la EMPATÍA. Vaya, que entienda que cuando le pega a su madre, como veo a muchos críos, a su madre le duele. Que entienda que cuando maltrata a un profesor, como tantos que conozco, o lo insulta, o interrumpe la clase levantándose, riéndose, formando bronca, hablando continuamente (para reclamar su acostumbrado “yo soy el rey del universo”) está molestando a todos y faltando al respeto.

Y por supuesto, que deje de pensar que el estado mas perfecto de la naturaleza es el de adolescente-joven (algo a lo que ayuda la publicidad y la pobre imagen de padres y profesores). Este supuesto les lleva a una arrogancia inusitada y desconocida hasta épocas muy recientes. Que entiendan que les queda mucho por aprender. Que entiendan que los adultos no son seres aburridos, débiles y despreciables. ¿Para qué si no querrán crecer? Que comprenda y disfrute el esfuerzo, que sienta las cosas se consiguen con ilusión, y no todo te viene dado.

Y vaya, si el niño mete horquillas en los enchufes como yo hacía, se va a comer una colilla o va a cruzar la calle sin mirar, creo que uno puede gritarle, retenga líquidos o no, da igual. Lo que no puede es gritarle todo el día como una posesa sin ton ni son, como algunas amigas mías, sin criterio definido. Por eso sus hijos son histéricos, hiperactivos y agresivos.

C.

amonino dijo...

lo siento c. pero diana nunca, nunca, nunca debió reconocer que era superfan tuya, lo intento pero mi única neurona se abotarga y no paso del primer párrafo en tus últimos comentarios. mea culpa, por supuesto ;-P

y de los niños no opino, porque digas lo que digas al final seguro que te tienes que comer tus palabras.

carlosmondovega dijo...

Un post de Diana Aller a partir de un comentario mio... todo un honor...

Anónimo dijo...

Pues a mí me ha encantado el comentario de "C", estoy totalmente de acuerdo. Más que con la entrada de este blog.

No sé, no entiendo eso de ser un padre "de libro"... las cosas son mucho más sencillas. A veces hay que decir que sí, otras hay que decir que no. Cuando un niño hace algo mal, es egoísta o caprichoso está bastante claro, no son situaciones de gran complejidad moral.

Las formas a la hora de tratar al niño ya van en la educación que tenga el padre... y a esas alturas ya no hay libro que pueda corregirle si es un garrulo.

Besos y abrazos? Pues déjate llevar y dáselos cuando lo sientas!

Qué te va a decir un libro? Quédate con lo bueno que te dieron tus padres e intenta mejorar o cambiar lo malo.

Y "amónino", estás castigado... Que cada uno sea fan de quien quiera y no de quién deba según tu criterio!

Anónimo dijo...

Yo también soy Carlosgonzalista. Hasta que no tienes hijos, no lo comprendes. No es cuestión de seguir una doctrina, sino tu instinto, tu corazón. Y lo curioso es que funciona. A ver si en lugar de tanto libro de Estivil se empiezan a regalar libros de C. G... Dejar de ver a los niños como enemigos a batir, como estorbos... tratarlos con dignidad. Sin límites, sin peros... yo también soy integrista del cariño!
Dbr.

Anónimo dijo...

Y que tendrá que ver, digo yo, la crianza natural y el apego con la falta de autoridad y que tus hijos te tomen el pelo.

Para poder criar a un hijo con amor, sin gritos, explicándole las cosas, estando a su lado, poniéndote a su nivel, necesitas mucho tiempo y mucha paciencia.

Cuando son las 5 de la mañana, llevas despierto desde las 2 y tu hijo no quiere dormirse, es mucho más fácil ponerse tapones en los oídos y dejarlo llorar que estar con él dándoles mimos, cantándole e intentando que se duerma. No por recurrir a soluciones más drásticas son más fáciles de llevar a cabo.

Le puedes dar amor y enseñarle lo que está bien y lo que está mal al mismo tiempo, una cosa no es incompatible con la otra.

Por cierto mi hija tiene 9 meses y también la doy el pecho.

Harry Sonfór dijo...

¿Pero dónde puedo comprar ese difraz de esqueleto para perro?

rai dijo...

HAGAS LO QUE HAGAS LA VAS A CAGAR

No hay respuesta correcta, puedes educar a tus hijos de una manera u otra, y te puede salir bien o mal (sea cual sea tu idea de bien y mal), es una tómbola. Sencillamente, hay demasiadas cosas fuera del CONTROL de los padres que van a influir en la formación de la personalidad de los hijos.
Si aceptas que vas a tener que hacer cosas con tus hijos que tus padres hicieron contigo y no te gustaron, seguro que te lo tomas con más calma.
Lo de decir que no a todo por sistema tiene más que ver con la personalidad de uno mismo que con la paternidad. Esto se ve mucho en gente que tiene cierto poder/autoridad sobre los demás en el trabajo: profesores, jefes,...

y una cita para acabar:
LOS NIÑOS DEL MAÑANA, VAYA HIJOS DE PUTA.
:D

Tanto indie va a volvernos gilipollas dijo...

Si no le pones regla alguna el niño no saldra terrorista, saldra consentido, gilipollas y seguramente, si su constitucion fisica se lo permite, abuson.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con rai: tal y como está el panorama, dentro de diez años esto va a parecer La naranja mecánica.

Anónimo dijo...

Sí, yo opino igual, los niños de ahora dan mucho miedo... Los hijos de mis amigas con menos de 4 años les dan a los padres unas ostias que flipas! y se les rien. Luego ellas les dan besos...Bueno son mimados hasta decir basta. Tienen mil regalos carísimos, hasta PC! Yo creo que tampoco hace falta tanto...etc. Y la tendencia es esta a darles todo todo, a cambio de otras carencias tipo, tiempo, dedicación, etc. Luego cuando les ven se desviven excesivamente...
Pero creo que yo también seré así...

Anónimo dijo...

demagogia barata el post. no sólo hay dos extremos, hay puntos intermedios. cariño, amor, reglas, normas, mimos, besos, límites...
Luis

Miguel Álvaro dijo...

A los niños hay que ponerles limites. Por su propio bien. Llevo dedicado a la enseñanza casi 15 años y los niños que han cecido sin límites se convierten (todos, sin excepción, esto no es una estadística) en adolescentes caprichosos, sin voluntad y que fracasan en el colegio porque no han aprendido a doblegar su voluntad. En otras palabras: nadie les ha dado un mal rato en su vida.
Pero poner límites no significa hacerles la vida imposible ni decirles no a todo. Los límites deben ser pocos pero muy claros: los niños se callan cuando dos adultos hablan, no se escupe la comida, no se debe pegar a nadie, hay que decir gracias y por favor, hay que ser puntal, no se habla con la boca llena, hay que respetar las cosas de los demás... los que sean, pero muy claritos.
El secreto de educar es precisamente poner los límites justos y ser muy firme en ellos.
Y tener claro que hay cosas que no se negocian.

Anónimo dijo...

Muy de acuerdo con Luis y Miguel Álvaro. Yo estoy harta de que a pedagogos que parecen traumatizados por un pasado feroz, y sin muchas luces como éste que citas se les de la mas mínima credibilidad. Todo su texto es falso y manipulado.

CREO COMO TÚ QUE ESTE ES EL LIBRO QUE TODOS LOS FUTUROS PADRES DEBERÍAN LEER, para saber qué no hacer. Para conocer los errores tópicos de la vieja pedagogía progre-cutre que generó muchos de los actuales padres débiles y confusos y algunos de los niños tiranos que hoy padecemos, que fracasan en el ámbito escolar y vital.

ALGUNOS EJEMPLOS DE LA SUCIA MANIPULACIÓN DE ESTE SEÑOR:

1. Dice: “Consultar a un pediatra sin saber si es partidario del cariño o de la disciplina”

Ah, coño, que son incompatibles el cariño y la disciplina para él. LA TÍPICA POLARIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN que tan nefastos resultados ha traído. De estos polvos vienen los lodos de los malos tratos que llevan años sufriendo muchos profesores y ahora también policías como los de Pozuelo.

3. Dice: “libros sobre cómo TRATAR A LOS NIÑOS CON CARIÑO o sobre CÓMO APLASTARLOS. Los últimos, por desgracia, son mucho más abundantes, y por eso me he decidido a escribir éste, un libro en defensa de los niños.”

Ah, coño, que el tal Carlos González es el super-héroe defensor de los niños, y el que trata de imponer alguna disciplina es un aplasta-niños, un asesino en serie. A ver, yo me quiero a mi mismo y me impongo alguna disciplina, el trabajo, la comida, el horario… sino sería todo un desastre.

2. Dice: “La orientación de un libro, o de un profesional, raramente es explícita. En la solapa del libro tendría que decir claramente: «Este libro parte de la base de que los niños necesitan nuestra atención», o bien: «En este libro asumimos que los niños nos toman el pelo a la más mínima oportunidad.»”

Sus 2 extremos son: “necesitan nuestra atención” (algo bueno e indiscutible) con “nos toman el pelo a la mas mínima oportunidad” (un trocito de media verdad con una gran falsedad). La realidad es que el niño necesita nuestra atención, pero no perpetua, porque en ese caso se creerá el centro del mundo y entonces SÍ QUE NOS TOMARÁ EL PELO. Porque todos los seres buscan maximixizar su bienestar y beneficio. Monos, chimpancés, niños y adultos.

3. Dice: “está muy extendida en nuestra sociedad la idea de que los extremos son malos y en el medio está la virtud. Pero no es así, al menos no en todos los casos. La virtud está, muchas veces, en un extremo.”

En tu extremo, claro, viviendo de la pedagogía barata basada en eliminar de un plumazo la antigua educación, en lugar de corregir sus excesos pero conservando algunas de sus ventajas. Eso quizá era mucho pensar, mucho trabajo, mucho análisis. ¿Eres tú, Carlos González, un desecho social? ¿No, verdad? ¿Entonces por qué desterrar todo aquello que te hizo llegar a ser lo que eres?

4. Dice: “nuestra jefa o nuestra empleada”.

Jaja, vamos a feminizar todos los términos que así quedo tope moderno, tolerante y guay. Anda ya, a otro progre viejo o a algún inocente padre treintañero con ese hueso. Ya no sigo que el hombre no merece más.

C.

Anónimo dijo...

PADRES DE AHORA: que el niño sea feliz hoy, y que me quiera. ¿Su futuro? ¿Darle herramientas y disciplina para que enfrente la vida y sus fracasos? Eso no es importante.
PADRES DE ANTES: que el niño se sitúe bien en el futuro, darle herramientas y disciplina para que enfrente la vida y sus fracasos. ¿Qué sea feliz, que me quiera? Eso no es importante.

C.

Anónimo dijo...

¡Como se nota que C. no tiene hijos! ¿A que no? Verás, precisamente estas hordas de niñatos consentidos son los que han crecido al abrigo de ese mézclum de disciplina y cariño, ese "supernanny" imposible de premio-castigo. Y al final das la batalla por perdida, o, como la mayoría de los padres, eres incapaz de reconocer tu fracaso. Porque Carlos González es de ahora, recogiendo las teorías de antes: el colecho, la lactancia, la piel con piel... Las mamarrachadas de "escuchar a los hijos" (que, por otro lado, es tan obvio que sólo decirlo hiere) "poner ciertos límites" o "autoridad con cariño" es cómo han sido educados los vándalos de las Rozas. Los padres de ahora están perdidos, porque los referentes son absolutamente imposibles. Los niños no son tan fáciles de manejar y te hacen perder los estribos... No, C. y demás... Lo que Carlos Gonzalez (y muchos otros) propone, es mera creencia, acorde con tu educación. Lo curioso es que este "método" (si lo pudiéramos llamar así) funciona. Recomiendo la lectura del libro en cuestión, y no sólo de estos párrafos, pero -y aquí estoy en desacuerdo con Diana- cuando se han tenido hijos; y tal vez tras comprobar que todos esos "manuales" de cómo hacerse con el niño, todas las recomendaciones externas y nuestras íntimas creencias terminan en frustración.

Carmen, madre de Lara (10), Daniel (5) y Sergio (3)

Anónimo dijo...

Carmen, las conozco bien, te lo aseguro. Esas “hordas de niñatos” NO han sido educadas en “ese mézclum de disciplina y cariño”. Esas hordas han sido educadas en un cariño muy limitado, no verás a tantos padres abrazar y besar al niño con frecuencia. Amor ilimitado e incondicional no han tenido, te lo aseguro. Por otra parte, disciplina o límites razonados tampoco han tenido. Gritos a ratos, prohibiciones que varían, permisos que dependen de cuánto estén cansados mamá o papá, que por no oirte te dejan al final salirte siempre con la tuya (acostarte a la hora que quieres, no hacer deberes, no comer lo que te conviene, ver ilimitadas horas de tv o videojuegos, comprarte mil cosas que no te hacen falta… y después darte todo el dinero que quieras, llegar a la hora que quieras, vomitar borracho todos los días que quieras, suspender lo que quieras...)

Me dices: ¡Cómo se nota que no tienes hijos!
¡Cómo se nota Carmen que tú no tienes como tantos que manejar una clase llena de adolescente consentidos por sus papás y abuelos, respaldados en todo su vandalismo por el Centro y por sus padres! Cómo se nota que no conoces de cerca profesores derrotados que antes desarrollaban su profesión con gusto y hoy detestan ir a una clase donde no pueden enseñar, donde son ninguneados por niños que hablan, comen, gritan, se levantan, y hacen lo que les sale de la punta del pie en cada instante, tal y como sus padres les consienten desde que se levantan, padres EGOÍSTAS, que se dedican sólo a no tener problemas, que faltan al respeto al profesor defendiendo a un hijo cuyo comportamiento FUERA DE CASA NO CONOCEN NI ADMITEN.

Esos padres están incumpliendo, yo consideraría dejadez de funciones y por tanto perjuicio al menor, a aquel padre que no sabe educar en el respeto a los demás y en la disciplina personal y el esfuerzo que se requiere para adquirir una mínima formación.

AMOR Y DISCIPLINA VAN JUNTOS. Amor sin límites, dormir juntos, mucho cariño, besos y piel con piel. Eso es imprescindible, pero no basta. El padre que no impone unos límites y una disciplina en la vida de su hijo NO LO QUIERE, lo maleduca, lo condena. Es lo mas duro, esforzado y difícil, hacer que comprenda los límites, que son las necesidades de los otros, que la gente, vida y la sociedad no se adaptan a ti (como hacen con “amor” esos padres, adaptarse a toda necesidad del niño), sino que tú tienes que adaptarte al mundo y respetarlo.

C.

Anónimo dijo...

¿Es el blog de Diana ó de C.? Creo que me he equivocado de enlace...

Trujas

Anónimo dijo...

En esta entrada, por la cuenta que me trae, he esrito mas que Diana. De lo que hagan estos padres de hoy dependerá la salud mental de todos aquellos que los sufrirán mañana en primaria, secundaria y universidad. Por lo que más quieran, que hagan algo ya que la cosa está francamente MAL.

C.