sábado, 1 de agosto de 2009

FIESTAS BONITAS, INVITADOS ALEGRES

A mi novio le gustan las banderas, Alfonso XII, los sintetizadores, la geografía, o las novelas setenteras. Entiende sin embargo que a mí todo eso me importe poco tirando a nada, por eso acostumbra a regalarme libros de los que me interesan: sobre mujeres, feminismo y teoría femenina. Temas que le dan igual, supongo que porque cree ajenos a su vida.
Es curioso cómo hay momentos históricos en los que conviven, en una insoportable tensión, antagónicas teorías sobre las féminas.


En "La mística de la feminidad" de Betty Friedan (todo un premio Pulitzer) se analizan las terroríficas consecuencias de "la vuelta al hogar" de las norteamericanas en los años 60. Mujeres con estudios e inteligencia, que van estrechando sus intereses en pos de ser la perfecta ama de casa. La que no terminaba enloquecida por su voluntario sometimiento, acababa alcohólica perdida, o idiotizada a fuerza de culpabilizarse de cada "imperfección" de su supuestamente adorable familia.

Estoy convencida de que el estereotipo imperante ahora es mucho más férreo e inalcanzable. Además debemos ser sexualmente deseables (delgadas, con tetas y un poco putas) y económicamente rentables (que no "autosuficientes").

Como no conozco ninguna mujer de mi edad que no haya tomado un ansiolítico, siento cierta libertad para transcribir un texto, de los años 60, que se me antoja incluso codiciable.

Se trata del paradigma contrario al de Betty Friedan; no en vano, pertenece a la "Enciclopedia del Hogar para ella 1967". Este tipo de agendas y manuales de ayuda a la perfecta ama de casa, a pesar de propugnar un modelo sexista y exclavista, me encantan: el lenguaje, las fotos... son el summun de la inocencia.


El texto se titula "FIESTAS BONITAS, INVITADOS ALEGRES":

La vida social es cosa de la mujer. Ella sabe perfectamente a quién recibir en su casa, incluyendo a los superiores y a los colegas de trabajo de su marido. Ella sabe, o debería saberlo, quién congenia con quién y quiénes no se avienen. Ella elige los platos fríos o calientes, hace las compras y discute los problemas económicos y gastronómicos cuando es preciso solicitar los servicios de un afamado restaurante en las ocasiones solemnes que así lo requieren. Ella se ocupa de las flores, pone la mesa, prepara los canapés para las reuniones íntimas, guisa o instruye a la cocinera. Ella es la responsable de que en el último minuto no aparezca una mancha de vino tinto olvidada en la única mantelería de damasco o de que no alcancen para todos la vajilla o los cubiertos. Ella cambia de pies a cabeza toda una habitación de la casa, si es necesario, adaptándola al fin particular de la invitación prevista.

Y por último ha de cuidar que estén impecables el traje oscuro y la camisa blanca del esposo, así como los vestidos apropiados de sus hijas y el suyo propio. Consultará a su marid sobre los gastos necesarios o al menos le informará por adelantado, caso de que él no quiera entrar en detalles. El señor de la casa se ocupará de las bebidas y de los cigarrillos, como exige la tradición. Sus obligaciones consisten en servir el vino blanco frío sin estar helado, el vino tinto, templado, y en ofrecer cigarrillos de buena calidad. Pero en la actualidad son muchas mujeres que entienden tanto de bebidas alcohólicas coo los hombres, si no más. Si usted pertenece a este grupo de mujeres, disimule un poco. Muchos hombres no reconocen la igualdad de derechos de la mujer en este terreno.

Al leer (y transcribir) este edulcorado texto, siento una imposible añoranza difícil de explicar. Me apetece no tener que preocuparme por hipotecas o sueldos, sinó discutir el menú de mi próxima fiesta con el restaurante afamado e instruir a la cocinera. Me gustaría apañarme con una sola mantelería de damasco, ocuparme de la camisa y el traje de mi pareja; y por supuesto, ser una experta en alcohol, y disimularlo.

Por suerte mi novio me regala libros que me hacen despertar y adormecerme en el sueño femenino una y otra vez, y por suerte, mañana organizo una fiesta (una de mis actividades favoritas) que nada tiene que ver con la descrita en la "Enciclopedia del hogar para ella 1967":

Lo dice Diana Aller

8 comentarios :

Anónimo dijo...

Qué guay lo de disimular que te mola el alcohol. Me lo voy a plantear. (Precioso cartel africano, qué apetecible la BBQ!)
Ana H.H

Blue dijo...

Aún no he acabado de leer el post, pero tenia que decir que: yo soy mujer, de tu edad, y nunca he tomado un ansilítico. Ya conoces a una de oidas. Y hay muchas más. Sigo leyendo...

Blue dijo...

ansiolítico, que me comí la o. Interesante post, Diana.

Anónimo dijo...

Por el cartel, más que una BBQ parece un safari...

Carmen G H dijo...

Esta misma tarde he leído un párrafo que me ha hecho gracia, de la novela (escrita por una mujer) que me ocupa estos días:

"Irina confiaba en él. Por otra parte, si en teoría creía que las mujeres modernas debían ser independientes y tener carácter y todas esas cosas, la verdad era que la pasividad de antaño podía ser un lujo. Renunciar por completo a toda responsabilidad era algo tan atractivo como dormir, y el éxtasis de rendirse ayudaba a explicar por qué, una vez al año, durante quince minutos, Irina se enamoraba de su dentista. Si el activo placer de dejarse llevar e invitar era una costumbre en vías de extinción, tanto más embriagadora resultaba, por retrógrada."

No bajemos la guardia, esta iniciativa ("¿paso la mopa o barro?") calcada de la Sección Femenina:

http://www.proyectogenia.org/

está en curso, y financiada por la junta de Andalucía. Vigilad a vuestras hijas...

Joaquín Aldeguer dijo...

Normal que no tengas algunos gustos en común con tu novio, cualquiera sabe que Alfonso XIII mola mil veces más que su padre.

amonino dijo...

el que sí que mola es el príncipe de zamunda, está invitado a tu fiesta???????

aurelia dijo...

yo tampoco lo he acabado de leer, tengo un año menos que tu y nunca he tomado un ansiolitico, aunque confieso que en mas de una ocasión me hubiera gustado.
por cierto ¿has encontrado trabajo ya?

un saludin,