miércoles, 11 de febrero de 2009

¿NECROFILIA O ROMANTICISMO?

Suponemos muchas historias necrófilas anteriores a la que voy a relatar. Sin embargo es ésta la que más hondo ha calado a lo largo de la historia de esta incomprendida práctica.
La necrofilia, tal y como se desprende de su griega sintaxis viene a ser el amor a los muertos. Eso sí, hemos de entender por "filia" deseo, o si lo prefieren, un amor sexual.

El secundario de esta historia (100% real) se llamaba Carl Tanzler o Carl von Cosel (utilizó distintos nombres a lo largo de su gótica existencia). Internet está llena de referencias a este señor; así que no me acusen de que sea ésta mi fuente y no la tradición oral de mi familia o mi parca sapiencia.
Este buen hombre, germano de nacimiento -hecho que debió acontecer en torno a 1920- estudió medicina y llevó una existencia relativamente normal. O eso creían los demás, porque al parecer, le perseguían unas clarísimas visiones de una antepasada suya ya fallecida; la condesa Anna Constantia von Cosel, que le revelaría el rostro del gran amor de su vida: una exótica mujer de cabellos negros. Un pequeño impedimento le alejaba por ahora de este desconocido amor: Tanzler estaba casado y tenía 2 hijas, así que, continuó con su vida esperando que su gran amor llegara. Con la Primera guerra mundial emigró a Australia, y de allí a Estados Unidos, donde se estableció en distintos lugares hasta fijar su residencia en Cayo Hueso, Florida. Su mujer e hijas no le siguieron en todo este periplo, sino que se quedaron en otro lugar.

Tanzler ejercía en el Marine Hospital, como un médico respetado y solvente. El 22 de abril de 1930, apareció allí una mujer con su hija María Elena Milagro (1910-1931) una muchacha bellísima que iba a hacerse un chequeo.

Tanzler inmediatamente reconoció en ella a "la mujer de cabellos negros" que le había sido revelada por su antepasada en sus visiones juveniles. Maria Elena estaba casada (con un tal Luis Mesa), pero éste la había abandonado después de haber tenido un aborto.

La pobre señorita Hoyos (señora de Mesa) padecía en realidad una horrible tuberculosis. Tanzler hizo lo imposible por tratar a su amada, que se iba consumiendo poco a poco. Probaba todos los tratamientos posibles, ensayaba medicinas, aplicaba rayosX e incluso avanzados equipos eléctricos que fueron llevados hasta la misma casa de Elena.
Tanzler cuidó a Elena con tesón. Le prodigaba cuidados, mimos, regalos, joyas y ropas, y le llegó a declarar su amor profeso, aunque no existe evidencia de que sus afectos fueran consumados... Mientras Hoyos vivía.

El 25 de Octubre de 1931, Maria Elena moría de tuberculosis en la casa de sus padres. A partir de aquí, empieza la parte "trúculis" de la historia: Tanzler pagó los gastos funerarios, y obtuvo el permiso de la familia Hoyos para la construcción de un mausoleo en el Cementerio de Cayo Hueso, que, con una finalidad desconocida, él visitaba cada noche. En abril de 1933 Tanzler dio un paso mas allá: Desenterró el cuerpo de Hoyos del mausoleo y lo transportó a su casa en una pequeña carretilla de juguete.

Allí, con el mismo cuidado que le prodigó en vida, Tanzler fue uniendo los huesos de su amada con alambre y ganchos para ropa. Habían pasado dos años desde la muerte de la joven, así que, estaba del todo descompuesta. El amante-doctor llenó las cuencas vacías con ojos de vidrio. Como la piel del cuerpo se encontraba en un avanzado estado de putrefacción, Tanzler lo reemplazó por tela de seda empapada en yeso de París de primera calidad. Cuando el pelo comenzó a caerse del cráneo por descomposición del inerte cuero cabelludo, Tanzler resolvió utilizar una peluca que Hoyos ya había usado en vida y que su madre le había facilitado poco después de su funeral.

Además, tuvo que llenar la cavidad abdominal y el pecho con harapos para que mantuviera la forma original y el cuerpo de Maria Elena, ataviado con medias, joyas y guantes, fue colocado en la cama del radiologista.

Al parecer, utilizo copiosas cantidades de perfumes, desinfectantes y agentes preservadores de tejidos para enmascarar el olor y retrasar los efectos de la descomposición del cadáver.

Imaginen lo grotesco de la situación: los restos de la señorita Hoyos, recosidos años después, podridos... y dando felicidad a quien de verdad la amaba.

Durante 7 años se fue consumando esta asimétrica historia de amor. Tanzler, obsesionado con su amada, fue descuidando su secreto, y comenzaron a circular habladurías al respecto.

La propia hermana de la muerta se decidió a comprobar si los raros chismes que circulaban sobre el doctor eran ciertos.
No se sabe a ciencia cierta qué vio exactamente la buena mujer, pero es fácil imaginar que algo no habitual o moral a ojos de la mayoría. Por supuesto denunció al necrófilo que fue detenido por profanación y encerrado a la espera de juicio.
Como era de suponer, se montó un importante revuelo mediático. Lo sorprendente, es que muchos apoyaban, perdonaban y entendían al doctor, que para ellos encarnaba el romanticismo llevado a extremo. Recordemos que Edgar Allan Poe al morir pocos años después, destaparía un gótico romanticismo que ya se encontraba latente en la sociedad norteamericana de la época.

Las leyes determinaron que el delito de profanación ya había prescrito, por lo que el enamorado no pudo ser juzgado.

Finalmente el cuerpo de Hoyos fue devuelto al cementerio de Cayo Hueso en donde permanece en una sepultura incógnita, en una locación secreta a fin de evitar nuevas profanaciones.

Posteriores investigaciones, determinaron que si existió práctica de necrofilia: al parecer Tanzler había construído un conducto cilíndrico que insertó en el cuerpo de Elena. No hay constatación real de todo esto. De hecho, otras fuentes aseguraban que era "un tubo" de papel lo que había sido insertado en el área vaginal del cadáver con el fin de permitir el cobijo sexual.

La esposa de Tanzler le cuidó hasta la muerte. Pero el amor del doctor fue siempre para la bella Maria Elena Hoyos.
El 3 de julio de 1952, fue encontrado muerto, abrazado a una efigie de cera de tamaño natural de su amada.
Lo dice Diana Aller

14 comentarios :

Javi dijo...

Habría que redefinir la palabra -"hasta que la muerte nos separe", en la ceremonia del matrimonio. De todas formas habría que discernir entre necrofilia y negar la muerte. El caso del que hablas no es necrofilia ya que ésta la entiendo la atracción hacia los cadáveres. El que usara perfumes para el olor y mantuviera el cuerpo lo mas parecido a uno vivo quiere decir que el placer no lo obtenía por estar con un fallecido. Él amaba a esa mujer y no la abandono ni muerta, pero eso es distinto a la necrofilia.

sarandºnga dijo...

Hola diana, solo quiero felicitarte por lo de meteosat, el otro dia estuve viendo el concierto en radio 3 en youtube, y es lo mas aconjonante que he visto en mi vida!!! (estoy casi seguro que eres tu la de la derecha). Increible, no he visto nada igual, me flipo con la introduccion al tema de bakalas y con tu baile final en el suelo. Me flipo.

Gracias a nacho escolar me entere de toda la historia, estuve viendo y descargando discos y temas (lease canciones) de la banda (lease grupo) y tal. Espero que no me denuncies a la SGAE. No sabia nada, y eso que he leido bastante el blog como puedes ver.

http://lafonoteca.net/grupos/meteosat

Te pongo el enlace para que conozcas la historia de vosotros mismos (estuviste con todos los del grupo!!??, yo que tu los denunciaba por injurias), por si no lo conoces. La verdad no os ponen mal, no te quejaras.

El post ni lo he leido, solo estaba deseando ser el primero en comentar para que te enteraras del asunto "fonoteca", pero sobre todo para daros animo a que volvais y hagais conciertos o algo (y si es en SEVILLA o en el CONTEMPOPRANEA mejor). Y ahora que a nacho lo han echado joder a ver si os animais no???

Saludos, ya hay pocos grupos como vosotros, y pocas tias como tu.

PD: soy ruben, un estudiante de arquitectura extremeño en sevilla, creo que nunca habia comentado en el blog. Y estoy a estas horas por motivos de trabajo, en fin.

Anónimo dijo...

arghhhh! aqui huele a muerto. Ni que fuera viernes 13. Feliz dia de los enamorados, si lo estas; que yo pienso que si, y ademas de dos jovenzuelos. ;-P
ecda

Anónimo dijo...

Yo no niego que Tanzler sintiera amor verdadero, pero bien no debía estar este hombre.
Me sorprendes siempre, Diana. Ojalá tuviera una novia como tú.

karen dijo...

¡¿enamorada de dos jovenzuelos?!
¡¡cual es el otro!!

carlota. dijo...

Te dejé antes un comentario , no se si habrá llegado , porque me salía error , si te ha llegado , pues borras éste.
Te decía que , con un muerto , pues como que no, que me da asco , grima y de todo... , además siempre sontíos a quíen les va ese royo , nunca he sabído de una tía que le guste montárselo con un muerto (se supone que sabemos por qué). Este tío en concreto no debía estar nada bien , es calcado al de psicosis...

Saludos.

Aitana dijo...

Romanticismo, es mi voto.

Anónimo dijo...

Eso de sapiencia parca...¿No será un juego de palabras de ultratumba, verdad? Si es así, ¡Entonces dejarte un mensaje en el blog es como hacer la ouija!
Jaja, es broma, eres una tía muy viva!
Me quedo con Romanticismo.
Saludos,
Birrólogo.

lavidaexagerada dijo...

A mi parecer este hombre se queda a medio camino.
Como necrófilo no pasa de tercera, con lo de los potingues y las vendas.
Como romántico tampoco, pues bien es sabido que la idealización del ser amado hace que deba ser aceptado como es (con sus putrefacciones incluidas).
Y, joder Diana, en los mensajes ya te piden hasta "para salir".

Demóstenes dijo...

Bufff... qué historia más chunga. Cuesta pensar que haya gente así... cierto es que resulta romántico, perturbadoramente romántico.
La verdad que parece un relato de principios del siglo XX

Campini dijo...

Eres tremenda. Me ha gustado mucho la entrada. Y que asquillo, oye.

ASQUEADA dijo...

ABERRACION Y ASCO

http://perlasensangretadas.podomatic.com/ dijo...

Me imagino tu voz

Yago dijo...

Me imagino tu pelo ondeando ante la suave brisa que asciende por las escaleras mecánicas de la estación de Cuatro Caminos un domingo por la mañana.