jueves, 19 de febrero de 2009



Hago el segundo pis del día, me lavo las manos como Pilatos y me dispongo a preparar mi arroz








La verdad es que acabo un poco hasta el coño de ir marcando mi código en cada puerta, como si esto fuera una prisión de máxima seguridad de Kazajistán. Son pequeños inconvenientes de las cosas que marchan. La verdad, me gusta mi trabajo y me gusta trabajar. Creo que soy una privilegiada.



En la cocina (vacía) me dispongo a deconstruir un arroz rebosante de conservante.




































Mientras mi receta "se hace" releo los mensajitos que cuelgan en los muebles de la cocina.




Parece mentira que trabaje en un programa de cocina. Soy una completa inutil entre fogones. Me llevo mi comida a mi sitio y como frente al ordenador.




Resulta triste, ya lo sé. Pero es la única forma de rentabilizar el tiempo. Cuanto antes acabe, antes puedo irme.













Me cruzo con Bárbara y Gabi, que se van de cástig a Badajoz.
















Como junto a AnaJ y Laín, que trabajan incansables.






Dejo el plato junto a la impresora y me sumerjo en mi guión, como si fuese un digno aspirante al Nadal.








No están nada mal los fritos estos al estilo Will Smith.








Llega Nerea Cobos, compañera además de una de mis mejores amigas. Es muy graciosa, tiene una risa contagiosa y sincera y su valía; es inversamente proporcional a su peso.





Trabajamos toda la tarde.












Consulto fotocasa, facebook... por la tarde me distraigo con facilidad, aunque nunca he dejado mi trabajo sin hacer.






Los restos de mi comida me empiezan a dar asco. Es hora de merendar y me repele la visión del plato sucio.







¡¡¡He terminado mi guión!!! Creo que es un síndrome muy habitual en televisión: Me siento culpable de emprender la vuelta a casa. Tengo mi trabajo acabado, y además le he puesto cariño... Y me persigue la sensación de que hago mal si abandono. Son las 19.00.Teniendo en cuenta que llego una hora antes que nadie y que invierto 10 minutos en comer, creo que no está mal. Pero al ser la primera en abandonar, siento que traiciono a mis compañeros.



Sin embargo ellos me despiden con alegría.










Espero que no les quede mucho trabajo y que no se sientan culpables... Son todos muy majos. Es difícil dar con un equipo tan solvente y trabajador.



Este cartel, representa de pronto la felicidad.



Me despido de Juan












Y me encuentro con Cristo, la productora del programa, que, al verme haciendo fotos, posa feliz bajo el letrero de "Salida", sin miedo a que la defina.




Se me acelera el pulso. Me emociono en el momento de salir, y más hoy que aun es de día, y soy feliz. Asquerosa y absolutamente feliz.



Cojo el ascensor:

















El callejón sin salida se convierte entonces en un oasis de libertad.

Me subo al 174 en sentido contrario al de antes.
Intento cambiar las pilas a la cámara, contesto llamadas del trabajo. Me toca solucionar unos absurdos problemillas con 3 llamadas...
















Y de nuevo me encuentro en Pza de Castilla, que tiene otro color, otra luz. De hecho, parece otra ciudad.







Me gustan las Torres Kío. Son desafiantes, chungas, faraónicas...





Y de nuevo, me zambullo en el Metro.







Está en obras y tiene una pinta deplorable.
En el vagón viajan estos chicos del Este sentados en el suelo. Me siento feliz, inmensa, fuerte... Escucho música: Hoy toca Los Flechazos.












Un paseo me separa de mi hogar. Camino por el clásico paisaje capitalino, cuajado de obras absurdas y aceras rotas.




Miro el escaparate del Isolee. No me gusta especialmente. Corro por la calle, acelerada, expectante.






Por fin, la puerta de mi casa.




Janeth me abre solícita.






Y aquí comienza mi vida. No soy Diana Aller; ni Diana siquiera. Soy mamá. Y además, no quiero ser otra cosa. Mis hijos me dan miles de besos que saben a recompensa. Es el mejor momento del día, sin duda. Estoy con ellos en semanas alternas, y me parece la situación ideal: para ellos y para mi.



Polo mira la tele, hipnotizado.










Janeth recoge y se marcha. Ha dejado todo limpio y recogido. Incluso mi cama perfectamente hecha.












Lucas me pide agua. Se la doy. Se pone a scratchear con un tocadiscos que (no sé si erróneamente) dejé a su altura.












Les convenzo para salir un rato. Les pongo los abrigos, cojo el carrito de la compra, y marchamos los tres a la calle.












Lucas va sentado sobre el carro de la compra. Lleva una espada. A mis hijos hay dos cosas que les aobsesionan por encima de todo: las espadas y las tortugas ninja.


Voy al cajero y saco dinero.












Al pasar por el parque, me suplican quedarse un rato. De acuerdo.



Juegan con los niños que hay por ahí. Creo que son los únicos netamente españoles.

Hay tres hermanos muy exóticos. El pequeño juega con mi carro. Le pido permiso a la madre para hacerle una foto. Me cuenta su vida: tiene 26 años y su hijo mayor 8. Su marido es un jovenzuelo totalmente integrado en un grupo de lo más racial que bebe cerveza. Algunos camtan, la mayoría charla, otros bailan, y no lo hacen mal.




Cuando veo que un chico (que también bebe cerveza) reclama a una niña le pregunto si es su hija y me responde que no, que es su nieta. Tiene rasgos asiáticos y se arremolina con media docena de compatriotas que beben tocan la guitarra y hablan un idioma que desconozco y que en mi ignorancia, identifico como tagalo o algo parecido.

8 comentarios :

Esquizofrénico dijo...

Un día resumido en 25 toques a la rueda de mi ratón. Es lo más parecido a Tu vida contigo.

koper dijo...

ke post mas aburrido y tedioso...y ke paciencia para redactarlo!

eres una santa.

Anónimo dijo...

Te digo,

es un post cojonudo. Es muy interesante y muy valioso, la radiografía de un día, da mucho que pensar. Además y de algún modo que no comprendo, tiene una alta carga artística, no sé cómo pero sucede.
Y sospecho que a ti te va a gustar tenerlo en el futuro, ahí guardado.

Un saludo

Anónimo dijo...

VIVA EL COLECHO!!!

Martetxu dijo...

Oye, Diana. Yo miro el programa y jamás de los jamases me hubiéra imaginado que necesitase tanto personal de redaccion, guionistas, etc. Pensaba que era espontáneo y improvisado.
Pero me gusta.
Que hay que hacer para ser guionista? Yo pensaba que te tenia que gustar la lectura, pero veo que no.

Anónimo dijo...

Hay gente que se indigna cuando uno saca fotos de sus hijos o cuenta su vida privada a cambio e pasta... tu cuentas hasta los traumas de sus pobres hijos y solo te falta sacar fotos suyas cagando Imagino que no les has preguntado si quieren que enseñes sus fotos y cuentes sus intimidades a todo el mundo, no? pues deberías

krollian dijo...

En casa al programa de marras le llamamos Ven a potar conmigo. Con perdón. Y es que hace tiempo que se ponen muy bordes con las puntuaciones y no se molestan en valorar el esfuerzo gastronómico ajeno. Que la cena no se hace sola ¡rediós!
Felicidades por tu entrada.

Hans dijo...

Cualquier día en que escuches Los Flechazos está bien.