viernes, 21 de noviembre de 2008

UN TROZO DE MI VIDA Y MI DESTINO

Por manido y evidente, obviaré el juicio de que las cosas pequeñas son las que dotan de sentido a la existencia.
A mi, la vida de los demás me importa bastante poco; por eso a veces, cuando me la cuentan, pienso "¿Este sujeto es incapaz de ver que sus intereses son sólo suyos?"
No me gusta la gente que no sabe conversar, que lleva a su terreno un diálogo estéril que deviene en árido monólogo plagado de triunfos personales. (Como haber vivido en Boston, por ejemplo)
De interesarme algo del prójimo, serían los fracasos, a todas luces más divertidos y con los que es más fácil identificarse.
No entiendo esos blogs, que me he encontrado en alguna ocasión, que narran las gestas personales como si fueran acciones de superhéroes: Vidas fútiles a más no poder, expuestas impúdicamente para, imagino, encontrar el público reconocimiento del que en su interior no disfrutan.
Suelen ser andanzas eminentemente sociales, del tipo: "Ayer quedé con A, que llevaba una chaqueta preciosa. Y le dije "Cómo me gusta tu chaqueta", y me contestó que se la regaló B . Fuimos al XXX, y allí nos encontramos con C, que también es dj"... (La referencia "dj" se puede cambiar por "publicista", o "músico", o el gremio en el que el bloguero/a quiera fardar).
Tratan de ser andanzas grandilocuentes, donde el narrador es protagonista y cronista de algo apasionante. No soporto a este tipo de gentes de insípidas biografías, lo siento. Sin embargo, la belleza de las acciones pequeñas, y el saber disfrutar lo que en apariencia es insignificante... Eso es un deleite reservado a sólo una parte de los humanos.
En este mismo momento, por ejemplo, estoy en el metro, llegando a mi destino, el Alcampo de Pío XII, donde me dispongo a ejecutar la mundana y placentera tarea de la compra. La culpa de que yo esté en este instante aquí, contándoles todo esto es David Bustamante.
Estas pequeñas acciones que tejen silenciosas nuestro destino son las que determinan a la postre nuestra vida entera. Tal vez, si yo no estuviera camino al Alcampo de Pío XII para hacer mi mundana y placentera compra, habría vuelto a casa por el camino acostumbrado, con los cascos conectados a mi móvil dorado, anestesiada por alguna de las 11 canciones que copan su escasa memoria... Y tal vez, no vería ni escucharía al Renault gris que me aplastaría impiamente causando mi muerte.
En ese caso, tal vez David Bustamente me haya salvado la vida, no lo sé... Les explico: Trabajo en televisión, en un programa diario, donde mi labor, aunque entretenida desde fuera, me resulta lamentablemente tediosa.
Hoy iba a irrumpir mi rutina la preparación de un programa especial, de cara a las entrañables fiestas que en nada se nos echan encima. En él, participarían unos cuantos famosos, entre ellos, David Bustamente, que, finalmente (no sé si él, su representante o quién) ha declinado la navideña propuesta. Así que mi día, laboralmente hablando, se ha vaciado del todo. He aprovechado el tiempo, la conexión a internet y mi reposo neuronal, para escribir las entradas que puede ver bajo ésta que está usted leyendo.
Como hasta mañana no podré gestionar las grabaciones de la semana próxima, me he ido, calma y despejada de la redacción en la que trabajo. Me he despedido con alegría de mis compañeros, a los que, por cierto, cada día admiro más; trabajan con un tesón y profesionalidad admirable; dignifican esta depauperada profesión en la que andamos todos metidos; son, al fin y al cabo, unos auténticos cracks (O, en su argot "Un uno como una casa").
Feliz como una perdiz, me he enchufado mis cascos y he bajado por la calle Oña hasta el metro ligero, que tomo cada día, y que todavía no he encontrado dónde está su ligereza: es lento y pesado, pero he desarrollado un vínculo de apego, muy parecido al aprecio hacia él. Si fuera una persona, creo que me caería bien, por absurdo y rudo.
He ido sentada, leyendo el libro que me ha regalado mi hermana, que si no fuera por tanta referencia oriental, me encantaría: El libro, no mi hermana (que, que yo recuerde, es bien occidental). La una se llama Isabel y el otro "La elegancia del erizo".
Me ha sacado de mi letargo literario-musical la visión de una chapita en una mochila. Rezaba un slogan político en inglés; y al lado, una segunda chapa, mostraba sobre un fondo rosa un conejito blanco y ponía "Ladyfest 2008". Rápidamente, he buscado la complicidad visual con la portadora de la chapita. El ladyfest en absoluto representa mis ideales politico-culturales-feministas, pero en la hostilidad del metro ligero, he buscado en esta chica algún atisbo de complicidad. Era una mezcla entre Felipe González y un oso panda. Ella hablaba con otra amiga y ni se ha percatado de mi presencia. Yo hoy no voy vestida como para comulgar con los sectores más concienciados del ladyfest: llevo pendientes y pulseras de perlas, abrigo casi de novicia, marrón y largo, y zapatos de tacón. Definitivamente, la empatía entre la chica voluminosa y achinada y yo, va a ser imposible, así que he hundido los ojos en mi lectura y he dispersado mi concentración entre el libro y la música.
Al llegar a Pinar de Chamartín, y mientras he preparado el abono-transporte en la cola previa al torno de acceso al metro, he pensado qué hacer con mi vida.
Hoy no he trabajado, tengo la mente fresca y joven, como si mi materia gris fuera petit suisse de fresa: Es la situación idónea para pasarme por el Alcampo, y comprar las cosas que no hay en el Día al que acudo normalmente a por mi compra semanal. Al introducir el cupón del mes de noviembre por el torno, ha sonado en mis diminutos auriculares una de mis canciones de esta temporada, con una contundente caja de ritmos como comienzo. Ha sido el pistoletazo de salida para lanzarme a la compra, llena de energía, y emocionada tal vez, por intuir que así estoy esquivando mi muerte.
Toda esta sucesión de hechos insignificantes, son de vital importancia, y en esta horquilla escasa de tiempo, mi vida ha tomado unos derroteros que marcarán mi destino tal vez para siempre. Lo importante no creo que sea lo que he hecho (Me temo que no soy nada "guay" en ese sentido), sino cómo esta pequeña sucesión narrativa ha determinado mi destino. Ahí lo tienen: tal vez Bustamente me haya salvado la vida. Nunca podré saberlo.
Les dejo, que me espera una sucesión de hechos insignificantes, como hacer una mundana y placentera compra en el Alcampo.
Así que, por manido y evidente, obviaré el juicio de que las cosas pequeñas son las que dotan de sentido la existencia. Gracias por acompañarme en mis elucubraciones.

Supongo que como a ustedes las suyas, a mi, mi vida me resulta apasionante.
Estos de aquí son mis hijos. A saber qué les depara el destino...


Lo dice Diana Aller

20 comentarios :

Anónimo dijo...

Genial Diana, un placer acompañarte. Es verdad que da igual lo que te cuenten. Lo que mola es cómo te lo cuenten...

Anónimo dijo...

Y ahora que digo... porque me quedo parado ante esta porcion de pantalla que se me da para poder expresar mi comentario que aunque termine con las cuatro palabras de siempre sigue siendo anonimo. Me ha gustado este texto... y pienso decir que existe una cara b que lleva por titulo "las cosas mas pequeñas", que curiosamente termina diciendo, las cosas mas pequeñas nos han hecho llegar hasta aqui. Y aqui me hallo yo. Divagando en el trabajo, me muestro confuso en mi foro interno y me veo fuera de lugar, mas leyendo los cuatro primeros parrafos de este texto donde casi me veo reflejado, conforme voy leyendo se va difuminando la idea de que sea una indirecta, primero no tengo ni blog, ni myspace, ni facebook, fotolog ni nada de eso... (aunque deberia, al menos como desahogo) y segundo por mucho que escriba no puedo ser objeto de protagonismo en tus palabras, existen mil millones de temas en la vida mas interesantes que comentar. El destino; ...creo en el, ciegamente pero lo hago porque se que todo esta escrito, porque da lo mismo lo que hagas al final ocurrira lo que tu te empeñes que no ocurra y no ocurrira lo que uno quiere que lo haga. Es tan vasto la cantidad de caminos a seguir que uno puede escoger, que dara lo mismo al final el que cojas. me refiero que si hoy el renault gris no te ha aplastado es bien porque todavia no es el momento o porque no esta sencillamente escrito en tu destino. De algo deberiamos estar agradecidos, de no saber lo que nos deparara el destino. Seria cruel y mas de uno inutilmente pese a intentarlo por todos los medios intentaria quitarse la vida ante lo que se le viene encima en la proximidad del futuro. Bueno lo dejo, que me pongo espeso. Diana, ni falta que te lo diga pero tienes unos hijos guapos, se parecen al padre "muy muy mucho". el chico de ayer

Anónimo dijo...

Bueno, los niños son igualitos a Borjita. En lo de los blogs, te referías a "el rincón de pintón"?

gemma dijo...

No, el mayor se parece a ti, que preciosos son Diana

Anónimo dijo...

me encanta leer tus pequeñas cosas cotidianas ya acompñarte en tus elucubraciones...la foto de polo y lucas es preciosa...*
L

Álvaro dijo...

Son muy fotogénicos, como tú.

Emilio dijo...

"O como cuando el vagón del metro se detiene en el
túnel entre dos estaciones
Y la conversación se eleva y luego poco a poco
se desvanece en silencio
Y uno ve ahondarse el vacío mental detrás de cada rostro
Y queda sólo el terror creciente de no tener ya nada en qué pensar.
(…)
Aguarda sin amor
Porque el amor sería amor de lo que no se debe amar.
(…)
Espera sin el pensamiento ya que no estás preparada
para él.
Así las tinieblas serán la luz y la inmovilidad será
la danza.
Susurro de corrientes y relámpagos invernales.
Dices que repito
Algo que he dicho. Lo diré nuevamente.
¿Lo diré nuevamente?
(...)
Stanco già di mirar, non sazio ancora,
or quinci or quindi mi volgea guardando
cose ch’ a ricontarle è breve l’ora.
Giva ’l cor di pensiero in pensier quando
tutto a sè ’l trasser due’ ch’ a mano a mano
passavan dolcemente lagrimando."
Boston, MA, hace unos años.

Anónimo dijo...

quien es L? Un fotografo?
Y Clara? Iluminanos porfa

Valmaseda dijo...

Estoy de acuerdo con usted, Diana, ¿a quien le importa la vida de una persona de clase media? ¿acaso tiene una vida diferente a la del 90% de la gente?

Adrastea_Quiesce dijo...

¿de perla? ¿pendientes de perla? en fin, hasta las mayores estetas tienen sus deslices...

Rocio dijo...

Me ha gustado mucho esta entrada porque es sencilla y esconde un trasfondo interesante, que es el destino, yo siempre pienso en esto, cuando pierdo el metro me paro a pensar en qué pasaría si lo hubiese cogido, el día sería totalmente distinto, a veces también vuelvo a casa por caminos diferentes, elijo entre venir en metro o bus, o coger otra línea de bus que me deja más lejos pero tarda menos...decisiones estúpidas qu ete cambian totalmente el día.

Claro, desde que el fin de semana me obsesioné con el tarot y ahora todo gira en torno a lo que me han predicho las cartas!!

Tengo que dejarlo!

Anónimo dijo...

Diana, qué post más bonito!!! Por cierto, yo también soy super fan del uso indiscriminado del punto y coma; sí.

Cristina

Anónimo dijo...

qué bonito....fíjate q justo leyendo la entrada me he acordado de la elegancia del erizo...y vas y nos cuentas q es el libro q estás leyendo ahora....
un beso Diana, y gracias otra vez!
Julia

trilceunlugar dijo...

soy muy fan de lo dice...

Anónimo dijo...

pues todo lo que criticas lo haces tu multiplicado por el factor "soy supermegaguay" ....y a quien le importan las fotos de unos niños ??? que a demas deberian estar en el anonimato...no teneis pudor???

Anónimo dijo...

esto es el "Diario de una madre Petarda"barnizada de posmoguay ...que sopor....eres hippichicmarujeitor...o que? y ademas yo desde luego no publicaria la foto de mis hijos menores en ningun sitio....

Anónimo dijo...

Viva la libertad de expresion incluso si estas dos ultimas que te ponen verde, se pronuncian. Al fin y al cabo son aportaciones a la causa.

Te echamos de menos. Debes andar atareada. ecda.

silvia dijo...

Hola!

pues no sé quién es Polo y quien es Lucas, pero uno de ellos me recuerda muchísimo a tí

y tu texto de hoy me ha hecho sentirme menos sola, ya ves, el abrir tu intimidad a los demás a mí me sienta bien, aunque haya algunos petardos por ahí.. que de todos modo, le dan cierta vidilla al asunto

feliz compra

blogerloggerfotologer dijo...

Creo señorita Diana que esta usted en lo cierto...
que en su inmensa mayoría los blogers tienen grandes problemas de ego, que suplen expresandose por canales frios, experando pequeñas respuestas o impulsos eléctricos básicos... incomparables a los pequeños estímulos de una vida sencilla como la que relata en su último post o en aquel que describía su vida diaría casi minuto a minuto... pocos tienen la valentía de exponer con tanta franqueza, las pequeñas grandes miserias y alegrias...

otro blog-abrazo frio para usted... de pocos bytes ¡¡'''

Anónimo dijo...

Adrastea, los pendientes de perla son al mundo del complemento femenino como las construcciones de Schinkel al neoclásico decimonónico.
Subyugantes y con distinción.