jueves, 20 de noviembre de 2008

TAMARA DE LEMPICKA

Tamara Gurwik-Gorska tenía una desmedida ambición y coquetería. Tal vez por eso mentía compulsivamente, hasta el punto de ser casi imposible cifrar cuándo nació, pero debió ser a finales del siglo XIX. También se esforzó por pasar por polaca, cuando en realidad era moscovita. (Por cierto, ¡qué sonoridad tan evocadora, tan exquisita y aliteante la de la palabra "moscovita"!).

El caso es que Tamara, que nació en una familia acomodada, vivió rodeada de obscenos lujos, en la era prerrevolucionaria. Se casó con un pijo algo menos adinerado que ella, Tadeutz Lempicky (de quien adopta el apellido como artista) y derrochaban salud y dinero con alegría, paseaban de fiesta en fiesta y se emborrachaban, mientras sus coetáneos pasaban hambre y frío. Ella pinta con un estilo aun no muy definido (Aunque -como yo- era fanísima de la pintura renacentista).

Con la llegada de los bolcheviques al poder, se desmorona el universo superficial de Tamara: Su marido fue encarcelado (es probable que fuera miembro de la policía secreta zarista), y ella, valiente y fría como sus posteriores pinturas, se lanza a buscarlo por todas las prisiones del país durante semanas. Cuando finalmente lo encuentra, no para hasta conseguir que lo liberen: el cónsul de Suecia intercede a cambio de los favores sexuales de Lempicka. Y es a partir de aquí cuando el genio de la artista despertaría en todo su esplendor. Por un lado aflora su instinto de supervivencia, y esto incluye la venta de joyas para subsistir y mantener un estatus ocioso por toda Europa, y su odio hacia las revoluciones y el comunismo. Por otro, se va abriendo al sexo: disfruta de una disipada bisexualidad, de orgías con cocaína y experiencias al límite.

Su marido soportaba estoicamente estos desplantes sexuales, y el nacimiento de su hija Kizette (Un nombre precioso, también. ¡"Kizette moscovita" sería un nombre artístico perfecto!) no sirvió para frenar las correrías pasionales de la pintora. Se convierte en una auténtica estrella de la pintura de entreguerras.

Tamara acostaba a su niña y se iba a correr juergas privadas y, después, visitar garitos en la orilla del Sena donde tomaba parte en orgías colectivas y donde corría la droga: era una mujer libre, independiente, transgresora. Después, volvía a casa, y entre las brumas de la cocaína y del recuerdo del sexo furtivo con desconocidos de ambos sexos, pintaba sus telas hasta caer rendida en las primeras horas de la mañana.

Cito un texto de Higinio Polo, que no sé quien es, pero sus comentarios me parecen muy acertados y definitorios:

"Durante toda su vida, Tamara odió el comunismo, como otras personas de su círculo, creyendo que los bolcheviques le habían arrebatado su país: tal vez por eso insistía en ser una polaca varsoviana, y no rusa. Su amor por la pintura del renacimiento, su despertar al mundo en la época de los primeros automóviles y del crecimiento de los rascacielos, su torturada identidad cosmopolita, la relación con el art déco y con el cubismo sintético de André Lothe, su deuda con Ingres, con el neoclasicismo, palidece ante la mujer cosmopolita de rara belleza que enseña unos largos guantes. Por lo que sabemos, pintó casi quinientos cuadros. Algunas de sus figuras recuerdan a Miguel Ángel —como, guardando las distancias, a la sibila de Delfos de la Capilla Sixtina—, o a perdidos rasgos de Botticelli, no en vano hizo copias de ambos pintores en un viaje a Italia, en los años veinte, y es artífice de una carnalidad limpia, no exenta de lujuria, con una atractiva utilización del color: el azul de Bellini, al decir de algunos críticos. Los atractivos desnudos, donde el suave erotismo muestra sexos limpios —lejos de la rotundidad del sexo en primer plano, tan atrevido para la época, que pintó Courbert como único motivo de su El origen del mundo—, son lo mejor de su pintura: siendo una figura menor de la pintura del siglo XX, vemos con gusto alguno de sus desnudos y retratos. No queda nada más."

Tamara se separa, se casa con el barón Kuffner (otro nombre sonoro y bonito), cuando éste enviuda (era su amante y comprador de su obra desde hacía tiempo) alcanza el status que siempre deseó: guapa, aun joven, rica y ahora perteneciente a la nobleza, se codea con las celebridades de la época, organiza fiestas, pinta retratos... y cuida de su hija con el amor que sólo una madre sabe prodigar.

Cuando se fue a vivir a EEUU era ya la reina del Art decó. Eso sí, el Art Decó ya estaba pasado de moda, y cuando ella intentó abrazar otras vanguardias, o la abstracción geométrica, su obra careció de cualquier interés. Terminó sus días en Cuernavaca, Mexico, casi olvidada por sus amigos ricachones, las fiestas y los grandes fastos.
Sus retratos pétreos, angulosos, fríos, dan buena cuenta de la personalidad de la propia Tamara, que se atorretrata conduciendo ("Tamara en el Bugatti Verde") en su cuadro más conocido y reproducido. Se muestra con frialdad representando la liberación femenina de una forma rotunda, masculinizada incluso.
A mí los retratos de Tamara de Lempicka de hombres y mujeres, me recuerdan a Buñuel y al gran Wyoming: son rostros de mandíbulas marcadas, sobre hombros cuadrados, donde el pliegue de las telas satinadas tienen apariencia marmorea.

Mi amiga Concha me sugería que hablara de las crisis (entiendo que económicas) y de la producción artística, generalmente desgarrada, sincera y de calidad. Creo que el ejemplo de hoy, en los sombríos 30 no es el más clarificador... Quizá lo más cercano y certero sería explicar el caso español en la música a finales de los 70, con el aperturismo demócrata.

...Pero eso es otra historia que no tiene nada que ver con lo que hoy nos ocupa.
Lo dice Diana Aller

4 comentarios :

Anónimo dijo...

Menuda pájara la Lempicka esta. Mola, Diana, sigue así. Y actualiza así, que la semana de sequía fue muy dura.

Anónimo dijo...

¡Socialismo o muerte!

Anónimo dijo...

Valiente, bohemia y avanzada a su tiempo y sociedad, son los pensamientos que me vienen a leer tu escrito sobre la prota de hoy. Cambiando de tema y puesto que lo mencionas, "gran Wyoming", tienes alguna opinion fundamentada, te cae, no te cae, es merecedor de una reseña en particular en un futuro... no se, me intriga saber. Por mi parte soy devoto, correligionario y profuso su doctrina y modus operandi, vamos que no me canso. Te doy un pequeño consejo, si me permites, habla mal de el o sobre su madre, saldras en su programa, ya sabes mayor difusion. Un amistoso saludo de el chico de ayer.

Anónimo dijo...

Higinio Polo es un escritor catalán, de Barcelona, creo.