martes, 5 de agosto de 2008

VENDIENDO ENCICLOPEDIAS


Durante varios veranos de mi época de estudiante, trabajaba en lo que podía para pagarme la autoescuela, que suspendía una y otra vez. Una de las veces di con una empresa acaso más cruel y desalmada que la mayoría.

El puesto que yo desempeñaba era "promotora de ventas editoriales", aunque en realidad lo que hacía, era vender enciclopedias "puerta a puerta".

Es el peor trabajo que he tenido que encarar jamás, pero también en el que más aprendí. Sobre todo mecanismos de reducción psicológica, algo que se estila mucho en publicidad, en el maltrato machista o en instancias muy estratificadas como los cuarteles.

Todas las mañanas, una legión de chicas nos personábamos en la sede de la empresa en cuestión. Durante una hora practicábamos en pareja las técnicas de persuasión que después pondríamos en práctica. Una hacía de ama de casa y la otra de vendedora. El supervisor corregía las frases y hasta las posturas de la que hacía de vendedora hasta pulir la pérfida técnica de venta.

Después nos llevaban en coche a lugares bastante deprimidos social y económicamente. Barrios periféricos y localidades como Talavera de la Reina.

Todas las trabajadoras éramos chicas de 18 a 25 años, universitarias o ex-universitarias. Sólo podíamos vestir de blanco, negro, azul marino y marrón. Por lo visto para dar imagen "seria". Debíamos maquillarnos de forma casi imperceptible; y la razón de ser todas mujeres es porque al parecer estamos más dotadas para la comunicación. Con las mujeres empatizábamos y con los hombres seducíamos.

El trabajo consistía en llamar a la puerta con nuestro portafolios en la mano y decir (primera gran mentira) que veníamos haciendo la encuesta anual del Ministerio de Educación. Si quien abría la puerta decía que ahí no vivían niños, educadamente, teníamos que responder "¿Ah, no? Vaya, me habrán pasado mal los datos... ¿En qué puerta viven?", hasta dar con una víctima propicia, casi siempre mujer.

La primera pregunta después de presentarnos era un amable "Eres muy joven, te puedo tutear ¿verdad?". Teníamos que conseguir pasar al salón y sentarnos frente a la pobre mujer, situando nuestra mirada un poco por encima de la altura de sus ojos. Eso reforzaba nuestra supuesta posición de superioridad.

Lo primero era preguntar los nombres de los hijos. Recuerdo que apuntaba "María" y "Pedro", y ya nunca más hablaba de los niños. A partir de ese momento mentaba a María y Pedro una y otra vez, personificando en ellos mis horribles objetivos.

Les hacíamos una encuesta absurdísima, en la que había dos preguntas clave. La primera: "¿Desearías que María y Pedro te superen económica y profesionalmente en el futuro?" Por supuesto, todas las mamás decían que sí, a lo que yo debía añadir alguna frase que reforzara esta idea, del tipo "Sí, es básico que tengan la mejor formación a su alcance, porque les espera un mundo muy competitivo, donde sólo los mejor preparados podrán aspirar a un buen trabajo bien remunerado".

La siguiente pregunta clave era "¿Ayudas a María y Pedro con sus tareas escolares?", a lo que unánimemente, los padres decían que sí. Y aquí yo daba la vuelta a la hoja de la encuesta y decía "No..., me refiero a si -por ejemplo- a María le ponen esta división (ponía en el modelo "caja" de división de toda la vida un 10 entre 2 con su resultado de 5 y todo) y tú le enseñas a hacerla así, no se la van a dar por válida, porque como sabrás, con los nuevos planes de estudios, la didáctica ha cambiado y ahora les enseñan así (hacía un diagrama absurdo de división de 10 entre 2 que ni recuerdo cómo era); así que, si María lleva "esto" a clase, le van a poner un cero".

Entoces yo dibujaba un cero bien grande y lo "metía" en un círculo para reforzarlo.

Sin perder la sonrisa, daba la vuelta a la hoja y decía "Osea, que no puedes ayudar a María y Pedro en sus tareas escolares ¿no?" y marcaba la casilla "NO".

Si se hace con la suficiente convicción y/o práctica, con esto era suficiente para anularla y generar la necesidad de mejorar esa desastrosa situación. Entonces ofrecía la fantástica solución: Una enciclopedia adaptada a los nuevos planes de estudio que ahora estaba en promoción.

Invariablemente, ponían una de estas dos excusas (o ambas):

1. Es que no ando muy bien de dinero/ es muy caro.

2. Lo tendría que consultar con mi marido.

Para la primera, la respuesta que yo debía dar era "¿Tú fumas?" No sé porqué, pero todas las mujeres amas de casa, con lóbregos hogares y limitadas posibilidades de cambiar de vida, fumaban. Cuando decían "sí", casi avergonzadas y bajando la mirada, yo tenía que ponerme seria, rozando el enfado y detentando una auto otorgada responsabilidad, decía "¿Y no crees que con lo que te gastas en estropearte la salud, podrías dar un futuro digno a María y a Pedro?"

Para la opción 2, mi respuesta era "Bueno, pero tu marido no es ningún ogro ¿no?", a lo que respondían con un escaso "no", porque, al parecer, los maridos solían ser bastante ogros y ellas se sentían abochornadas.

La enciclopedia en cuestión se pagaba en plazos comodísimos, y los intereses crecían en función de la comodidad, claro. Había que avalar el pago con una nómina, propiedad o algo. Costaba unas 100.000 ptas, de las que yo me embolsaba 25.000, y mi supervisor otras 25.000.

Por supuesto duré unos días nada más. Los primeros no era capaz de vender nada. En los últimos me convertí en una máquina, y en cuanto vendía una, ya no trabajaba más ese día.

Lo que más me sorprendía no era la ductilidad de las pobres amas-exclavas de casa, ni sus casas oscuras llenas de goteras y niños lloriqueando. Lo que más me llamaba la atención, era la falta de escrúpulos de mis compañeras, que se referían a sus víctimas con términos despectivos y ninguna compresión; que estaban acostumbradas a engañar, a ganar auténticos dinerales sin importarles a costa de qué o quién. Me asusté al descubrir cómo pesa el dinero frente a la ética, lo indulgentes que somos (yo la primera) con nuestros propios actos...

Busqué en el código civil, y efectivamente se consideraba delito aprovecharse de una situación de "minusvalía"... (algo que yo asociaba con pobreza o depresión social) para favorecer las ventas de lo que fuere (máxime si era con mentiras). Algunas de las mujeres que abordábamos eran semianalfabetas, apenas sabían firmar el contrato que les ofrecía.

Nada más "vender" una enciclopedia a una de estas pobres señoras, en Villaverde Bajo, me puse a llorar. No podía más. Tenía unas raíces mal teñidas, el pelo corto y ropa como de los chinos, pero gastada. Era una mujer prematuramente arrugada, de mirada sincera, con las cejas extradepiladas, la espalda corva y muchas verrugas mal dispuestas.

Me agobié un montón. Tomé conciencia de algo, sin saber muy bien de qué. Me dí media vuelta, llamé a su casa de nuevo y le dije que rompíamos el contrato, que no se metiera en líos. La pobre tenía la casa embargada y no podía hacer frente al pago de un curso de inglés que había comprado hacía dos años a mi misma empresa. Lo fuerte es que ella me decía "No te apures, mujer, que ya buscaré yo el dinero, tú trabaja, que tú si que te ganas la vida, no pasa nada". Y yo allí, llorando como una magdalena, convenciéndola de que su vida no iba a ser mejor por tener 25 tomos de una enciclopedia absurda. Me costó "desconvencerla".

Ese mismo día dejé el trabajo.

...Y a día de hoy sigo sin carné de conducir.

Lo dice Diana Aller

19 comentarios :

Andri dijo...

Hace poco tuve que echar a una que cuando llegué ya le había encajado a mi madre un sillón que hacía masajes; decía que era "gratis", para dar publicidad a una editorial, y que esa estrategia era mejor que poner un anuncio en la tele, no recuerdo cuantas barrabasadas más soltó. Mi barrio es como los que describes. Me costó un mundo que se marchase. Fue sorprendente como se mantuvo firme y fría mientras yo le invitaba a irse, y como se resistía a dejar un trabajo ya casi hecho utilizando tacticas de manipulación sobre la victima principal para ponerla en mi contra.

Después me llevé tiempo pensando en ella, realmente confundido. Sonreía mientras le acompañaba a la puerta. Me hubiese gustado saber qué pasaba por su interior, en ese momento y media horas después.

Saludos

Anónimo dijo...

Me ha encantado el post!
veronica

Anónimo dijo...

Miraste el Código Civil y viste que era delito? Y ese Código Civil de donde es, de Madagascar? Por lo demás un post muy tierno, yo vivi una época de vender a puerta fría todo tipo de cosas y la mayor parte de las veces me echaban con cajas destempladas señoras en edad venerable que pasaban de parecer las abuelitas de Noeli a convertirse en Belén Esteban. Por lo demás, buen post.

Gelsomina dijo...

uufffffff el duro trabajo del comercial. ¡Qué horror! Yo estuve trabajando un tiempo haciendo "estudios de mercado", es decir, ENCUESTAS POR TELÉFONO super chungas en las que le preguntabas a gente enferma, generalmente muy vieja que qué tal les trataban en el hospital y no sé cuántas otras mierdas (teníamos absolutamente todos sus datos, incluído su historial clínico!!) y la pregunta de oro (yo me avergonzaba muchísimo haciéndola) era: ¿Cree usted que han tratado con confidencialidad sus datos personales en el centro de salud? ¿Podría valorarlo en una escala del 0 al 10? mmmmmmm, un chico al que habían operado recientemente de fimosis me mandó a tomar por culo (y con toda la razón). Duré 1 SEMANA pero llevo hablando de este trabajo de la orden de 6 años por lo menos... cuánto se aprende de la bajeza humana!Ah! Encima cobrábamos una mierda, unos 35.000 pts. al mes o así...

Anónimo dijo...

Qué superioridad moral tan reluciente! fuíste buena con la pobre semianalfabeta, atrapada en un matrimonio horrible, en un barrio de mierda y además fumadora empedernida! qué buena eres! como le perdonaste la vida! solo los grandes sois capaces de esos arrebatos de dulzura! debes estar encantada de haberte conocido

Anónimo dijo...

apunte personal:
los neopajilleros aparecen a mediodía. debe de ser cuando sus hermanos menores dejan el ordenador porque mamá les llama a comer.

Lo dice Diana Aller dijo...

No soy jurista y desconozco los términos exactos. Creo recordar que son estos artículos los que encontré al respecto; no sé si sería factible aplicarlos:

CÓDIGO CIVIL ESPAÑOL: LIBRO IV: TÍTULO II
CAPÍTULO II

De los requisitos esenciales para la validez de los contratos

Art. 1265
Será nulo el consentimiento prestado por error, violencia, intimidación o dolo.

Art. 1267
Hay violencia cuando para arrancar el consentimiento se emplea una fuerza irresistible.
Hay intimidación cuando se inspira a uno de los contratantes el temor racional y fundado de sufrir un mal inminente y grave en su persona o bienes, o en la persona o bienes de su cónyuge, descendientes o ascendientes.
Para calificar la intimidación debe atenderse a la edad y a la condición de la persona.
El temor de desagradar a las personas a quienes se debe sumisión y respeto no anulará el contrato.



Art. 1268
La violencia o intimidación anularán la obligación, aunque se hayan empleado por un tercero que no intervenga en el contrato.



Art. 1269
Hay dolo cuando, con palabras o maquinaciones insidiosas de parte de uno de los contratantes, es inducido el otro a celebrar un contrato que, sin ellas, no hubiera hecho.

Gracias por el apunte. Efectivamente no sé si es delito o qué, pero creo que está contemplado de alguna forma, al menos.

rai dijo...

¿Está mal que una mujer compre mierdas compulsivamente con dinero que no tiene hasta arruinarse (tú hiciste lo posible por evitarlo, según dices) pero NO está mal que alguien se mire en el espejo todo el dia y vomite compulsivamente lo que come, o que ayune compulsivamente hasta morirse?
Si la mujer se inventara un rollo conceptual y pseudo-filosófico sobre arruinarse y gastar dinero de forma absurda, escribiera un blog sobre ello narrando su supuesta lucha y empezaran a salir blogs amigos alentándola a seguir, ¿dejarías de considerarla una persona que no sabe lo que hace? o ¿dejaría ella de ser una persona incapaz -por el motivo que sea: incultura, enfermedad mental,...- de administrar el dinero?

Te recuerdo que todavía queda pendiente el tema "motivos por los que mandaron a Diana a américa antes de acabar cou"... :)

Quique dijo...

La verdad es que hay una falta de ética generalizada en esta sociedad en la que lo único que prima es el dinero a toda costa, la competitividad en el día a día y ser siempre más que nadie en cualquier aspecto y ganar más que cualquiera... Un poco triste el panorama.

Me ha conmovido el final de la historia... yo hubiera hecho lo mismo.

MHR dijo...

El relato ha sido muy interesante. Corto, a mi parecer.
Salud.

Anónimo dijo...

Pues esto que cuenta usted sería perfecto para esos 'Diarios de' que hace la Milá con cámara oculta y desenmascarar a estas empresas

FBlack dijo...

Siempre he dicho que el ser comercial es como ser una "puta", se trata de vender a costa de todo...aún así yo he trabajado como comercial y nunca he engañado a nadie, puedo haber omitido algunos datos pero jamás mentido. De todas formas, todo dependerá del tipo de producto que se venda y el sector al que vaya dirigido.

metropaleto dijo...

Y cuando te dabas cuenta que la venta se venía abajo por cualquier problema que pudiera anteponer la "víctima", quedaba el as en la manga de meterse con su nula capacidad intelectual. Es decir, empezar a llamar tonto o tonta sin compasión por no comprar ese producto tan "necesario" para que su vida o la de los suyos cambiase de una vez por todas. Apelando al orgullo intelectual, la gente se echaba hacia adelante y te compraba hasta la Encyclopaedia Britannica, sin tener ni puta idea ni de latín, ni de inglés, entre otras cosas porque a nadie le gusta que le llamen tonto por encima de todas sus desgracias. Yo también me despedí después de vender mi primer curso de "Home English" a una ecuatoriana que ganaba 800 pavos al mes, pagaba 300 de alquiler, mandaba 200 a sus hijos todos los meses a Ecuador y haciéndole pagar un extra de 90 por dos libros y dos deuvedeles al mes durante 18 meses (¿el precio desorbitado es porque pagan el canon a la SGAE?) Echad las cuentas que se me dan fatal los números. Todo el mundo sabe que dos libros y dos deuvedeles en inglés te cambia la vida para siempre. Y eres tonto como no te aproveches de esta ocasión que se te presenta una vez en la vida. Cuanto daño hacen Coelho y Bucay... (si se los nombraras a las víctimas seguro que los confundirían con dos extremos hábiles del Boca Juniors)
Por eso trato con bordería a todo comercial, ya sea de puerta fría, o teléfono caliente, antes de que me juzguen sin que me conozcan de nada.
Hay trabajos muchos peores que chupar pollas, depilar sobacos y limpiar mierdas...

Mi más sincera solidaridad a todo el que se mete en este mundo comercial sin escrúpulos y sabe que no va a llegar a ninguna parte porque tiene alma.

C.C. dijo...

Hay una película francesa, “Las puertas de la gloria” [ http://www.allocine.fr/film/fichefilm_gen_cfilm=29251.html ], que trata el tema de los vendedores ambulantes de enciclopedias para desarraigados a través de la mirada de una versión masculina de Diana Aller. El actor borda su papel y los personajes secundarios pasean ante la cámara sus frustraciones y las contradicciones de ese mundo sin alma. El comercial vano y arrogante, el histérico jefe entregado, sólo aparentemente, a la causa, el joven y desdichado aprendiz, el cínico vendedor experimentado pero con algo de corazón y el gurú espiritual. Sin ser una obra maestra al menos entretiene y penetra en las miserias de ese mundo en unas localizaciones que no podían ser mejores a tal efecto: el norte de Francia, Aisne, Nord-Pas de Calais… llenas de desgraciados en paro y de pobrepensionistas. Si a alguien le interesa, está, como no, en emule a su disposición.

MHR dijo...

Diana,
hoy me he acordado de ti y de este blog. Dos capullos han venido a mi casa a venderme la moto.
Ayer llamaron a casa, diciendo que a cambio de 5 preguntas te regalaban una bombilla automática o no sé qué chorrada. Un familiar picó.
Hoy han venido, trajeados y muy serios. Por suerte, he llegado justo a tiempo a casa. Cuando uno de ellos, el más viejo iba diciendo: "bien, ahora comprobemos sus datos bancarios"....
Como en un flashback he recordado tu blog y esta entrada, no podría describir los sentimientos de ese momento... pero me he dado miedo a mí mismo.
Les he hecho yo las preguntas a ellos (sólo el viejo respondía), pero no me dejaba hablar y ni me miraba. Me ha insultado en mi propia casa y ha sido tremendo.
Pero antes de irse, ha dado el toque cómico: "¿Alguno de vosotros fuma?"

No te creas, ahora me siento culpable...

Valeria Chaos dijo...

Cómo te entiendo...
Estuve a punto de currar vendiendo multipropiedad. nos dieron un curso de marketing ultra-mega-agresivo, a tal punto que realmente lo primero que nos 'vendían' era el trabajo a nosotros, que íbamos a cobrar sueldo base 0€. Según la lógica del marketing ultra-mega-agresivo, está tan bien montado el rollo, que si no lo endosas, la culpa es tuya por no hacerlo exactamente como te han explicado. Impresionante.
No llegué a currar ahí porque les vi el plumero, pero me chupé el curso de marketing u.m.agresivo pal 'por si acaso' estar informada cuando me la quieran hacer, y luego dije que me había salido otra cosa.

Otro curro de mierda fue en una central de teleasistencia de ancianos, a cargo de una importante empresa de seguros. De ahí tengo verdaderas historias de terror...

Cualquier bicho con alma no aguanta en curros así.

Qué bueno descubrir tu blog! Me gusta mucho, volveré por aquí.

Saludos!

Anónimo dijo...

Yo también recuerdo como el peor trabajo de mi vida, y mira que los he tenido cutres, el de comercial puerta a puerta para el Círculo de Lectores. Duré una o dos semanas, y les acabé denunciando con otra compañera, nunca nos dieron copia del contrato, y resultó que las condiciones que te contaban de palabra mientras te daban a firmar las hojas con muchas prisas, no eran las que estabas firmando. Su entrenamiento era bastante menos esmerado, asi que salvo los vendedores natos, los demás nos llevábamos muchos portazos.

Icaroproject.es dijo...

Hablando de ventas desagradables y cursillos de marketing ultra-mega-agresivo, nada mas asqueroso que vender seguros de defunción por teléfono. Y las coordinadoras insistiendo en que tienes que "sacar la guadaña" en cada venta, y matarles al marido, a los hijos, a los padres, para conseguir generar el suficiente estress. Y sobre todo insistir en lo que cuesta un entierro en Madrid, que puede dejar a una familia arruinada o con el cadaver de su madre o su hijo en una fosa común... Llamar a una persona a las 9 de la noche, cenando con su familia, y empezar a cortar cabezas. Gente que no tenia seguro de hogar por no poder pagarlo. Ancianos en casas centenarias, que no tenian dinero ni para comer porque ayudaban a sus hijos y nietos con su pensión... Y por detras la coordinadora insistiendo en que sacaras la guadaña.
Al poco tiempo de irme (duré un mes) echaron a la jefa del equipo y se llevó a casi todas sus coordinadoras/vendedoras, una cuadrilla de trepas que venderian a su madre por una comisión. Me alegré mucho.

Tarta dijo...

En mi caso participé en un curso de formación para vender créditos por teléfono a personas sobreendeudadas, a ancianos pensionistas a los que ofrecían la posibilidad de hacer un regalo digno a sus nietos...no sé, a muertos de hambre y miedo básicamente porque las condiciones podían llegar a pagar un 26% ¡26%! de interés.
La puesta en escena de los "profesores" asustaba un poco porque parecía un club de la comedia: chico y chica contaban lo felices que se sentían al solucionar los problemas económicos de la gente, nos daban la oportunidad de ser como ángeles para esa pobre gente a la que nadie ya presta dinero. Además la empresa colaboraba con una ONG de animalitos. Todo muy raro, muy triste y muy raro. Y si eso fue hace años, cuando se suponía que estábamos todos forrados, no quiero ni pensar cómo serán los mimbres ahora.