lunes, 25 de agosto de 2008

MI PADRE

Mi padre no es especialmente simpático; es más bien huraño. Apenas tiene amigos, y dice no necesitarlos. Tal vez por eso se casó con mi madre, que es un animal social, amén de resolutiva y apañada como ella sola.

Mi padre se llama Luis Aller, existió un Luis Aller, hermano suyo anterior a él, pero murió, así que heredó el nombre de su antecesor. Me parece muy tétrico hacer algo así, y no sé si habrá determinado en algo su forma de ser.

Es gallego, y calvo desde que lo conozco. Y muy serio.

Yo le quiero mucho, y aunque no sea especialmente amable, le agradezco enormemente el legado genético que ha depositado en mis hermanas y en mí. De él hemos heredado cierto ingenio, facilidad para el lenguaje, y mis hermanas la estatura, don éste que a mí me ha sido negado.

Mi padre desciende de una noble familia de juristas, mi abuelo, otro Luis Aller al que no conocí, era juez, por lo visto encantador y muy humilde. Eran muchos hermanos, no sé ni cuantos, porque han ido muriendo y no he conocido a todos. Debían ser la clásica "familia bien" de la época, de esas con derecho a abusar de las criadas y obligación de estudiar.
Mi padre nos contaba que cuando salían con su madre por entre el verde paisaje galaico, mi abuela Elvira blandía una vara de nogal, y si alguno de sus hijos se cruzaba por delante, les atizaba sin remedio. Me resulta raro imaginar así a mi abuela, a la que recuerdo ciega y en una mecedora, como una anciana cariñosa y espectacularmente guapa. Era alta y delgada, con unos impresionantes ojos verdes. Para la época debía resultar desgarbada.


En los Aller reside un gen residual de locura que afecta en distintas formas a muchos de ellos. En la familia se han dado todo tipo de psicopatías y dolencias mentales, algunas muy divertidas. Unas antepasadas mías (Creo que tías abuelas) hibernaban de octubre a marzo. Se recluían en su habitación y se levantaban sólo para tomar sopa y hacer sus necesidades. Sus constantes vitales bajaban a mínimos hasta que llegaba el buen tiempo y volvían a la vida. Ha habido casos de manías persecutorias, aversión al agua, suicidios, doble personalidad... Mi tía Marisa, que no dio una sola muestra de normalidad en su vida, compró una mesa para montarla en casa. Así lo hizo, y al ver que era muy grande y que prefería deshacerse de ella, como no cabía por la puerta, en lugar de desmontarla, la buena mujer (ya de la tercera edad) compró un hacha y se lió a hachazos hasta hacer astillas el mueble. Mi tía Isabelita, que era igualita a Sofía Loren, con sesentaypico años se declaraba superfan de las pelis de "Superdetective en Holliwood"; sólo se callaba cuando dormía y era encantadora. Otra antepasada, una tal "tía Rosa de Viduedo" sufría el mismo síndrome que Amy Winehouse, el cardado de su pelo nunca le parecía suficiente, y como las anoréxicas, percibía distorsionada la realidad (en su caso capilar); por lo que acabó como la madre de los Simpson, con un torreón de pelo de 40 cms coronando su cabeza. Otro ancestro de los Aller, Ramon María, era sacerdote y matemático. Pues bien, éste empezó a obsesionarse con mirar al cielo, compulsivamente, cada vez con más detenimiento y curiosidad, hasta el punto de convertirse en un astrónomo ilustre. Descubrió las estrellas dobles, gracias a él, existe un cráter en la luna que se llama "Aller" y su casa-observatorio es hoy un museo de lo más recomendable. Mi prima Cinta (llamada así por la Virgen de la Cinta) es un genio de la pintura, y, como curiosidad, por las noches encoge. Utiliza distinto tallaje de ropa y zapatos según sean para la mañana o la noche.

Mi padre muy normal tampoco es. De pequeño prohibía pronunciar ciertas palabras -perfectamente normales- en su casa, sólo porque le daba vergüenza su sonoridad. Lo increíble es que le hacían caso.
Recuerdo las mañanas de domingo de mi niñez, con él sentado en un sillón, con un libro abierto delante, pero sin leer, sujetándose la cara con las manos, gesto de pesadumbre, y sonando a un volumen ilegal unas sonatas de piano. Aborrezco la música clásica, no sé si será por eso.

Le gusta Beethoven en música, Spinoza en filosofía, Unamuno en literatura y Durero en pintura. Colecciona "historias de España", "Historias de la literatura universal y española" e "Historias de la Filosofía". Ha escrito libros de derecho civil, (era profesor de mi madre de esta soporífera materia). Creo que aun hoy alberga cierta ilusión por que me guste la filosofía, carrera que cursé porque no me daba la nota para otra cosa, y a menudo me regala volúmenes que no leo.
Sin embargo -y esto es algo que hemos comentado alguna vez entre sus hijas- tengo la sensación de que se siente defraudado con nosotras. Supongo que esperaba algo más, o mejor, o sólo algo distinto. El primer año que fui a Benicassim estuvo sin hablarme una temporada.

Los allegados a mi familia dicen que qué suerte tener un padre como él, porque es terriblemente ingenioso, rápido y divertido; certero y malicioso con sus críticas y muy bueno caricaturizando. Mi hermana María es genial como imitadora, aunque su timidez le impide hacerlo público. Isabel es una voraz lectora, como él; y yo creo que he heredado la fluidez verbal al escribir. Las tres dibujamos muy bien, aunque a ninguna nos gusta especialmente la pintura. Y las tres hemos salido míopes, como él.


Pero mi padre no es precisamente divertido en familia. Habla poco y se queja mucho. En el carné del BOE (último sitio donde trabajó antes de jubilarse) cambió su foto por un dibujo de sí mismo vestido de preso, arrastrando una enorme bola negra con las siglas de su "empresa".


Luis Aller teme a la tecnología, desconoce cómo funciona un móvil o un ordenador, no sabe conducir, y es renacentista y vago por naturaleza. Es un maniático de la limpieza y el orden (tal vez, como decía Freud, porque tiene una mente sucia y desordenada) y le encantan los gatos, animales con los que se identifica a la perfección. Da por hecho que el género humano es mediocre por definición, así que no ofrece alternativa a ningún congénere para cambiar de idea. De pequeñas nos llevaba al cole, y hasta bien mayores, nos hacía las camas. Se le da bien hacer tortilla de patata, aunque es incapaz de, por ejemplo, ir al Corte Inglés a cambiar una cosa, o hacer una gestión del tipo que sea.

Vive en su mundo, un mundo cada vez más pequeño y vacío, porque se está dejando morir. Envejece muy rápido y no me gusta nada, sobre todo porque es por vagancia y desidia.

Hace unos años (pocos) estando yo casada ya, me preguntó: "¿Qué? ¿Cómo van esos estudios?". Le dije "Bien, bien..." y me aguanté las ganas de anunciarle "¿Sabes que tengo novio?". No sabe en qué trabajo, nunca me lo ha preguntado. Claro que yo me enteré hace unos meses que él era de La Coruña, aunque al menos yo sí le pregunté.

Mi familia ha sido siempre un matriarcado, un gineceo más bien. No sé... Me gusta mi familia... Aunque no compartamos ideología política, ni aficiones, ni conversación relevante. Les admiro a todos, aunque, por supuesto, nunca se lo he dicho.

Lo dice Diana Aller

20 comentarios :

Anónimo dijo...

Joder, me admira tu sinceridad... para todo.
Con tu blog me pasa lo mismo k contigo cuando te conocí.
Al principio me caías fatal, me parecías una borde y una prepotente. Eras la k mejor hablabas, la k sabía hacer todo bien. Hicimos un taller de radio ¿Te acuerdas? Y decías cosas k me sentaban fatal. Pero otras me gustaban mucho. Y un día me leiste la letra, y yo pensaba k te lo inventabas, k no tenías ni idea de grafología. Pero me preguntaste Tú no tienes padre ¿verdad? y me quedé acojonada, porque mi padre murió siendo yo pequeña, y como si nada dijiste "Se ve en tu letra". Y aunque parecías muy dura, un día me regalaste un disco de Pearl Jam, k a mí me encantaban, y me pusiste una dedicatoria superbonita. Entonces me di cuenta de k eras muy tierna en realidad.
Hay cosas con las k no estoy nada de acuerdo contigo, y me sientan mal, pero siempre me encanta lo k escribes.
Perdona el rollo, pero me he acordado de la anécdota de mi letra al leer sobre tu padre. Seguro k está orgulloso de ti.
Un abrazo. Te sigo siempre
M.

Anónimo dijo...

ha valido la pena la semana sin dosis.

y desde la atalaya del como-no-os-conozco-valoro-el-texto-en-sí creo que el ojomeneado debería leerlo.

probablemente despliegue una sonrisa queda, que no le hayas visto nunca.

laopcionb dijo...

Mola esa familia, parece como de Torrente Ballester.

oligoqueto dijo...

Este tipo de relatos sobre familiares que cuentan tanto sobre uno mismo siempre son muy interesantes.
Tu padre debe ser un tipo de lo más curioso. A mí con el mío me pasa como a ti, que me parece huraño y que se está dejando ir. Pero, como a ti, tampoco lo cambiaría por nada...

Gran post...

emilio dijo...

Mi padre también nació y se crió en La Coruña. En esa ciudad visité la casa familiar hace un millón de años. Recuerdo un embleba horroroso. Mi padre también perdió hermanos, además de a su padre. Creció solo. De ahí su eficaz tendencia al silencio. Suele desear, solo pesándolo, que los demás le necesiten. He heredado, para superarlo -como toda herencia familiar-, esa inútil vocación a pensarme deseado. Nos tenemos afecto y desconocimiento casi con la misma tranquilidad. El único que lee soy yo. Falta de originalidad que compenso siendo un perfecto idiota, a ratos. O como Arnaut Daniel, amontonando el aura.

Agente 99 dijo...

Precioso y sincero. Me gusta cuando cuentas las cosas desde las vísceras.

PD: Por cierto eres clavaíta a tu mamá :D

Un beso.

Anónimo dijo...

Una bonita posatal de tu familia

-jordis1

Quique dijo...

Fabuloso post, desde luego que tu padre estaría orgulloso si lo leyera... Espero que algún día te armes de valor y se lo enseñes.

P. dijo...

Las familias con historia son la mejor herencia que se puede recibir.
Enhorabuena.

Anónimo dijo...

Hola Diana soy Belén Kan. Jo, casi nunca te escribo aunque te leo muy amenudo, pero no puedo dejar de decirte que tengo el mismo problema con la sonoridad de las palabras que tu padre. Es un problema bastante pesado. Hay palabras que no puedo oir y palabras que no puedo decir. También me pasa con algunos gestos. ¿Qué palabras ponían nervioso a tu padre?

Anónimo dijo...

Sin internet, de momento, pero rodeada de locutorios... móstoles en Barna. Unos petons para esos genes que te hacen única. ¡Ven a verme!

Anónimo dijo...

cosas de las familias gallegas, siempre matriarcados en los que se demuestra que un alto concepto de uno mismo no va siempre ni necesariamente ligado a la tstosterona.

anselmo dijo...

que familia mas peculiar...se notan los genes gallegos.
un saludo.
PD: y curioso el comentario de anónimo.Dice muchísimo más de ti de lo que tú te dices de tí misma.

FBlack dijo...

Viendo las fotos sin duda de tu madre has heredado el físico puesto que os pareceis mucho...además de el gusto por el color rosa claro.
Gran post Diana, por una vez creo que nadie se va a sentir ofendido...jejeje ;)
Saludos!

Popeso Dudando dijo...

Buen post, supongo. Pena que llegue veinte años tarde.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...

Hola , me llamo Juan lUis Aller y la familia de mi padre viene de Souto (cerca de Betanzzos) en Coruña.... No sé si tendremos algo que ver (familiarmente) , supongo que si. Conoces a algún Aller de Souto???

Anónimo dijo...

No se por que eliminas los comentarios referentes a Juan Luis, tu tio. En todas las familias hay excentricos ... pero en algunas también enfermos mentales. Es algo parecido al castigo divino por la frivolidad de las generaciones pasadas. Como decian las viejas de lalin al rezar... que Dios nos libre también de los Aller.
un bico

Anónimo dijo...

Acabo de leer esta entrada, al parecer estamos emparentadas. Aller, el del cráter, es tío bisabuelo mío. Yo no tengo la suerte de conocer bien a mi familia Aller. Puede que seamos más cercanas de lo que parece :)

Laura.