domingo, 3 de agosto de 2008

EDIE SEDGWICK

Comparto con mi amiga Silvia Varela la afición por las lecturas trúculis. Estamos aun impactadas por el novelón "Sin tetas no hay paraíso", y en estos días me ha comentado que se acababa de leer la biografía de Edie Sedgwick. A mí en su día me encantó.
Buscando información de la musa warholiana, he encontrado un escrito fantástico de "El blog de Plácida"; una bitácora que me influyó muchísimo cuando empecé a escribir públicamente. Nunca he conocido ni hablado con Plácida, pero tiene un estilo claro y didáctico, y una forma de exponer la parte más animada de la teoría femenina, alucinante. Y es vasca, que también cuenta positivamente... De ella y su extinto blog (éste), copio este estracto sobre Edie Sedgwick. Que lo disfruten...


Me interesé en Edie Sedgwick porque me dijeron que fue una persona que convirtió en arte su propia autodestrucción.

Repasando la bigrafía de George Plimpton y Jean Stein editada en castellano por Circe, un@ llega a la conclusión de que ella, en todo caso, no era consciente de eso. Fueron otr@s l@s que filmaron, fotografiaron y se lucraron con su autodestrucción.34 años después de su muerte, la “pobre niña rica” se nos antoja un personaje novelesco, que vivió en un ambiente histórico, social y cultural particular, y que como dice Truman Capote (una de las voces con más solera de cuantas componen el libro) fue una víctima total de todo ello.

Edie Sedgwick es conocida como icono pop de los 60’s, actriz, modelo, “party girl” y la patochada de “superstar” de Andy Warhol. Varias generaciones han admirado sus fabulosas piernas y su aniñada belleza.

Hay fotos y documentos suficientes para l@s adorador@s fans, pero su paso por la vida fue corto, y más bien penoso. Tras la adorable sonrisa y las maneras pop ocultaba todo un drama personal.

Primeros años

Su proceso autodestructivo, y también el de algunos de sus hermanos, se inició pronto. Edie nació en una más que acomodada familia wasp (white anglo-saxon protestant) de Massachussets. El primer antepasado Sedgwick fue un juez que participó en la declaración de independencia de estados unidos y que era aliado político de Alexander Hamilton y George Washington. La madre pertenecía a una multimillonaria familia de Nueva York. Edie y sus 7 herman@s crecieron aislados del mundo en 3 ranchos californianos, en un ambiente carcelario y violento. L@s niñ@s apenas salían de la enorme extensión de tierra del padre, y eran educad@s allí mismo “de acuerdo a su clase”. El padre aparece como un personaje narcisista y sádico que se oponía a la personalidad de sus hijos, y Edie dice en más de una ocasión que intentó acostarse con ella desde que tenía 7 años.Los hijos varones fueron objeto de la represión paterna, hasta el punto de que dos de los hermanos, Minty y Bobby, tuvieron problemas en la universidad y acabaron suicidándose tras ser encerrados sucesivas veces en distintos centros psiquiátricos. Cuando esto sucedió, Edie ya había avanzado en su propia carrera autodestructiva. Desde pequeña comía de forma compulsiva, y lo vomitaba todo. Una forma, quizá, de oponerse a la madre. Como sus padres no sabían qué hacer con ella, la enviaron a un internado, y como allí se puso peor, la encerraron en varios centros psiquiátricos.
El mito de Edie Sedgwick se inició en Cambridge, Massachussets, cuando se trasladó allí para estudiar arte. Fiestas, fiestas y más fiestas. Los primeros amigos maricas. Hij@s de ric@s que querían desafiar a sus familias. Todo el mundo la llamaba, todo el mundo quería estar con ella: “No me importaba lo que hacía o si estaba equivocada. Era un catalizador. Lo que entre los iniciados se conoce como un shakti. La energía femenina que dinamiza: por el mero hecho de estar en contacto con ella todo se agudizaba. Una velada con Edie sólo podía acabar cuando Edie llegaba al punto de agotamiento, lo que ocurría al cabo de dos o tres días. Hay un viejo axioma yogui: cuanto más alto subas, mayor será la caída. Todos lo sabemos. Le gustaba pasear al borde del abismo en todo momento.” (1)

Nueva York, época pop

Cambridge y los estudios de arte se le quedaron pequeños. Edie necesitaba espacios abiertos donde “desmelenarse” y quería probar suerte como actriz, así que Nueva York fue su destino natural.

El desafío a los padres continuó: “Edie llegó en un momento en que se producía una destrucción de todas las normas (…) La gente empezó a chutarse en los lavabos. Los freaks empezaban a estar muy solicitados (…) Cuanto más raro fueras en lo que hacías o decías, mejor. Fíjese en Edie. O en Tiger Morse, que era una chica de buena familia y de pronto se transformó en una freak anfetamínica con el pelo de alambre, vestidos eléctricos y gafas verdes (…) Estos locos se revolcaban en la autodestrucción… era casi como si quisieran castigar a sus padres y al mundo de normas rígidas que les habían hecho tanto daño en los años de su educación.” (2)

Para Edie, una forma de hacerlo era gastar el dinero de sus padres. Pisó el metro por primera vez cumplidos los 25, y no se conformaba con el taxi: iba a todas partes en limusina. Invitaba a gente que no conocía a grandes comilonas en el Ritz. Gastaba miles de dólares en ropa, pieles, maquillaje, y por supuesto, drogas. “Era un chollo para muchos. No conocía ni a la mitad de la gente que invitaba a esas comidas. Quince o veinte personas (…) No me sentía como si la estuviera exprimiendo. Me sentía como si estuviéramos redistribuyendo la riqueza.” (3)


Bob Dylan oyó hablar de ella y la llamó para conocerla. Se hicieron “íntimos”. Todo ello la llevó a conocer a Andy Warhol. Y con él inició una extraña relación, en la que ella se convirtió en él y él se convirtió en ella. Edie introdujo a Warhol en el mundo de la “alta sociedad” que hasta entonces le había sido vedado, mientras que Warhol tenía el poder de convertir a Edie en “una estrella”. El aspecto físico de ambos se mimetizó: Edie se cortó el pelo y se lo tiñó de plateado, y vestía las mismas camisetas a rayas que su partenaire. Roy Lichtenstein cuenta que su mujer y él fueron disfrazados de Andy y Edie a una fiesta de carnaval…Edie ya era una "superstar underground". Quizá haya que aclarar que Andy Warhol acostumbraba a estar rodeado de adulador@s que simplemente querían estar con él, salir en sus películas o ser fotografíad@s. L@s más carismátic@s se convertían en “superstars”, palabra que empezó a utilizarse en la época: “La superstar era una forma primitiva de liberación femenina. Eran muy listas, guapas, aristocráticas e independientes. Edie, Nico, Viva y las demás (…) Eran las mujeres que queríamos adorar, las vírgenes marías. Al mismo tiempo, eran muy destructivas; se destruían a sí mismas y a otras personas.” (4)A lo largo de 1965, Edie y Andy iban junt@s a todas partes, y su popularidad era brutal. En una ocasión viajaron a Filadelfia para inaugurar una exposición de Warhol, y fueron recibid@s como estrellas de rock, con fans gritando y desmayos. Había tanta gente en el lugar de la exposición que tuvieron que quitar los cuadros para que no se estropearan. A la gente no le importó demasiado.


Sin embargo, Edie no tenía ninguna influencia en los proyectos de la Factory, el estudio de Warhol. Participaba como actriz o modelo, pero ni siquiera sabía de qué trataban las películas, ni lo que pretendían. Simplemente estaba con sus amig@s y se divertía. Lo que más le preocupaba era su propia imagen, y en ella gastaba gran parte de su energía: “Ella estaba totalmente ocupada en su auto-imagen… o en su visión de su auto-imagen.” (5) Algo que a muchas chicas nos ha pasado de jovencitas, por cierto!En la Factory la gente utilizaba drogas a discreción, y también había orgías. Warhol no participaba en ellas, pero las dirigía y alentaba: “Andy era como el Marqués de Sade; su presencia era el agente liberador que hacía que la gente viviera sus fantasías y se desnudara o en algunos casos, hicieran cosas muy violentas para conseguir que Andy les mirase”. Él l@s miraba con su cámara de 16 mm, y Truman Capote, que lo conocía bien, lo define simplemente como “un mirón”. (6)

Las películas de la Factory pretendían no significar nada. Los guionistas se esforzaban en escribir diálogos que no tuvieran ningún sentido. Por ejemplo, en Beauty part #2, toda la película está filmada en un plano fijo sobre una cama, donde Edie se debate entre atender las demandas sexuales de su acompañante, o responder a las inquietantes preguntas que alguien le hace desde fuera de plano. Kitchen se desarrolla íntegra en una cocina, y es un completo aburrimiento: “Creo que las películas de Warhol son documentos históricos. Dentro de cien años contemplaran Kitchen y verán ese pequeño decorado atiborrado de cosas que, desde luego, era una cocina auténtica (…) Era algo horroroso de ver. Captaba la esencia del aburrimiento de cualquier día muerto en la ciudad, cuando todo está imbuido de olor a ropa húmeda y desagüe.” (7)


Lady anfetamina

La colaboración Andy-Edie duró un año o un año y medio, hasta que sus relaciones se enfriaron. Edie ya era adicta a las anfetaminas, y empezaba a necesitar atención permanente. Alguien tenía que ocuparse de que se levante por la mañana y estuviera en el estudio a la hora del rodaje. La gente de la Factory se cansó de ella, y con la intención de herirla, rodaron películas con otra “superstar” llamada Ingrid, que era “como Edie pero en feo”. “Se consideraba como una hija más en una familia grande y bastante desgraciada, que de pronto es iluminada por los focos y tratada como si fuera algo muy, pero que muy especial, pero por dentro se sentía como un montón de basura. Luego, cuando la dejaron un poco de lado, no sabía quién era. Esa posibilidad de destrucción estaba dentro de su débil personalidad. Tenemos que acostumbrarnos a la realidad de que estamos solos. Si no lo consigues, te vuelves loco. Y Edie empezó a trastornarse.” (8)

A partir de aquí llega la parte más triste de la historia, si bien hay momentos en que aún hay espacio para la risa y la ironía. Cuando Edie abandona la Factory, recibe ofertas de otros directores “underground”. Albert Grossman, el manager de Bob Dylan, promete a Edie una película con Dylan y ella como protagonistas. Edie, además, estaba locamente enamorada de Dylan, y creía que era su novia. Él le escribió la preciosa “Just like a woman”, y también “Leopard-skin pill box hat”. Hasta que ella descubrió, de boca del viperino Andy Warhol, que Dylan se había casado con otra mujer unos meses antes, y que probablemente no tenía la intención de hacer ninguna película con ella.En 1967, cuando rodó parte de la película Ciao Manhattan! (David Weisman, John Palmer, 1972), Edie ya hablaba de la Factory en pasado: “En realidad Warhol jodió la vida de muchísima gente, gente joven. Mis contactos con la droga se iniciaron en la Factory. Me gustó mi introducción a la droga. Yo era un buen blanco. Me convertí en una joven y saludable adicta.” (9)

Los “médicos del ácido” eran una cosa muy de moda en la época y lugar que nos ocupan. Tenían exclusivas consultas por todo Manhattan, y se dedicaban a inyectar anfetaminas, heroína y ácido a todo el que pagara por ello, incluid@s niñ@s o mujeres embarazadas. Influenciad@s por Timothy Leary, realmente creían que hacían bien a la gente, y ell@s mism@s eran adictos.

Edie iba a la consulta del doctor Roberts, que cobraba entre 15 y 25 dólares el “chute”. Una persona que también iba cuenta que al principio acudía a por su dosis una vez por semana. Después un par de veces; luego 3 ó 4 veces por semana. Al final iba 3 veces al día. El doctor Roberts tenía una lista de VIPs o pacientes/clientes preferentes que no tenían que esperar para recibir el chute. La gente que no tenía ese privilegio miraba a los VIPs con odio, porque el síndrome de abstinencia empezaba a destrozar sus nervios en la sala de espera. La madre de Edie llegó a visitar al famoso doctor, y éste la convenció de que el tratamiento era beneficioso para su hija, de modo que los padres pagaban la factura.Edie estaba tan delgada que no podían pincharla de pie, y se tumbaba boca abajo para que el doctor Roberts le inyectara en el culo un cóctel de drogas cada vez más potente. Todo eso aparece en Ciao Manhattan! Y en esa misma película, Edie habla de los horrores del speed, o sea, de la paranoia y la locura, de los zumbidos y las alucinaciones, y al mismo tiempo, de cómo le gusta el momento álgido, de lo difícil que es elegir entre el speed más puro, la cocaína más pura, y el sexo. De cómo le gusta ponerse hasta arriba de speed y alcohol y hablar sin parar, o follar sin parar. Del speedball, speed y heroína, y de la primera vez que le metieron un pico de speedball en cada brazo... La gente que trabajaba en la película también eran adict@s, y de hecho tardaron 5 años en terminarla. Pretendían retratar toda una época, los 60’s, a través de una actriz underground. En realidad Edie se interpretaba a sí misma. Era como si dejara a la cámara de cine entrar en su intimidad, sin importarle que luego hicieran una película con ella.
Así que convertida en una joven y saludable adicta, pero sola, Edie intentaba trabajar. La revista Vogue era consciente de su potencial, y la contrató como modelo. En 1965 ya había sido protagonista de algunas páginas, en la que la definían como una “youthquaker”, y hablaban con admiración sobre sus películas, que seguramente no habían visto. Edie no era una modelo al uso, y por ello tenían que esforzarse con ella. Le iluminaban sólo la mitad de la cara para esconder las imperfecciones del rostro, y le ponían pelucas porque su pelo estaba destrozado. “Le pusimos un poco de carmín, montones de rimel y un poco de brillo en los labios para darle algo de vida. El resto era ella. Era una personalidad posando. Era la chica personalidad. No era como si fuese verdaderamente una modelo o una estrella de cine auténtica: era una encantadora y extraordinaria criatura del momento.” (10) Sin embargo estaba marcada con el estigma de la adicción a la droga, y Vogue decidió prescindir de ella para salvaguardar la imagen de la revista.

Chelsea Hotel

Para bajar las anfetas, Edie tomaba decenas de tranquilizantes, y como fumaba todo el rato, se quedaba dormida con el cigarrillo en la mano. Tras el incendio de su apartamento se fue a vivir al Hotel Chelsea , donde antes habían vivido Tennessee Williams, Dylan Thomas o Gore Vidal. Una revista canadiense le hizo un reportaje en su habitación del Chelsea, y ella aseguraba que lo que más le interesaba en aquel momento era su gato Smoke, hijo del gato de Bob Dylan.

Leonard Cohen vivía en el otro lado del pasillo, y cuando conoció a Edie, la advirtió sobre las velas que tenía en su habitación. Él estudiaba el uso budista del incienso y las velas, y estaba convencido de que las de Edie encima de la chimenea tenían un influjo maligno.
En la Navidad de 1966 Edie se sentía sola en Nueva York y decidió ir a California a visitar a su familia. No tardaron en encerrarla en un psiquiátrico. Los padres le pusieron un termómetro en la boca, le dijeron que estaba enferma, que tenía 40 de fiebre, le administraron potentes somníferos y la metieron en un coche de la policía. Edie no entendía por qué ella iba en el coche de la policía y su madre detrás con su Mercedes, si es que realmente iban al hospital. Unos días más tarde, cuando consiguió hablar por teléfono con su novio de entonces, Bob Neuwirth, le gritó: “¡Sácame de aquí! ¡Me tienen prisionera!”.Tras el mal trago, Edie regresa al Chelsea y a su “estilo de vida” no exento de puritanismo, ya que hacía como si nada hubiera pasado, y se esforzaba en ocultar todo lo doloroso que había en su vida. Era adicta al amor y al sexo. Sólo los amores y amantes eran capaces de distraerla de las drogas. Algun@s de sus compañer@s intentaron apartarla de las drogas, pero entonces l@s volvía loc@s hasta que la abandonaban o ella se iba con otr@. Cuando terminó con Bob Neuwirth, se dedicó a la droga aún con más encono, y empezó a engancharse a la heroína: “Si estás obsesionado con una persona e indefenso, hay una escapatoria: enamorarte de la heroína. La otra persona no puede controlarte. Tienes un nuevo amante y otra luna de miel. Te sientes hermoso, es como una ilusión, como esos minutos después de haber follado como un loco.” (11) Nunca se chutaba ella sola. Consideraba que era un paso más en el proceso de la adicción y no estaba dispuesta a darlo. Pedía a alguien que la “despellejara”, esto es, que la pinchara en el culo, y a menudo terminaba teniendo relaciones sexuales con él o con ella.

Edie seguía con la idea de trabajar como actriz en películas comerciales. Estaba harta de oír que su presencia ante la cámara era tan arrebatadora como la de cualquier actriz antigua de Hollywood, pero las oportunidades no llegaban. Y cuando lo hacían ella no era capaz de adaptarse a la disciplina de un rodaje ni de aguantar a gente que no fueran sus amig@s. Así llegó Ciao Manhattan!, y Edie siguió con las orgías y los médicos del ácido.

Los fatales pronósticos de Leonard Cohen se cumplieron y la habitación del Chelsea se incendió. El gato Smoke se convirtió en humo. A Edie la encontraron tirada en el pasillo, desnuda y cubierta por una manta. Nadie quería acercarse a ella, como si estuviera hechizada. Robert Margouleff, el productor de Ciao Manhattan! se la llevó a su casa y contrató a Bobby Andersen, un gay buscavidas del East Village, para que cuidara de ella y compartiera sus “trips”. Así estuvo otra temporada.
Su siguiente compañero, apodado en el libro como “L.M. Kit Carson”, se la llevó a vivir al Hotel Warwick, y cuenta que estuvieron una semana entera haciendo el amor, hasta que él descubrió las agujas en el baño. Se las quitó y observó su desintegración. Se pelearon violentamente, hasta que alguien le aconsejó que se marchara y que la abandonara. Llamó a la Factory y tres esbirros aparecieron para hacerse cargo de ella. Al cabo de unos días le llamaron del Hotel Warwick para decirle que su mujer estaba en el hospital.

California girl

Siguió un penoso recorrido de hospitales y psiquiátricos, fugas con otr@s pacientes y vuelta a las andadas rozando la muerte, hasta que la devolvieron a casa de sus padres, incapaz de andar ni de hablar. Cuando se recuperó un poco, se fue a vivir a Isla Vista, en Santa Barbara, y allí siguió con el speed y los barbitúricos para bajar. Ella estaba convencida de que tomando un montón de anfetaminas y tranquilizantes podía poner en orden su sistema nervioso. Se encontró a su hermano en la calle y le exigió que hiciera el amor con ella. Otro día que caminaba colocada por la calle, montó un numerito para darle una buena patada en el culo a un policía (le apetecería), y por eso la condenaron a 5 años de libertad vigilada y a ingresar en otro hospital psiquiátrico.

Los hospitales eran la segunda casa de Edie. Los probó todos en Nueva York y California. Ella los defendía y creía en ellos. Se acostumbró a convivir en hospitales con otr@s adict@s, hacía amig@s y conseguía drogas en cualquier parte. Pasó una temporada viviendo con unos moteros de Los Angeles y acudiendo con ell@s a sus concentraciones, borracheras y orgías.

Se dejó el pelo largo y moreno y se operó las tetas al “estilo California”. Entonces la llamaron para acabar Ciao Manhattan!, y le dieron un poco más de vida. La frase promocional de la película dice que se trata de un film que “se escribió a sí mismo”, y es cierto: el guión definitivo se escribió 4 años después del inicio del rodaje. Para subsanar errores de continuidad, decidieron que Edie sería una actriz underground drogadicta venida a menos, que recuerda sus días de gloria desde una piscina vacía de California. Las nuevas escenas se rodarían a color, y las secuencias de Nueva York, filmadas en blanco y negro, serían flash-backs. Algo que se parecía bastante a la realidad.

Hacia el final del rodaje, al igual que en Nueva York, el equipo acabó hasta el moño de la diva. Cuentan que cuando estaba llena de drogas era increíblemente hermosa y angelical, y todo el mundo se quedaba extasiado. Pero no era así siempre. “Se escapaba. Convencía a alguien (no le costaba demasiado porque su encanto seguía intacto) para que le trajera bebidas con las que poder emborracharse hasta casi perder el sentido y hacer todas esas cosas raras. Se desnudaba, hacía autostop enseñando las tetas. Algunas veces se negaba a dormir a menos que alguien fuera a dormir con ella (…) Yo intentaba respetarla, pero había momentos en que era difícil hacerlo. Una noche, Dave me dijo: “Tienes que hacerlo por mi. Edie tiene que follar. Por favor, depende de ti, Wes.” (12)

En el set de rodaje tenía mil formas de equivocarse, y tardaban horas en filmar sus párrafos de guión. En la escena del tratamiento de shock, Edie daba consejos al director para hacerlo más real, porque había pasado por ello en más de una ocasión.

Cuando terminaron el rodaje, Edie se fue a Malibú con Roger Vadim, que había actuado en Ciao Manhattan!. Vadim le prometió convertirla en la próxima Jane Fonda o Brigitte Bardot, le decía que lo que ella necesitaba era amor y no broncas de los directores. Pero Edie se puso muy enferma y tuvo que volver al hospital y pasar por el auténtico tratamiento de shock.

Michael Post se hizo cargo de ella. Era un buen amigo que había conocido en el hospital, y que había acudido en su rescate más de una vez. Siempre se negó a acostarse con ella, a pesar de que estaba enamorado, y por eso mantenía intacto su interés. Se casaron el 24 de julio de 1971, y Edie fue feliz con la parafernalia de la boda.

4 meses más tarde, su marido se la encontró muerta en la cama al despertar por la mañana. Unas semanas antes, un fan la reconoció en la playa y le habló:

- Hace tantísimo que quería conocerte.
- Oh, gracias. No serás marica, verdad?
- Bueno…
- Estoy tan cansada de los maricas. Es lo único que conocí en Nueva York. Maricas. Maricas. Maricas.
- ¿De verdad?
- Sí. No quiero conocer a ninguno más en toda mi vida. Todos los chicos eran muy guapos pero les gustaban otros chicos…=================

NOTA: Todas las citas pertenecen al libro: “Edie”, de Jean Stein y George Plimpton (Ed. Circe, 1988), y recogen testimonios de distintas personas:

(1) John Anthony Walter
(2) Joel Schumacher
(3) Danny Fields
(4) Danny Fields
(5) Tom Goodwin
(6) Emile de Antonio
(7) Norman Mailer
(8) Henry Geldzahler
(9) Edie Sedgwick en Ciao! Manhattan
(10) Gloria Schiff
(11) Rutherford Jonson
(12) Wesley Hayes

Lo dice Diana Aller

11 comentarios :

placida dijo...

Ooooh, me ha dado un vuelco el corazón al ver esto, Diana!

Estoy enganchadísima a tu blog desde hace meses, pero nunca me atreví a comentar, salvo en alguna ocasión! Además, ahora que estoy embarazada eres uno de mis mayores referentes! :D

Ahora escribo otro blog, te dejo el link con el comentario. No sé si está en el texto de Edie, pero es muy recomendable la peli Ciao Manhattan, se puede comprar en Amazon, o descargar, supongo.

1000 gracias por la mención y un besazo*

Anónimo dijo...

ser delgada, ponerte vestidos caros, tener amigos famosos y tomar drogas: todo un icono del feminismo..la verdad es que es una mujer con mucho mérito y mucho talento: ella se autodestruía y los hombres gays de su alrededor se forraban a su costa (¿se puede ser más estúpida?)

Anónimo dijo...

¡Coño si esta era la que hace poco escribia sobre los hombres:
'Me molesta que vea a las mujeres como trofeos, desposeyéndonos de nuestro intrínseco valor.
Me molesta que no disfrute de los rituales de cortejo.'

Y luego resulta que la mujer que admira es una colgada cuyo 'valor intrínseco' era ser el maniquí-trofeo de un hombre (misógeno, por cierto) estar todo el día pedo y tirarse a todo quisqui sin 'disfrutar de los rituales de cortejo'
pero vamos a ver ¿tu eres feminista o en realidad lo que tienes es rabia/envidia de los hombres?

Anónimo dijo...

esta no sabe ni lo que es. su mente es un revoltijo de contradicciones, referencias traídas de los pelos y cosas que le han contado en un bar

Anónimo dijo...

Anónimo ¿A quién te refieres con "esta no sabe ni lo que es. su mente es un revoltijo de contradicciones, referencias traídas de los pelos y cosas que le han contado en un bar"?

De verdad que flipo con estos anónimos k sacan punta a todo, sin enterarse de nada y k de una opinión o un escrito (de otros) atacan a la autora del blog, así porque sí.
¿pk entráis aquí si tanto os disgusta?
P.A.

Anónimo dijo...

ya lo expliqué el otro día, p. a., son neopajilleros. buscan a alguien que les excite y tratan de decirle la burrada más gorda y cruel a ver si la musa se revuelve y contesta; les produce placer a borbotones. tampoco muchos, porque no hay mucha uretra en la que almacenar, ya me entiende.

Anónimo dijo...

porque el los sentimientos negativos como el asco, la vergüenza ajena o el desprecio son tan adictivos como los positivos. aquí hay mal rollo, tonterías mal digeridas, superficialidad y gilipollez abisal como para alicatar tres cuartos de baño, cobardona

Lola Lirola dijo...

...madre del amor hermoso cómo está el gallinero, aquí hace falta un buen pollo que ponga en su sitio a tanta Mª Carmen alborotada.
Diana no tiene la culpa de los complejos y prejuicios que ustedes tengan.

Lola dixit

Anónimo dijo...

vete un ratito a la mierda, psicóloga de extrarradio

Anónimo dijo...

en fin... ignorantes

Adriana del Moral dijo...

Pero Chelsea Hotel Leonard la escribió para Joplin, lo dice en I´m your man.