viernes, 6 de junio de 2008

EL EXTRAÑO VIAJE


Por razones que explicaré detenidamente algún día, hube de abandonar en el mes de Mayo de 1992 el curso académico. Cursaba COU en el Instituto "San Isidoro de Sevilla", de Madrid, cuando mis padres estimaron conveniente enviarme a EEUU tres mesecitos.
Así que, me vi en Barajas, facturando una enorme maleta y embarcándome en una de las grandes aventuras de mi vida.
Llegué al JFK de Nueva York, con un inglés nivel parvulario, 17 años y el pasaporte 4 días caducado. A pesar de ser la era pre-atentados, yankilandia era ya una nación paranoide para con los foráneos, por lo que me retuvieron en una sala llena de hispanos e hindues durante varias horas. La caducidad de mi pasaporte suponía al parecer una gran amenaza...
Debía coger dos aviones más para llegar a mi destino: Uno hasta Cleveland, y el siguiente hasta Grand Rapids, y por supuesto, los perdí.
Me pasaron a un despachito cutre, donde un hombre mayor me esperaba sentado tras una mesa. Como en los interrogatorios de las películas, yo apenas intuía una figura oscura, porque una lamparita pequeña me cegaba enfocándome sin piedad.
Me preguntó la sarta entera de barbaridades que ya había rellenado en el avión: que si había estado en la carcel, que si quería matar al presidente (al suyo, claro), que si tenía alguna enfermedad venérea, y un montón de cosas más que yo no entendía. Finalmente, con mi pasaporte en la mano me preguntó "¿Cuánto tiempo querías quedarte en los Estados Unidos?" y yo le respondí "3 meses". Me puso una pegatina en el documento y me advirtió de que en 3 meses no podría salir del país, y ni en caso de defunción podrían repatriar mi cadaver hasta pasado este tiempo.
Me vi en el aeropuerto, sola, perdida y sin saber qué hacer. Traté de llamar a mis padres. Nada. Una operadora me decía algo que no entendía. Intenté contactar con mi "host family". Lo mismo.
Como el día anterior había estado tomando el sol en casa de mi amiga Isabel González (Hoy Isabel Baum, ilustre pintora), la piel se me estaba empezando a "pelar", y mi cara se fue tornando la de una leprosa.
En un mostrador me dijeron que si no era "culpa" mía el haber perdido el vuelo, tenía derecho a un "CSO", que nunca supe lo que era, pero que me sirvió para viajar en el siguiente vuelo a Cleveland, y a una noche de hotel allí, a la espera de la siguiente conexión aérea.
Cuando llegué al hotel mi aspecto era deplorable. No tenía dinero, ni prendas para cambiarme (había facturado mi maleta hasta el destino final), y me había venido la regla. Un desagradable manchurrón adornaba mi ropa, así que lavé todo como pude y me aseé y apañé de mala manera, para, al día siguiente coger el último vuelo. Resultó ser en un autobús con alas donde sólo viajábamos 8 pasajeros: 7 hombres de traje y corbata y yo.

Al bajar del avión, Delores Wright y su hija Margo -220 kgs entre las dos- me esperaban con una videocámara en modo "on" y diciendo "Hi, Diana!" Y yo allí, con mi piel cayéndose, mi ropa sucia, saludando a la cámara, me sentí la persona más infeliz de la Tierra.
Pensé que la pesadilla había terminado, pero no.
En cuanto recuperé mi maleta y la cargué en el enorme coche de los Wright, me invadió un espanto horroroso. Allí había zapatos desparejados, carretes de hilo y cienes de objetos indefinibles. Coronaba el retrovisor interior una enorme cruz de colores.
Me llevaron al que sería mi hogar durante aquel verano. (En Muskegon, Michigan, por aquellos entonces la localidad con tasa de sida más alta de todo EEUU).

Tengan en cuenta que el grunge reinaba en el mundo y un poco en mi vida, (les recuerdo que tenía 17 años) así que yo estaba más que dispuesta a la porquería y el desorden... Pero lo que allí vi (y viví) es denunciable para cualquier asociación de derechos humanos.
La casa estaba sin terminar. Parte del techo estaba cubierto sólo con plásticos, allí vivían 4 loros parlanchines: Charline, JR, Carlos y Otto. Y varias cacatúas, una perrita, pájaros de todo tipo y ratones que comían lo que a los loros se les caía. Las paredes estaban cubiertas de ofensivos carteles religiosos en los que se leían cosas tipo "The Lord is my shepherd", y de fotos familiares con fondos difuminados. Sobre los muebles se apilaban muñecos viejos, revistas y mucho polvo. Una radio conectada con la policía, permanecía las 24 horas encendida. La (enooormee) televisión también.

La primera vez que me senté a cenar con ellos, se (y me) agarraron las manos y me pidieron que bendijera la mesa en castellano. Empecé bien, pero como no sabía que más decir, acabé haciendo alusión a su notable sobrepeso en mi plegaria, que concluí con un "Amen" muy sentido.

Después de la cena, ella me dijo (en inglés) "¿Sabes que hablo castellano?". Por un momento creí morir. Pero no, sabía unas 10 palabras y todas relacionadas con la religión.
Educadamente les entregué mi regalo de bienvenida: un Lladró que al instante colocaron junto a una figurita de plástico.

En mitad del salón, una fotocopiadora, de estratosféricas dimensiones parecía ser el mueble principal. Cuando pregunté para qué tenían eso allí, sonriente, Delores contestó "...to make Palancas". Ante mi estupefacción, ella me preguntó si "palanca" era una palabra castellana, y al decirle que sí, me ratificó que para eso era la fotocopiadora. Recuerdo que incluso moviendo un tenedor bajo el plato, traté de explicarle lo que era una palanca, pero nunca aclaré el misterio.

El sr. Wright era vigilante nocturno de una fábrica, así que durante el día dormía, y lo único que hacía eran ¡puzzles! Alguna tarde me sentaba con él y le ayudaba a recomponer la imagen del Niágara y cosas así.
La sra. Wright era asistenta por horas, pero en esos momentos no tenía trabajo. Tenían 5 hijas y un hijo al que no conocí, pero el matrimonio vivía solo con sus animalitos, y aquel olímpico verano, también conmigo.

Cada mañana, me despertaban a las 7 para ir a la Iglesia. El segundo mes, de puro aburrimiento, dije que sí. Y mi vida cambió. Allí hice mis primeras amigas.

Apenas podía salir de casa; al parecer era muy peligroso. El vecino, un hemipléjico de 13 años, se dedicaba a disparar con un rifle desde la ventana, sentadito en su silla de ruedas. Había matado a un hombre ya, por lo que sólo me atrevía a cruzar la calle para ir al supermercado a todo correr para que no tuvieran que repatriar mi cadaver varios meses después de morir. Imagínense el stress.

Engordé 12 kgs en total. Mis primeras amigas me pusieron en contacto con otras y éstas con otras más. Para salir con ellas, hube de adaptarme a su estilo y su moda. Yo calzaba amplias camisas de cuadros, vaqueros roídos y desaliñada melena. En manos de Cathy, Alex y Anabel, mi aspecto tornaba bien diferente. Me cardaba el pelo como ellas, me pintaba las uñas de rojo, me ponía un short vaquero, camiseta blanca remangada, calcetín blanco y zapatito negro. Y cuando ya estaba maquillada me decían que no entendían mi empeño por ponerme fea, que así estaba fenomenal. Nuestros planes eran ir al Mall (a las 4 de la tarde) y "fichar" a los chicos que nos gustaban. Alguna noche había fiestas en la playa (del lago Michigan) o en alguna casa. Los mayores compraban alcohol y todos bebían como si se fuera a acabar el mundo. Como en las películas, los más guays eran la jefa de animadoras y su novio, el capitán del equipo de beisbol. Muchas se quedaban embarazadas en el instituto, y todos soñaban con salir algún día de ese pueblo. El día más importante de sus vidas era la fiesta de graduación. Después, no pasaba nada en sus biografías.

Ni en la casa donde yo vivía, ni en ninguna de las que visité, vi nunca un libro. Los titulares de los periódicos daban noticias como "El cultivo del cereal sube un 4%" .
Todos eran alcohólicos y/o obesos y/o frustrados. Eran auténtica "white trash".
Delores aseguraba ser medio india, y realicé un viaje con ella a la frontera de Canadá (donde no pude pasar por mi conflictivo pasaporte caducado), a un poblado indio donde me sometieron a un rito para no tener pesadillas nunca, que no sirvió de nada.
Contacté con una chica valenciana de mi edad que vivía a "sólo" 3 horas, y organizamos juntas un viaje a Chicago. Estuvimos 3 días viendo museos y de juerga (Meses después me hice con ella la famosa ruta por Spook, NOD, Chocolate...)

Un día llamó por teléfono a mi casa de Muskegon un chico negro preguntando por mí. La sra. Wright al notar el timbre de voz, le preguntó "¿Eres negro?". Ante la respuesta del chico, ella le espetó "No vuelvas a llamar a esta casa" y colgó. Y a mí me dijo "No hables con negros. Sólo quieren sexo".

Los Wright pertenecían a una secta, llamada "De Colores", así, en castellano, cuyo himno (que cantaban por las tardes acompañados de un órgano que tocaba ella) decía "De colores, de colores se visten los campos en la primavera..." Imaginen mi cara contemplando aquello a diario.

Había días que la fotocopiadora estaba a pleno rendimiento, al parecer el grupo religioso les exigía hacer cada vez más palancas.

Por increíble que parezca, estuve tentada a quedarme allí a vivir. Pero volví a España.

Recuerdo esa extrañeza que produce el tiempo cuando se está fuera. En Madrid todo seguía igual, mientras yo había tenido una larguísima vida paralela.

Comprendí que se había completado un proceso natural y doloroso: me había hecho mayor.
Y repetí COU en Torval´l, un centro heredado de la Institución libre de enseñanza, que resultó ser una pasada.
Lo dice Diana Aller

22 comentarios :

Anónimo dijo...

Que grande! y luego dice mi mujer que porqué no me quiero ir a vivir a América...

Anónimo dijo...

Menudo viaje..
Pon una foto tuya grunge,anda.

MHR dijo...

Este post ha sido tremendo.
Un saludo.

Galahan dijo...

Jaja, sí que es extraño el viaje. Aunque terríblemente familiar. Lo de la casa me ha recordado a Extreme Makeover poderosamente.

Lo de la secta "DeColores" tuvo su rollo por España también. Puedes ver una muestra en "Tranvía a la Malvarrosa". Incluso en su película, recuerdo a Juan Luis Galiardo cantándo la cancioncita.

La cosa es que su saludo era ese: ¿Cómo te encuentras? "De colores!".

A ver cuando puedo hacer el Coast to Coast que tantas ganas tengo.

Saludos!

Guille dijo...

Coño, aquí hay detalles que no me habías contado. Me encanta esta historia.

FBlack dijo...

bueno a mi me pasaron cosas distintas pero aún asi coincidentes en cuanto a lo freakis y lo dispares...al final saqué como conclusión evidente que como se vive en este país no se vive en ningún sitio. Una pena que no pudieras visitar Canada, te habría encantado.
Saludos!

Pensador Borroso dijo...

Impresionante, como siempre.

Anónimo dijo...

Yo vivo en USA actualmente y tengo familia en Michigan, pero en una ciudad grande. Creo que todo lo que viviste tiene en parte que ver con que te fuiste a un pueblo perdido en medio de la nada. Imaginate si a un americano medio le mandan con una familia ultracatolica y sus hijas de colegio de monjas a un pueblo perdido de Toledo. Pues fliparia, lógicamente, y tendría una idea de cómo vivimos en España que quizá no sería del todo correcta.

Evidentemente hay muchas diferencias culturales. Pero yo vivo en una ciudad mediana muy interesante, llena de universidades y bastante bonita en la que sólo he visto gente de lo más normal. Tu historia es memorable, genial, y retrata un tipo de gente que existe en este país, pero es una visión sesgada de su cultura. No has vuelto desde entonces a otros lugares de USA? Si es que sí, a que tu experiencia fue muy diferente?

rai dijo...

Buen post, tia ;-)

Eso de que vuelves a casa y todo está igual -menos tu- es totalmente cierto.

lo de "colores" me suena, mi madre alguna vez me ha dicho algo del tema pero no sabia que era una secta.

Astur dijo...

Mira que no saber que son palancas...
Gran historia, ahora comprendo un poco más que procesos formaron a la Diana que ahora conocemos.
De todas maneras si un americano de NY, por ejemplo, fuera a vivir una temporada a cualquier pueblo de las montañas de Asturias o Galicia su impresión no sería mucho mejor, la verdad...

Lo dice Diana Aller dijo...

Claro que he vuelto después a los States, 2 veces. Pero por eso cuento aquí este viaje, porque fue a la América profunda. Si me hubiera ido a NY con amigos, no hubiera supuesto el crecimiento personal que fue este viaje... Besos a todos
Diana Aller

Anónimo dijo...

Pedazo de historia! eso sí, espero un post nuevo contantanto tu opinión y tus anécdotas de la valenciana "Ruta del Bakalao" y sus discotecas (Barraca, Spook, NOD ...) Saludos diana

Roberto dijo...

Palancas ("palanche") en genovés significa "dinero". Los emigrantes italianos exportaron esta palabra a EEUU. Los señores que te hospedaron supongo que no debian tener muy claro lo que es España y lo que es Italia.
Quizás en aquel antro se imprimían billetes de 3 dolares.

Anónimo dijo...

Un post que me trae recuerdos de lo más desasosegantes. Mi experiencia allí se distingue de la suya en dos aspectos. Uno, que mi "host family" no era tan white trash como la de usted. Dos, que a mí ni siquiera me invitaban a las fiestas donde se ponían chuzos y las chicas se cardaban el pelo. Siempre fui un genio de las relaciones sociales. En cualquier caso, estoy de acuerdo en que aquello me aportó una especie de "crecimiento personal".

Chema dijo...

Jajajajaja, cuando terminé la lectura pensé que era muy literaria, pero si hay una secta de colorines, lo demás debe ser verídico 100%. La realidad supera cualquier tipo de fantasía.

oligoqueto dijo...

Coño, por lo que cuentas de tu edad y lo del año olímpico... creo que coincidí en Michigan parte de aquel verano. Y muy cerquita, a unos 230 km, en un pueblo llamado Howell que queda entre Lansing y Detroit.

Y también fue una experiencia rara. Yo con 14 años, lo que más me gustaba era hacer deporte, y allí, en una familia cuyos miembros superaban en peso a los tuyos. Incluso mis primos postizos de 13 años...

Me has hecho recordar muchas cosas.
Un saludo.

ella dijo...

Genial...me hiciste sonreir...nuevamente!!!, por eso me gusta tanto tu blog....excepto alguno q otro q me han parecido "ni fu ni fa", en general siempres logras arrancarme una sonrisa....y eso es estupendo!!!. Gracias

Borja D.F. dijo...

Ahora que te leo me acuerdo de ese rumor que contaba que la canción de TONTXU "Somos de colores" era un himno para una secta rara... será esa, digo yo...

Anónimo dijo...

Yo tambien fui a la America profunda cuando tenia 16 anyos, afortunadamente solo fueron 3 semanas.

Mi familia era black trash. Yo por supuesto tambien les lleve una figurita de Lladro (no veas lo que me he reido).

Eran unos hijosdelagranputa. Para comer, les dije que no me pusieran esos tetrabricks de leche de color rosa, les dije: "yo bebo agua"

Bueno, a partir de aquel dia tuve agua para comer, y tambien para desayunar (se acabo la leche para mi). Gracias a dios una familia portoriquenya me semi-adopto.

El dia de la despedida fue espectacular. Mi familia original, la negra, me regalo una maleta asquerosa que pesaba un cojon y que tuve que arrastrar hasta el JFK, me dijeron que dentro estaban mis regalos de despedida. Cuando ya en Espanya, la abri...habian 20 botellas de agua (!!!!!!) y un juego de perchas de raso rosa que debo decir, me encantan, porque estan acolchaditas.

A pesar de los nefasto de la experiencia, y de que no supuso ningun tipo de crecimiento personal, me encantan los EEUU, pero he necesitado varias estancias posteriores y bueno lo que en realidad me ha reconciliado con el pais es la novela de ficcion americana.

Cristina

rai dijo...

si antes de acabar el curso te mandaron a usa, no hiciste la selectividad, y luego repetiste cou en un colegio distinto... es que debió ser algo gordo, no? la liaste mucho ese año o qué pasó? :D

estoy intrigadisssssimo

Anónimo dijo...

Yo lo que me pregunto es por qué la gente se empeña en hacer turismo exótico tipo a la India y sitios así teniendo tan a mano un país tan peculiar y diferente como los Estados Unidos de América.

Anónimo dijo...

Hola, soy de República Dominicana, y la secta que dices, pues nunca había escuchado nada sobre eso, pero la canción si, la cantan los católicos. Se ve todo en la viña del señor.