miércoles, 2 de abril de 2008

FRANCISCO DE GOYA

Lo alucinante, lo atrayente, lo mejor de Goya es su evolución. Cómo el pintor va dejando traslucir su estado anímico, su locura, su personalidad... cómo se sincera, al fin, frente al lienzo.

Como buen maño, Goya tenía ese punto bruto, cabezota e idealista que le impulsó a plasmar la realidad con gracia sin igual. Si el retratado le caía mal, el pintor lo mostraba poco favorecido, si era su amigo o amante, le favorecía (al -discutible- gusto de la época).
Goya era un Bardém de la vida, alguien que actúa -y muy bien- por pulsiones, una bestia artística que consigue domar la técnica.

Con 17 años va a Madrid y allí "aprende" a pintar. Por supuesto que ya sabía (esas aptitudes se tienen desde el nacimiento), así que perfecciona la técnica adecuándola al gusto decadente del barroco tardío. Se convierte en un maestro de la luz, aunque en pintura no interesa aun demasiado ese concepto. Goya es un adelantado, un incomprendido que va ganando en libertad, va soltando la pincelada...
De su primera época se suele citar "El parasol" (o "El Quitasol"), porque reúne todas las características de esta ilusionante etapa: Ensalza el amor y la juventud, centra la imagen y añade los elementos típicos de este tipo de escenas costumbristas: la ramita del árbol, el animal de compañía... todo muy bucólico y agradable. Goya está expectante, deseando mostrar al mundo la felicidad, la paz y su saber hacer. Va a Italia, se casa... Lleva una vida positiva e "in crescendo". Los mecenas le van manteniendo y él va soltándose más en su pintura. Se convierte en un gran retratista. De hecho su carrera bien podría contarse por medio de sus autorretratos, de una sinceridad y evolución que asusta. En un claro homenaje a Velázquez, pinta un Cristo Crucificado, con lo que consigue ser valedor también de la pintura religiosa, demostrar sus conocimientos de anatomía y practicar el claroscuro con siniestra maestría.
En su época de pintor de cámara, retrata a la nobleza con un ojo muy crítico (Para retratar a Godoy expulsa toda su mala hostia y le muestra como el baboso inutil y trepa que debía ser en realidad.

Las majas, sobre las que es divertidísimo especular, son al parecer retratos pornográficos (para la época lo eran) que alguien encargó a Francisco de Goya. A partir de ahí todo es misterio. Se dice que podría ser la Duquesa de Alba, quien mantenía ilícitas relaciones con media Corte de Carlos IV. Podría ser la amante del propio Godoy, o incluso una real prostituta. También se apunta la teoría de que la vestida presidiera un agradable rincón palaciego, y tras de ella se situara la desnuda, para deleite sexual de quien encargara los cuadros. Sin embargo, este antecedente de la pornografía impresa es una maravilla artística, tan notable como cualquier otra obra de Goya: destaca sobre todo la plasticidad de las texturas: las telas, recias o vaporosas y la piel de la Maja (a la que por cierto se le suele reconocer como la Duquesa de Alba porque uno de sus rasgos característicos era la -gran- separación entre sus pechos).


Su gusto se va retorciendo, y a la vez se va llenando de concesiones más profundas. En la serie de los Caprichos, se muestra además como un genial dibujante y esta obra en apariencia sencilla, es el punto de partida para muchos artistas y también para un nuevo punto de vista en la obra de este maño universal. La frase "El Sueño de la Razón Produce Monstuos" es una crítica a los vicios universales, a los miedos humanos... pero también es la base misma de la ontología. Tengamos en cuenta que es la época de la Ilustración, y que Goya había alcanzado ya su cima como pintor... Así que, en plan cascarrabias y esotérico, se dibuja a sí mismo poseído por sus propias pesadillas.
A partir de ahí se le va la olla. Ya no dibuja conforme a ningún canon. Los temas que le obsesionan y atormentan se repiten una y otra vez hasta poder con él: la brujería y el oscurantismo, la estulticia humana, las supersticiones, la sátira social...


En uno de sus autorretratos más conocido (el de 1815, está en el Prado) le vemos inclinar levemente una oreja hacia el espectador... Goya se estaba quedando sordo, algo que le aislaba del mundo que tanto gustaba de criticar. Se vuelve más tozudo, más baturro aun si cabe...
Le toca vivir época de revueltas y consigue plasmar con una crudeza feroz los enfrentamientos del 2 de Mayo y los fusilamientos del día siguiente. Al parecer son parte de una serie de 6 cuadros que ha pasado incompleta a la historia... Goya es el maestro del tenebrismo: Pocos han sabido describir el horror sólo con una mirada, y Goya hace mucho más que eso. La composición es prácticamente cinematográfica, la acción principal transcurre en un lado del cuadro, "enfocando" después un montón de acciones secundarias... Es en realidad un ataque directo, crítico y muy personal a los horrores de la guerra. Ríanse de la familia Bardém con sus pegatinas de "No a la guerra"...
En el cuadro de los levantamientos del 2 de Mayo (Conocido también como "La carga de los Mamelucos") se repiten algunos personajes y trazas artísticas que vuelven en "Los fusilamientos..." Ya nada será igual. Ni en España, país de bárbaros ni para Goya, genio de la pintura universal.
Aunque no estoy siguiendo un órden estrictamente cronológico para contar todo esto , sí que culmino con las pinturas negras, esas que se arrancaron (no muy bien) de las paredes de la Quinta del Sordo, donde el pintor terminó sus días, enloquecido, muy mayor y más gótico que nadie. La verdad es que si Búmbury llega a viejo, me lo imagino un poco así... En el caso de Goya (contrario, creo al de Bumbury), con la edad ganó en maestría, desaprendió todos los preceptos pictóricos para adentrarse en la creación en estado puro.

Sus pinturas se convierten en pulsión pura, y si visitan el Prado, comprobarán cómo los ojos en alguno de estos cuadros, están dibujados con el propio dedo del pintor. La creación más enigmática de esta serie es este cuadro en el que se representa un perro, no se sabe si salvándose o hundiéndose, pero que adelanta a los ismos de vanguardia en composición, en narrativa y en técnica. Pocas obras hay tan sobrecogedoras, tan capaces de provocar angustia, soledad... Es el pesimismo mejor plasmado de la historia del arte, es malrollero a más no poder...
Es indiscutible la genialidad de Goya, cómo un hombre tan sencillo, normal, racional es dominado por su propio genio creador.










Lo dice Diana Aller

3 comentarios :

vanesa dijo...

Ay Diana...  Me encanta cuando hablas de arte!!  Y más aún si lo haces de Goya, mi más ilustre paisano... 

Anónimo dijo...

Me encanta este repaso rápido, didáctico... Me gustaría que hablaras de algun cuadro en concreto en una entrada. El arte, cuando te lo explican bien, es una gozada. Gracias, Di ¿Tus amigos te llaman Di, verdad?? :)

Anónimo dijo...

Yo todavía vibro con la explicación de las Meninas!! Estoy de acuerdo con el Anónimo: Me encanta cuando te centras en un cuadro. Por cierto... Dios mío... Bunbury!!! Bunbury!!! Lo confieso: Soy mega fan de su carrera en solitario!!!!

M!