miércoles, 12 de diciembre de 2007

VAMOS CON LAS MENINAS



Verán ustedes, este es un caso demasiado espectacular para explicar. De hecho, después de la Venus, habríamos de pasar por El Aguador y Las Hilanderas, para introducirnos en el complicado mundo velazquiano, de la imagen dentro de la imagen. Pero por ahorrarnos (ustedes y yo) ese paso -vivimos (ustedes y yo)en la era de la urgencia- vamos directamente al summun de la pintura figurativa.

Para empezar, les propongo cojan papel y lápiz. Miren detenidamente el cuadro aquí arriba reproducido. A continuación tápenlo y traten de esbozarlo sobre el papel. Evidentemente no hace falta detalle alguno, basta con una esquemática plantilla.

Comparen lo que han dibujado con la réplica de aquí. De hecho, comparen sólo la distribución del espacio. La acción del cuadro ocupa sólo el tercio inferior. Si así lo han dibujado, enhorabuena, son capaces de encuadrar de una forma bien distinta a cómo lo suele hacer el cerebro humano.
Este peculiar encaje de "Efecto caja" es en realidad el marco de un juego de prspectivas y claroscuros perfectamente diseñados para mostrar algo que nunca antes en pintura se había conseguido: pintar el aire. Ya en las hilanderas, el movimiento de la rueca muestra el único precedente similar.

Si viven en Madrid les recomiendo el siguiente cultural ejercicio: Fumen un porro (da igual hachís o marihuana) en la puerta del Museo del Prado, y a continuación entren a degustar "Las Meninas". Sitúense lo más cerca que se les permita en el centro del cuadro. Comprobarán como "entran" sin problema dentro de él. Esto se debe al THC del porro y a la perspectiva etérea que les comentaba.

Este peculiar encuadre representa una reunión informal en la habitación del principe del segundo piso del Alcazar de los Austrias de Madrid (utlizado como taller de verano por el pintor) desaparecido en un incendio –seguramente provocado por los borbones e iniciado en las cocinas- en el 1700. Los planos que se han estudiado al respecto confirman que se trata de la representación exacta –e intencionada- de un lugar real, ese cuarto del principe.

Al no ser un "posado" tradicional (es una escena "improvisada"), estamos hablando de la primera instantánea de la historia. Si me apuran incluso de la primera fotografía.

Delante, de izquierda a derecha encontramos a María Agustina Sarmiento haciendo una reverencia y ofreciendo en una bandeja plateada un jarrito rojo a la infanta Margarita de Austria que se encuentra en el centro de la composición. Un poco más a la derecha vemos a otra menina, Isabel de Velasco, que también muestra sus respetos mediante una suave reverencia. La siguiente es Maribárbola, enana macrocéfala de origen alemán, y Nicolasillo Pertusato, también enano, que al más puro estilo Froilán en bodas reales, da una patada a un gran mastín tumbado en el suelo.

Deducimos de esta escena varias cosas: Que Velázquez está retratando a la infanta y sus meninas de compañía. Que la niña (de unos 6 años) ha pedido agua y en ese preciso instante se la están sirviendo. Que algo está ocurriendo en ese mismo momento, para que Isabel de Velasco comience una genuflexión y la Infantita y la enena miren de frente, al espectador.

La respuesta, naturalmente, la tenemos en la extraña disposición de los personajes de atrás:
En el plano medio está Marcela de Ulloa, señora de honor, y un guardadamas, un alucinante personaje a reivindicar desde el punto de vista laboral. Al fondo, José de Nieto Velázquez, el aposentador de la reina. Y a la izquierda Velázquez está pintando un gran óleo. En la pared del fondo, reflejadas en un espejo, las imágenes de los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, con un dosel rojo arriba, como era costumbre representar a la monarquía en los retratos oficiales, y aquí como garantía de autenticidad.
El propio Velázquez (Rejuvenecido más de una década con respecto a la edad a la que pintó el cuadro) ha dejado de pintar sorprendido por un acontecimiento que ocurre fuera de los límites del cuadro.
Lo que ha ocurrido es que están entrando los reyes en aquel aposento. De hecho les vemos reflejados justo en frente del fumado espectador del cuadro, lo que a su vez quiere decir que sitúa al espectador (fumado o no)en el mismo lugar que la monarquía, todo un atrevimiento para la mentalidad de la época.
El gran misterio es ¿Qué coño está pintando Velázquez? Porque para autorretratarse necesitaría un espejo; es decir, la escena que vemos no es la que está pintando salvo que se ayude de un espejo... De hecho, este cuadro sólo tiene sentido óptico si se ve desde las pupilas de los reyes.
Y aquí es necesario introducir dos datos con respecto al universal pintor: Velazquez era listo. De hecho era un genio, además de poseer una envidiable formación intelectual; y en su época ser pintor (artista) aunque fuera de la corte, se consideraba una actividad técnica, una mera cualidad artesana. También en el barroco, imperaba un atroz clasismo, donde las personas eran de diferente rango por la pertenencia o no a nobles castas. Para ser escuchado, apreciado y tenido en cuenta, Velázquez luchó toda su vida por la pertenencia a la órden de Santiago, aunque en realidad no le correspondía. Se la concedieron justo antes de morir, aunque, él ya se engalona con el logo de la cruz de Santiago al autorretratarse con las Meninas.
¿Cómo explicar a la posteridad que el arte es una categoría -Aristotélica de hecho- más allá de la mera técnica? Como hizo él con sutil grandiosidad.

En la pared del fondo del cuadro hay dos reproducciones de Juan Bautista del Mazo -alumno y yerno de Velázquez- de dos cuadros mitológicos de Rubens (Minerva y Aracne) y de Jordaens (Apolo y Pan), demostrando que la pintura es un arte magistral y noble en sí mismo.

Lo que viene a decir al crear este lugar ilusorio entre nuestro espacio y el pictórico es que estará por siempre ocupado por los que más pueden ennoblecer cualquier cosa con su presencia: Los REYES (que significan lo más de lo más en la escala de valores velazquiana y barroca)espectadores eternos de lujo, que son en realidad el propio espectador.
Es decir, es un piropazo a usted, espectador inteligente, y tal vez fumado; y un elogio a la pintura como expresión artística.

La tensión entre forma y contenido es lo que produce esta extraña fascinación al contemplar el cuadro. Técnicamente es insuperable. El conjunto de perspectivas utilizadas es único y produce un efecto atmosférico donde se ha consiguido pintar el aire entre las figuras.

Espero sepan disculpar mi tedioso discurso, a mí estas cosas me llenan de gozo tanto como las palomitas de microondas; es decir, mucho.

Lo dice Diana Aller

4 comentarios :

Nacho dijo...

Muy interesante, la verdad. Sólo comentar unas cosillas, según lei lo que pide la infanta no es agua sino aguamiel (al parecer se servía en esas jarritas), una bebida indiana y con ello se hacer referencia al imperio español en ultramar.

Por otro lado, yo creo que lo que pinta Velazquez es un retrato de los reyes. Si te fijas en el espejo ambos están hieráticos y en disposición frontal respecto al plano que ocupa Velázquez, es decir, como si estuvieran posando.

Y sólo una discrepancia: dices que es "la primera instantánea de la historia". Creo que este honor le corresponde a Rembrant y su "Ronda de Noche" (1642), no?

Anónimo dijo...

pst,

Los blogs suelen ser aburridos,
el tuyo es notable excepción,
corrige la grafía de súmmum,
haz feliz a este fiel lector.

ines dijo...

hola, me he encontrado con tu blog y me encanta:) la pintura barroca también... creo que la cruz de santiago se le impuso a velazquez en el 1659 y se pintó a posteriori sobre él, porque este cuadro es en realidad un homenaje al pintor de camara y un recuerdo de su posición en la corte. Velazquez está pintando a los reyes que posan con las cortinas rojas, las meninas y la infanta están observando esa escena, por eso están de manera natural... pero realmente Velazquez está pintando como él pinta a los reyes y el lugar que ocupa con respecto a la famila real. Sin embargo, la realidad de la escena fue otra muy diferente ya que velazquez pintaba a las meninas sobre ese lienzo y enfrente de él no habia otra cosa más que un espejo, detrás se reflejaban las meninas que a su vez se reflejaban otra vez, y otra...

o eso tengo yo entendido!! besos:)

Lo dice Diana Aller dijo...

Inés, tanto lo que he contado aquí como lo que explica usted, son teorías. Desgraciadamente es imposible saber la intencionalidad del cuadro y su causalidad. Respecto a la cruz de Santiago sobre el pecho de Velázquez... Parece que es mera leyenda eso de que lo pintaran a posteriori.
Anónimo ¿De verdad es usted feliz si corrijo summun? Qué petición más rara...
Y ya que estamos, Nacho, gracias por el agua miel. Estaba riquísima.