martes, 11 de diciembre de 2007

LA VENUS DEL ESPEJO


Para analizar un cuadro -sobre todo de Velázquez- hay que estudiar la escena con el esmero de Denzel Washington en una peli de crímenes. Hay que analizar qué está ocurriendo en realidad.
Veamos, una mujer, recostada desnuda se mira en el espejo que un niño alado sujeta. En teoría ella es Venus, diosa de la belleza, y así se ha interpretado siempre (y así queda claro con el título de la obra). Y en teoría el niño es Cupido, su hijo, Dios del amor.
Si tenemos en cuenta que Velázquez era un genio más allá de la pintura y que sus cuadros eran un desafío a lo establecido, podemos ir descifrando lo que de verdad está diciendo con esta pintura.
Para empezar "encierra" a la diosa entre cortinas y sábanas, en un espacio delimitado, más humano que sobrenatural, como sería propio de una diosa y del gusto barroco de la época. Ella, muestra con descaro sus posaderas al espectador, en una actitud ofensivamente natural para el estatus de una venus. Porque, efectivamente, NO lo es. Es una mujer, cualquier mujer de hecho.
La perfecta curva de la cintura y cadera, aun hoy, con nuestros estrictos baremos estéticos, conforman una mujer atractiva, saludable y joven. Es por tanto deseable y sensual.
El ángulo del espejo en el que se refleja su cara, es erróneo, de hecho la física y la óptica nos dicen que así colocado, en realidad nos debería devolver la imagen de los pechos de la mujer. Velázquez no se equivocaría en algo así, es un juego, que tanto gustaba al pintor y que alcanza su máximo esplendor en Las Meninas, que ya explicaré en otra ocasión porque es la bomba.
Sin embargo lo que nos está mostrando es la cara de una aldeana, zafia, fea, sin gusto. Nada que ver con la nuca sensual, la piel de porcelana y el atractivo de la mujer recostada. ¿Qué está ocurriendo realmente? Para entenderlo, fíjense en el niño alado, con su "porta-flechas" y todo. Ni sombra de duda de que, efectivamente, es Cupido, dios del amor.
Cupido tiene entre las manos con las que sujeta el espejo, una cinta rosa que resbala, porque se la acaba de desatar de su cabeza. Tenía los ojos tapados.
Y eso es lo que el maestro Diego Velázquez nos está contando: Que el amor es ciego, y cuando estamos enamorados percibimos a una garrula como una Venus. He leído interpretaciones de este cuadro complicadísimas: sobre la soberbia, la mitología, la vanidad y la verdad. No, como en las pelis de asesinos basta ser observador en la escena del crimen.

Lo dice Diana Aller

9 comentarios :

krach dijo...

Fastuoso. Me ha encantado. Yo además siempre he pensado que era una prostituta, porque esas cortinas tienen un tufillo a burdel que ni el "One yed jack" de Twin Peaks...

Y tienes razón en que es una tipa normal, y no gorda (para la época, es casi anoréxica).

Coquin cupidon dijo...

quelle figure grossière, avec cet air péquenot... décidément pas comme la votre; Diana, excusez-moi cette désinvolture mais hélas! vous êtes la plus belle fille au monde!

vanesa dijo...

Divino...

JaJeJiJoJurl dijo...

Genial, me ha encantado esta teoría y desbarata lo que yo pensaba (que era una cortesana-prostituta de Palacio).
Besos

Fanmakimaki ファンマキマキ dijo...

curiosa interpretación. Yo pensé que era un cuadro erótico sin más disfrazado de mitología.

Anónimo dijo...

Muy interesante! Me ha flipado tener este otro punto de vista del cuadro... Me pido otro post con las Meninas!!!!!!!
Saludos barceloneses!

MHR dijo...

Estupendo :)

Concha dijo...

Diana, no sabía que tenías ese afición y esa capacidad análitica para la pintura, eso es fantático para el cine ¿sabes? yo siempre he pensado que deber´ía estudiar pintura para continuar formandome "cinematográficamente". Ole guapa.

Pakua dijo...

Me encanta este cuadro. El único desnudo de Velázquez... tenían que llevárselo a Londres, claro. Me encandila esa nuca. Pero realmente hasta leer tu comentario no había visto más crimen que el de que no estuviera en El Prado. Y sí.

Salud!