miércoles, 24 de octubre de 2007

UN MUNDO IDEAL


Imagino una ciudad-Estado, al estilo griego, donde los ciudadanos se rijan por unas normas flexibles y adaptadas. Los castigos se basan en el humor ¿Qué ha robado un banco? Pues se queda con el dinero, por listo. ¿Qué ha sido con intimidación? Pues para subsanar el perjuicio psicológico debe asistir a un concierto y unas noches de marcha con los que ha intimidado, pagando todo, claro, hasta confraternizar con ellos y eliminar así el posible trauma.
Imagino una moneda, con caras de ciudadanos, así, al azar; y también unas casas preciosas rollo urbanización de lujo.
Arquitectónicamente todo estaría inspirado por la noción de Babilonia, de terrazas, vegetación exuberante y armonía.
Se haría especial hincapié en el aprovechamiento de los recursos naturales: energía eólica, solar, aprovechamiento de residuos… y reciclaje de prácticamente todo.
Las calles, las tiendas y las casas estarían llenas de plantas naturales y artificiales, el verde sería el color predominante y hasta los letreros de los comercios, se someterían a un estricto juicio estético.
Los órganos de Gobierno irían rotando a sus miembros entre aquellos que demostraran tener proyectos viables, sociales y aperturistas, porque, por supuesto sería una dictadura, aunque no se basaría en las decisiones de uno sólo, sino de varios individuos solventes intelectualmente hablando. Por supuesto yo elegiría a esos individuos, pensando en el bien común y a largo plazo.
El problema de la política, el amor y todo en la vida es principalmente ése: que se tiende a procurar el propio bien y a corto plazo; y así nos va.
En mi ciudad-estado se impulsaría el arte en todas sus vertientes, se ponderaría la cultura oral, el amor a los demás y el respeto como bien supremo.
Por supuesto no hay pena de muerte, pero sí esterilización selectiva como método de control demográfico. Aunque habría excepciones, se regularía conforme al cociente intelectual y los delitos cometidos de los individuos.
Bajo tierra habría una ciudad subterránea, llena de víveres y enseres para sobrevivir en caso de una hecatombe nuclear.
El medio de transporte sería un ecológico tranvía, decorado por diseñadores de exquisito gusto. Se fomentaría el trueque, el amor libre, el jipismo, el culto a la belleza, la música, el cine y las series de tv.
Quizá algún día lo haga, pero en lugar de una ciudad, sería una secta: “Los niños de Aller”. No lo sé, ya lo pensaré...

Lo dice Diana Aller

3 comentarios :

krach dijo...

No suena mal. Yo hace tiempo que me declaré república independiente de mi misma. Mi problema son las relaciones internacionales... hay repúblicas independientes absurdas por ahí fuera...

Nacho dijo...

Bastante de acuerdo con todo pero hay una cosa que me ha rechinado hasta hacer crujir el más pequeño de mis huesos: "¿¿¿¿plantas artificiales????" No hay nada más triste que un plástico con forma vegetal.

Además, el Feng Sui dice que las plantas artificiales son malisimas de lo peor.

Por lo demás, perfecto. Quiero una casa en Aller City

Deku dijo...

Amor libre eh... algún día...