lunes, 13 de agosto de 2007

YO Y TÚ, OBJETOS DE LUJO (EL PERSONISMO: LA PRIMERA REVOLUCIÓN CULTURAL DEL SIGLO XXI)

“En la primera modernidad, la instancia suprema se identificaba con el pueblo soberano. Después, durante buena parte del siglo XIX, su lugar vino a ocuparlo la nación.. Finalmente, con la expansión del marxismo y el comunismo soviético, el proletariado se erigió en la gloriosa medida de la Revolución ¿Qué ocurre ahora? Que todas estas construcciones de la modernidad han caído en picado: ni el pueblo existe más allá del turismo rural, ni el nacionalismo es otra cosa que un pretexto para la manipulación, ni el proletariado tiene prole. La única instancia ascendente en el vademécum político es la “sociedad civil”, designación que encubre, en las cátedras políticas, el nombre de sociedad de consumo.

La sociedad civil odia la violencia: el acoso sexual, el bulling, la violencia de género, los incendios forestales, el embotellamiento de las ciudades, las doctrinas fuertes. La sociedad civil es un concepto beato que permite dar cabida a lo más heterogeneo pero sin extremosidad. En las situaciones de emergencia, representa todo lo bueno y sano contra la acechanza terrorista, el demonio epidemiológico o la catástrofe natural.

Buena, mala o regular, la fuerza de la sociedad civil es todo lo que se le ocurre actualmente al músculo de la subversión, puesto que el enemigo no se materializa ya en burgueses avaros o invasores estrafalarios, sino que, como muestran las películas de terror, llega en forma de virus misteriosos y enfermedades transparentes. De verdad, la vida de la sociedad civil sólo aparece netamente cuando salta la alarma o la hecatombe –real o ficticia- la rodea. Todos somos sociedad civil, gente común, asustada e inocente. Tan infantil como escolarizada. Educada para votar y soportar la tabarra de los políticos sin caer en la tentación de quemar el establecimiento.

(…) Nadie sabe en efecto qué significa “Sociedad Civil” debido a su delicadeza. La sociedad civil no aspira, como el proletariado, a un gran Paraíso y se conforma, casi siempre, con que se la evoque, se la vacune, le limpien las aceras y se la encueste de vez en cuando.

(…) La sociedad civil emplea el tiempo en sobreponerse al tedio, el cansancio y la necedad. ¿Proyectos? La sociedad civil no posee un proyecto que no sea la familia, la salud, el dinero y la paz. Descarta el estallido revolucionario y también la política de los políticos, tan visiblemente inútiles como democráticamente elegidos”

Lo dice Vicente Verdú (pags 148 y 149, Ed. Mondadori de Bolsillo)

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