martes, 17 de julio de 2007

IL REDENTORE






He tenido el honor de asistir la semana pasada a una fiesta increíble en Venecia.
Esta ciudad fue asediada por la peste en 3 virulentas oleadas. Teniendo en cuenta que la intrínseca humedad veneciana es el hábitat perfecto para las ratas que transmitían esta enfermedad, es para imaginarse lo difícil de la erradicación.
Desesperados, los venecianos se encomendaron al Cristo Redentore, y le ofrecieron, a cambio del fin de la peste, un puente para llegar hasta su iglesia.
Desde entonces cada año se construye un puente (no permanente) en conmemoración de la divina erradicación.

Borja y yo embarcamos en el avión junto con una despedida de soltero, que iban armándola en el avión. En el aire conocimos a Manuel, un encantador catedrático de arquitectura lleno de vitalidad y cultura que hizo de cicerone en nuestras primeras horas.

El chico que decía adiós a su soltería (travestido para la ocasión) y sus amigos pijos de camisas Ralph Lauren, llevaban botellas de alcohol y montaron una juerga increíble, que Manuel inmortalizó con fotos. Les dijo “Si tenéis algún problema, o acabáis mal, o detenidos, decid que el travestido es hijo del cónsul. (Les facilitó incluso nombre y algún dato personal más). Más tarde nos aclararía que al cónsul español, su amigo, siempre le gastaban bromas de todo tipo)

Un taxi acuático nos recogió en el aeropuerto, y Eros, su conductor, surcó a una peligrosísima velocidad las oscuras aguas que nos separaban de la ciudad. Sólo desatendía el movil para gritar “Teste!” (¡cabezas!) antes de atravesar algún puente bajo. Por supuesto íbamos de pie, disfrutando del viento húmedo en nuestras caras.

Nos hospedamos en la Casa Aguaviva, propiedad de Alejandro y Arcadio, los anfitriones de la fiesta.
Nos perdimos por callejuelas, canales, jardines y puentes, y embriagada por tanta belleza, apenas pude dormir. Entiendo que digan que es la ciudad del amor, por las esquinas y los embarcaderos las parejas se besan y abrazan; está llena de turistas y millonarios y es imposible encontrar un rincón feo.

La fiesta en sí, consistió en reunirnos en el “palazzo” de Alejandro. Adjunto foto de Borja en el quicio de la ventana, con la espectacular vista al gran canal; y otra instantánea en la que Manuel y Pedro Cerolo se despiden en el watertaxi del hogar de Alejando (al fondo). Allí un barítono de portentosa e incontrolada voz deleitaba a los invitados (cónsules, empresarios, mayoría masculina, mayoría gay y mayoría fascinante) acompañado de una soprano y un pianista.

Después tomamos un aperitivo de sushi y jamón (con cortador de lujo incluido) regado con champagne y hablamos con Jesús, un muchacho encantador, amante de lo absurdo (y a la postre, marido de Cerolo) y con Irma una impenitente viajera que había empezado a trabajar en la embajada española hacía 2 semanas.

En góndolas y barcas, todos los invitados fuimos Gran Canal abajo para asistir a uno de los espectáculos más hermosos del planeta: Música, fuegos artificiales y cientos de personas sobre el agua observando. Fue sobrecogedor.

Al regreso, pinchamos en una galería y patio de la casa (allí mismo se rodó una espectacular pelea de la película “Casino Royale”). La mesa de mezclas sobre una góndola de hace 2 siglos y todos bailando, bebiendo y charlando. Sonó Abba, Mika, Sissorsisters, Chico y chica, Gloria Gaynor e incluso "Venezia" de los Hombres G.

Por la noche no pude dormir. Seguí escuchando música (esta vez en el ipod) viendo cómo amanecía en Venecia, y pensando en lo intenso, doliente y real que es el amor.

No tengo forma de agradecer a Alvaro Castro (fue compañero de clase en el CEU) el haberme procurado tal viaje y el conocer a gente tan estupenda. (Se me olvida mencionar a Fernando y Ana, grandes conversadores y propietarios de la agencia publicitaria Adsolut).
Creo que soy una privilegiada al haber visitado por vez primera Venecia en una ocasión sumamente festiva y especial.

Lo dice Diana Aller

1 comentario :

Hans dijo...

Una crónica perfecta. Es de bien nacidos ser agradecidos.