martes, 24 de mayo de 2016

HAN ENVEJECIDO MAL

El paso del tiempo es cruel. Pero a veces además es salvaje y despiadado. No solo hace mella en las modas, la piel o la salud. Nos recuerda, que el presente y lo efímero es en realidad lo único que nos pertenece, y no es gran cosa. Veamos unos ilustrativos ejemplos:

-Las películas de Hombres G "Sufre Mamón"(1987) y "Suéltate el pelo" (1988). Además de que se oyen fatal (algo inherente a cierto cine español), están llenas de estereotipos chungos, muy propios del desarrollismo ochentero. La primera puede tener cierto aquél por la narrativa de grupo pijo con pintas punk, cuyo enemigo se llama Ricky Lacoste y tiene un grupo que vuelve locas a las chicas (que se llama "Fiebre Amarilla"). Aunque a partir de ahí todo es chusco y profundamente hiriente. Recuerdo que cuando fui al cine a verla, todas las asistentes abucheábamos a la novia (en la ficción y en la realidad) de David Summers.
"Suéltate el pelo" es sencillamente mala y sin chispa. Lo más curioso es ver a Tony Cantó interpretándose a sí mismo. Y ya. Verlas hoy es una oda a la vergüenza ajena e incluso a la propia.


-Terelu Campos. Cierto que nunca fue adalid de belleza ni musa del buen gusto, pero hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la hija de Maria Teresa Campos era un icono sexual, la típica guapa ordinaria con pinta de sudar mucho durante el coito. Hoy se deprime por estar -según sus propias palabras-"vieja, gorda y fea". Tal vez su recuerdo sea nuestra constancia de que hay que aprovechar el momento por una parte, y cultivar el cerebro, por otra, para amortiguar el chasco tan brutal que nos depara la vida a todos. A todos.




-En ciertos videojuegos se intuye un durísimo paso del tiempo. Y para los flipados que nunca los han dejado del todo, es la línea gráfica lo que más les delata. Cuando comenzó el movimiento, el volumen y el 3D, se crearon gráficos poligonales con aparente Parkinson que en el presente dan cierta lastimita... Hoy resulta más hermoso y divertido cualquier juego plano 2d de antaño que el Final Fantasy.

-Felipe González cuando yo era niña me parecía un jabalí. Los adultos del momento le percibían como un hombre dotado para la política y la comunicación, con un natural posicionamiento hacia las luchas obreras. Yo estudié con sus hijos, y muy amables ellos, en Navidad traían turrones y productos que llegaban a la Moncloa para repartir entre los estudiantes para que no se caducaran. Hoy este señor es un bluf como tantos otros de su generación, postrado al poderoso don dinero, a través de su consultoría, de Gas Natural y de negocios al límite (por no decir violadores) de la moralidad. Físicamente ahora se parece más al Golosina que a cualquier animal.




-El Parque de Atracciones de Madrid. Es una pena que no lo hayan mantenido con la estética de los años 70 que hoy resulta tan mágica y misteriosa. En lugar de eso, han ido parcheando zonas y atracciones al gusto del momento. Está bastante al día (aunque compartir comunidad autónoma con el acicalado y tecnológico Parque Warner es durísimo) y tratan de resultar competitivos. Pero no tiene alma. Cada zona y cada atracción queda diseminada en torno a una estructura urbanística hermosa y retro, pero sin coherencia.







-El logo de Burger King. Antaño era bonito, pero con esa manía de sombrear y crear volúmenes tan noventera, hoy pese a ser distintivo y bien afianzado, resulta feo, sin gracia. El de su competidor McDonald´s soporta mejor los embistes del tiempo.



-La Constitución Española de 1978. Se lo tengo dicho a todos ustedes: Es un despropósito absoluto. Está llena de contradicciones, y recoge generalidades abstractas de difícil aplicación. No se corresponde con nuestra época, no asume ni legisla los problemas actuales, y no se aplica ni se obedece como se debería (Todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna, sí, claro). Sin embargo se venera ciegamente, se impone, se maquilla. (En los colegios se sigue estudiando con la ceguera de antaño). A ver cuando utilizamos la línea participativa que tanto nos gusta últimamente para elaborar un documento que satisfaga y luche por una mayoría de españoles y residentes en España. La semana que viene, creo que me pondré a ello.

Lo dice Diana Aller

jueves, 12 de mayo de 2016

SÍ SE PUEDE

Hay una frase que me encanta de Margaret Mead, antropóloga, que me subyuga. Resulta además esperanzadora y realista:

Cada vez existe mayor conciencia de un montón de cosas, y me gusta pensar que algo tiene que ver con el activismo, el señalamiento en redes sociales y los periodistas que a la mínima introducimos nuestras protestas y proclamas en nuestros textos.

Ayer, con un feliz estupor vi por vez primera cómo se han utilizado positivamente los roles de género tradicionales en una campaña comercial y además dirigida a niños.

Estoy tan harta de que se promueva la imagen de princesas pasivazas y lerdas, como de que se muestre como algo débil, chungo o de categoría inferior (el feminismo de la igualdad tiende a juzgar la cursilería o la preocupación estética como algo nocivo en sí).
Quizá la marca sólo quiere limpiar su imagen, pero el caso es que han lanzado unos spots acertadísimos y muy acordes con la sensibilidad infantil. Igual que protestamos por la publicidad ofensiva y cosificadora hacia las mujeres (En ZAS somos expertas en este señalamiento haciendo nuestras propias versiones de anuncios), debemos aplaudir las cosas bien hechas, y esta campaña lo es. Hay un anuncio que visibiliza de una forma natural la homosexualidad, y otro que se ríe sanamente de los estereotipos de genero: ¡Ole!
No los encuentro en youtube, pero estén atentos si lo ven: En una obra de teatro la niña que interpreta a una princesa, termina colocándose un escudo y enfrentándose al dragón, provocando además la admiración del niño que interpreta al príncipe. Sí, queridas niñas, vuestra valentía, capacidad de decisión e independencia, es flipante.



Hoy al dejar a mi hijo en el colegio (Sólo a uno, el otro se ha declarado insumiso a una absurda prueba externa de la LOMCE y no ha asistido) he hojeado y ojeado el diario 20 Minutos y me he encontrado con esto: Un texto sobre el machismo de Masterchef (micromachismos más o menos soterrados).



Es un plagio de los artículos de mis admirados Hombre Confuso y Borjalona, precursores del señalamiento homófono y sexista en temas aparentemente superficiales de medios tradicionales. Es sintomático que les copien, palabra por palabra. Y ellos que son generosos y comprometidos, sé que no protestarán, que estarán orgullosos de haber generado un debate tan necesario. ¡Bravo por ellos!

Más cositas: Mis compañeras de ZAS Madrid se disponen a acometer una hercúlea campaña de #Novotesmachismo, como ya hicieran en la anterior campaña electoral. Lo fuerte es que su iniciativa, sumada a la de otros colectivos, ha servido para que todos los partidos se cuestionen el tratamiento del terrorismo de género, o al menos, integrar a las voces feministas en su discurso. De una forma tímida y cutre, pero por algún sitio se ha de empezar...

Por cierto, se acerca una innecesaria y ostentosa campaña electoral. Por mucho que le doy vueltas, no veo la forma de denunciar a los partidos políticos que utilicen mis datos censales para su mierda de propaganda. Por ahora, sólo puedo advertir a lxs esforzadxs e inocentes trabajadorxs de correos, poniendo esto en mi buzón. Si les parece oportuno, impriman o copien, y hagan lo propio. Y si a alguien se le ocurre una acción para frenar este desaguisado, que me comente y nos ponemos en marcha con ello. Tengo ganas de luchar.

Estoy esperanzada de verdad. Podemos cambiar el mundo. ¡Claro que podemos! De hecho, estamos en ello...

(Prometo que mi próxima columna será sobre temas banales, que es lo que a mí me gusta en la vida)

Lo dice Diana Aller

viernes, 6 de mayo de 2016

EXPECTATIVA Y REALIDAD

El amor es una estafa. Muy gorda. Cuando estamos en proceso de conocer a alguien, en nuestro cerebro rellenamos los huecos que no conocemos de esa persona con idealizaciones perfectas sobre cómo es. Por eso luego llega la DECEPCIÓN, al toparnos con la realidad. A veces cuando ya hemos desarrollado un cariño atroz hacia esa persona y nos hemos vinculado hasta los compromisos más absurdos.
Esto, queridos todos, es el pan nuestro de cada día, el motor vital... Nuestra biografía es una constante tirantez entre expectativas y decepciones. Entre ilusión y realidad.

Veamos algunos ejemplos prácticos:

Alguien encontró unas sencillas instrucciones sobre cómo hacer un pompón multicolor:

Y otra persona siguiendo estas instrucciones, consiguió crear este ñordito bicolor:


Vean también esta pobre mujer que quiso hacer unas zanahorias y unos conejitos para su hija:


Pero le salió una cosa un poco rara para que jugase su hijita:


¿Y qué me dicen de esta chica que vio on line un vestido seductor con una abertura en transparencia y pensó "Lo necesito"?


Imagino sus días esperando, imagino el momento de recoger el paquete en correos, desenvolverlo en el dormitorio, con emoción contenida y deseos de brillar... Y luego, probárselo:


También nos decepciona el envoltorio engañoso de algunos productos:


O el tamaño de ciertos miembros de tíos con los que chateamos... Cuando catamos la realidad, nos damos cuenta de que dista bastante de la foto. (Ruego entiendan que para preservar la intimidad de algunos hombres y sus pollas, ilustre este ejemplo con piscinas hinchables).


También almacenamos emoción a raudales cuando vemos un tutorial de maquillaje o uñas, y nos convencemos del resultado... hasta que tras horas de esfuerzo creativo, lo comprobamos:


Y la máxima ilusión: Proyectar un viaje romántico a Roma. Imaginarnos ya en nuestro destino, pidiendo la mano de nuestra pareja en la Fontana di Trevi.



Y encontrarnos con 43 alemanes colorados en pantalones cortos haciéndose fotos.


O también ese momento de ilusión máxima en que usted dice "Voy a hacer estas piruletas de ranitas tan monas":


Ponerse manos a la obra, y que salga este infraser:


¿Quién no ha pedido de resaca (o de normal) un bocata sólo por la foto?

Esto, lectores es la vida. Así funciona. Claro que entre decepción y decepcción, nos llevamos grandes alegrías. En la cocina, en los viajes, en el trabajo, en el paro, en un bar, en el amor... vamos a seguir teniendo altísimas expectativas, porque -no me negarán- es la gracia.
Ánimo con lo suyo.

Lo dice Diana Aller