miércoles, 26 de noviembre de 2014

CÓMO ALARGAR LAS PESTAÑAS




Las pestañas son superimportantes para embellecer un rostro y enmarcar la mirada. Unas pestañas largas pobladas y onduladas se consideran desde antiguo algo bello y muy seductor. En todas las culturas se ha valorado como un elemento de belleza sobre todo femenino. Esto induce a pensar que la atracción de la mirada responde a cánones biológicos antes que cualquier otra cosa. O lo que es lo mismo: Que es algo muy a tener en cuenta como arma de seducción.




Aquí van unos truquis para tener unas pestañas alucinantes y una mirada arrebatadora:

-Haga una infusión de manzanilla por la noche. Le hará bien: además de sentar el estómago, puede empapar unos algodoncitos (los discos desmaquillantes son perfectos para esto) y dormir con ellos en los párpados. Esto relajará la zona y hará que el nacimiento de las pestañas tenga mejor riego.

-Las cejas, el cabello, los pendientes y el tono de piel deben armonizar y destacar las pestañas. Al hablar con alguien, su mirada se posa en una franja muy estrecha de nosotras; ahí donde reside nuestra forma de ser. Hay que poner un cuidado extremo en la zona de los ojos.

-No conviene utilizar máscara a diario. Y siempre (incluso cuando llegue a casa beoda perdida) debe desmaquillarse perfectamente. Como mínimo, dos días a la semana, las pestañas deberían descansar. Aproveche esos días para lavarlas con aceite de almendras o aceite de ricino. Ambos se encuentran en cualquier herbolario y tienen más usos interesantes (como laxantes, por ejemplo). El pelo de las pestañas se fortalecerá sensiblemente.

-Las pestañas son lo último que debe maquillarse siempre. Es el toque final.

-Depende del efecto que busquemos y de las pestañas que tengamos, pero en líneas generales, todas buscamos unas pestañas largas y espesas. Para ello, la varita para aplicar mola que sea curva. Y con las cerdas definidas y bastante juntas.

-Los fabricantes de cosméticos, que son muy cucos, saben que las consumidoras buscamos varios efectos en una máscara de pestañas: alargar, separar, oscurecer, aportar volumen, rizar... Por eso fabrican sus productos especializados en una sola cosa. Yo propongo mezclar los dos efectos que prefiramos. ¿Cómo? insertando el pincel de un producto en la boca del otro. Una infidelidad que aporta unos resultados buenísimos.

-Añadir una gota -¡una gota!- de aceite de oliva a la máscara de pestañas es un truco infalible.

-Aunque usted no sea de maquillarse mucho, si sólo utiliza máscara de pestañas tendrá un aspecto natural, pero una mirada mucho más enmarcada, y sus ojos se mostrarán sensiblemente más expresivos.

-El principal secreto para que quede bien la máscara de pestañas es "quedarse corta". No hay que hacer más que dos o tres leves pasadas por cada ojo, para que no se apelmace.

-Yo no estoy muy a favor de los rizadores de pestañas. Cumplen su función, pero siempre es mejor modelar con los dedos suavemente después de maquillar. Nuestras manos tienen mayor sensibilidad y no apelmazan. Es cuestión de práctica, y merece la pena aprender.

-Sí a las pestañas postizas. Son cómodas, y sientan bien. Pero hay que tener en cuenta dos cosas: A) Tienen que ser de cierta calidad (esto se sabe básicamente por el precio) y no muy exageradas. Las pestañas fantasía o las "efecto araña", (como las que lleva Kim Kardashian) no sientan bien.




ALGUNOS DETALLITOS MÁS

*Es posible cerrar la boca al maquillarse las pestañas. Pero no ganará nada haciéndolo.
*Cortar las pestañas para que crezcan más fuertes es una brutalidad sin fundamento.
*Las máscaras "waterproof" son las que se fijan mejor (pero también las más engorrosas para desmaquillar)
*Las pestañas postizas requieren de su aprendizaje para ponerse. Es como ponerse lentillas, ponerse un támpax o, si me apuran introducirse un pene. Una vez que se aprende, se convierte en un gesto mecánico. Las de efecto más natural y resultado más espectacular son las de mechoncitos sueltos que se ponen solo en el extremo del ojo.
*La primera vez que escuché la expresión "Arriba la pestaña" fue cuando vivía en Italia. Sentí vergüenza ajena. Años más tarde corroboré tal sonrojo en una polémica campaña de Loewe que probablemente recuerden.
*Una máscara de pestañas es una inversión, y las firmas baratas no son recomendables porque tardan en secarse, son untosas y no duran. Están bastante bien las de Dior y también las de Clinique, que son más cerúleas; pero Maybelline es a mi parecer la marca con mejor relación calidad-precio (y tiene un amplísimo abanico para elegir según necesidades y apetencias).

Lo dice Diana Aller

viernes, 21 de noviembre de 2014

URGE PONER ORDEN: BREVE ENSAYO SOBRE LA CULTURA HOY

Vamos a ver,
(Qué bonito queda terminar la frase con una coma, como si fuera una carta a mi tío Manolo. Lo voy a hacer más a menudo). Una cosa es que se defienda un posicionamiento lógico y no influido del consumo cultural y otra muy distinta, adscribirse a corrientes filonazis en aras de una falsa aristocracia intelectual pidiendo (sí, pidiendo) la politización de la cultura.
Esto está ocurriendo ahora mismo en un sector mínimo de la cultura española (tan mínimo que nos conocemos prácticamente todos los que opinamos del tema).

Les pongo en antecedentes. Con nombres y apellidos, sí. El periodista Víctor Lenore (En la foto, disfrutando de un café en su taza de Winnie Pooh) sacó hace bien poco un libro "Hipsters, indies y gafapastas. Crónica de una dominación mundial". (Hace unos días lo saqué aquí y aquí). El libro (muy recomendable) viene a defender que la cultura imperante es deliberadamente narcisista, acomodada, anglófona y excluyente. Dice que los modelos culturales que se presentan como algo "cool" dan la espalda a todo lo que huela a pobreza o posicionamiento político. Verdades como templos.También dice que hay que perseguir/intentar lo contrario (es decir posibilitar que afloren otras músicas, otros estilos diferentes a los de la "minoría guay que marca las tendencias", y significarse políticamente).

Como el libro se centra sobre todo en la industria y la crítica musical, el ínfimo sector que se dedica a ello hoy (recordemos que es la industria pionera en esto de la crisis financiera) se resintió. Esta fractura que no pasa de ser una ramita astillada, se ha ido quebrando en estas semanas. Cuando este polémico caldo estaba en plena efervescencia, llega Diego Manrique, periodista musical, y se queja de la invisibilidad de su voto en una lista de los mejores discos en la revista Rockdelux. Por lo visto decía que había puesto en el número uno "19 días y 500 noches" de Joaquín Sabina, y este disco ni siquiera aparecía en la lista final. Sé que es una locura, y que al común de los lectores le sonará absurdo (y de verdad lo es) pero este hecho -en concreto un mensaje del periodista- ha encendido una polémica que ya estaba planteada en la miniescena underground musical española. En cualquier caso, es divertido seguirla: Aquí, o aquí por ejemplo.

Así estaban las cosas, cuando irrumpe este... Iba a decir manifiesto, pero me ha dado como vergüenza. Aparece esto: Un texto pro politización de la cultura. Tal cual. Viene a decir de una forma zafiamente paternalista, que el producto cultural está tan asimilado en los intereses comerciales que el público es incapaz de detectar lo realmente interesante. Lo firma una mayoría de gente que se considera "escritor". Muchos de ellos han estudiado filosofía y alguno ha escrito algún guión. Como se trata precisamente de cosas que me definen a mí, me veo con todo el derecho de reconocer el escaso mérito cultural de tales dedicaciones profesionales. De hecho, aparecerían todos ellos en el primer epígrafe (junto a titiriteros y farándula) de este listado de (alguna) gente que he hecho para aclarar un poco las cosas. Sería algo así:

Los exaltados pro-politización de la cultura:
Nacho Vegas, cantautor
Juan Diego Botto, actor
Jorge Lago, editor y miembro de Podemos
Albert Pla, cantautor (No lo sé, me lo imagino. Igual él tampoco lo sabe)
Ismael Serrano, cantautor

Los antiLenore:
Iñigo López Palacios. Periodista de El País.
Juan Soto Ivars, lleva deseándolo toda su vida y por fin lo es: escritor. No es antiLenore como tal, pero sí muy crítico con el tamiz político de la cultura.
Jesús Llorente, propietario de una discográfica en números rojos (y excompañero de instituto de Lenore)
José Manuel Costa, crítico musical
Fernando Delgado, trabajador de la promotora de conciertos y espectáculos "Heart of Gold"
Oscar Broc, comunicador en todos los medios que existen a día de hoy (radio, prensa, tv, internet, whatsapp...).
Trabajadores de la prensa musical (Rockdelux y Go! principalmente) así, a bulto.

La franja moderada: (Los que dan cierta razón a Lenore, pero no arraigan con eso de politizarse desde la cultura)
David Saavedra, crítico musical (y añado yo que además excelente y fino como él solo)
Cesar Estabiel, asesor, colaborador cultural en varios medios y procaz consumidor.
Mauro Canut: Locutor de radio y sus labores comunicativas.
Fernando Porres, coleccionista de discos, libros, licenciaturas y altibajos emocionales. No sé bien en qué trabaja, pero es algo "serio".
Joan Vich, se dedica al management, y booking musical. Tiene un sellito discográfico y trabaja para el Fib.
Alejo Alberdi, músico, estudioso, comisario, mente poliédrica.

(*nota: Guille Mostaza está esperando a que Jota Planetas se posicione, para decidir en qué grupo está)

¿No notan algo raro en esta lista? ¿No les parece que falta "color"?
Sí amiguitos... Esto tiene un tono gris heteruzo, porque todo esto es un debate pequeño, circunscrito a una realidad finita, caduca (y que tira a aburrido, la verdad).
Y aquí me refiero a unas cuantas generaciones, no solo a los chavales del listado: Se nota que estos otrora jóvenes del primer mundo, crecieron creyéndose que todo estaba a sus pies para domarlo y domesticarlo como se supone debe hacer un hombre de éxito. Si yo hubiera nacido tío, también estaría debatiendo tan apasionantes temas, mostrando mi colección de vinilos o charlando en una tasca sobre cultura y política. Pero tengo un hermoso coño (hermosísimo, añado) gracias al cual he trabajado muchísimo más el desarrollo del esfuerzo y los mecanismos psicológicos de recompensa. Es decir, que estas cuestiones no tienen demasiado sentido para mujeres y maricones, excluidos de suyo de un sistema cultural que como dice Víctor Lenore "privilegia la tristeza". Unos y otras hemos sufrido ya lo nuestro por la exclusión, así que entendemos la cultura de una forma totalmente diferente. Pero para ciertos muchachos, hoy adultos, la victimización tiene un puntito cool, por exótica, por original. Porque pasarlo mal es algo interesante cuando la vida está hecha a medida.

La cultura, queridos todos, no es un producto de consumo, aunque el debate que están formando algunos, gira en torno a su mercantilización. La cultura, y esto parece que a veces se olvida, está profundamente ligada a la pulsión creativa. No es un negocio a conquistar. Tiene más que ver con el arte y los sentimientos, por ejemplo que con el coleccionismo o los impuestos.

(Y abro aquí uno de mis larguísimos paréntesis: Tal vez por eso, la industria de la moda, siga tratándose como algo superficial, vacío o risible. Es una disciplina "de segunda" que el mundo masculinizado (forma de evitar la palabra patriarcado que chirría un poco) percibe como mero entretenimiento. Sin embargo la moda lleva años moviendo más dinero que la industria discográfica -si se quiere valorar desde un punto de vista estrictamente comercial- y sobre todo, hay tanto talento, genialidad y teoría como en cualquier otro arte "mayor" -si atendemos a criterios netamente estéticos-. La moda, está capitaneada por mujeres y gays, y pese a tener trasfondos y colecciones tan trabajados como la narrativa contemporánea, tanto para las instituciones más academicistas como para estos rebeldes autoconsiderados intelectuales de nuevo cuño, sigue siendo solo un liviano entretenimiento).

Si yo, terminada mi jornada laboral, me dedico a dibujar, o a escribir tercetos encadenados, no estoy pensando en qué empresas participarán para que llegue a un público; no estoy pensando en vender mi talento, ni en la seña política que tendrá. Lo que estoy pensando es que los rayos de sol en invierno me hacen recordar el amor, y más concretamente, el desamor que viví hace dos años, o alguna cosa "inspiradora". A saber: Un atardecer en Talavera de la Reina, el indefinible color de pupilas de esa persona que no sabe que me fascina, vagos recuerdos ocres de la infancia, o también una situación política o de opresión determinada, claro...

Me parece muy bien que si alguien está dispuesto a pagar por mis óleos o tercetos, lo haga. Entiendo que se siente de algún modo conectado con el mensaje artístico y no entro en disquisiciones éticas del beneficio que quiera y pueda sacar de ello.

Pero no puedo exigir que la mera artesanía tenga per se una remuneración (Llamémosle subvención, sueldo, gratificación o favor). Esto genera precisamente que quienes tengan el poder favorezcan las representaciones culturales afines a su creencia política. El PP no subvencionará una exposición sobre el aborto consentido de la misma forma que Podemos no ayudaría a sacar adelante un musical sobre "Mein Kampf".

Y sí, hablo de artesanía, porque me resulta muy soberbio decir de mi propia obra que es arte. Si es arte, tal vez podría ser remunerado; pero no me corresponde a mí como autor determinar si lo que hago es de calidad, novedoso y con carácter (osea, arte).

De la misma forma, aunque comulgo del todo con Victor Lenore cuando dice que deliberadamente se favorece determinado pensamiento apolítico y conformista, entro en un profundo -y pelín violento- desacuerdo con la intención de politizar la cultura. Si pretendemos que ésta vaya desligada de intereses pro-masificación, no es consecuente pedir su adhesión política. No seamos catetos, por favor. La cultura es otra cosa:

cultura
nombre femenino
  1. 1.
    Conjunto de conocimientos e ideas no especializados adquiridos gracias al desarrollo de las facultades intelectuales, mediante la lectura, el estudio y el trabajo.
    "en la comprensión de un texto pueden influir de forma decisiva la edad, la cultura, las vivencias personales u otros muchos factores"
  2. 2.
    Conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época, etc.
    "la cultura azteca; la cultura del Siglo de Oro; la cultura occidental cristiana; la cultura del ocio"

...Y la música, la pintura y hasta una novela de Pérez Reverte se utilizan para el mero deleite humano. Es decir para PASARLO BIEN. La primera premisa es la necesidad de un autor de extraer aquéllo que tiene dentro, sin más particulares. La transmisión del mensaje no se puede forzar artificialmente hacia un extremo político.

Cosas tan sencillas como salir a disfrutar con los amigos, en ciertos entornos se vuelve una actividad tensa, llena de competitividad y tiranteces. Sucede lo mismo que con Podemos: A los chicos les gusta el discurso de Podemos, o detestan a Pablo Iglesias. En el fondo entienden el mundo desde una única naturaleza mamífera de competitividad entre machos. (Ojito, que me superencanta la naturaleza mamífera de los humanos ¿eh?)

A muchas nos pasa que terminamos la noche rodeadas de gays en un ambiente meramente festivo, simplemente gozando y riendo.Y es maravilloso. Hace poco una amiga me recordaba cómo en un after en una casa terminaron segregados en una habitación hombres discutiendo de música y en la contigua mujeres poniendo canciones y bailando. Así, tal cual, es la cultura.

Me congratula sobremanera, comprobar que hay muchas voces cuestionando desde distintos ángulos los preceptos y aristas de la cultura en la política (Valga como ejemplo este post) . Y confío que dando voz a todos, terminemos por crear un sistema horizontal, laico, apolítico y lógico de acceso y consumo cultural. ¿Podemos?

Pido a los chavales que no se me enfaden, que traten las cosas con humor y en su justa medida, y a todos que nos divirtamos mucho, que para eso estamos en este mundo.

Extraigan sus conclusiones, y no sé si pedirles que me las cuenten.... Bah, venga... sí.

Lo dice Diana Aller

miércoles, 19 de noviembre de 2014

DESAHOGO LINGÜÍSTICO

Me disponía a comentar una entrada de una web, donde he visto un artículo que me ha encendido, pero he reparado en dos cosas:

A) No sabía dónde estaba el botón para hacer un comentario (inoperancia mía: Diana -1)
B)Tengo mi propia web para expresarme (hago cosas: Diana +1)

Este es el texto en cuestión:

Ninguna persona que respete nuestra lengua escribirá el terrible «estimad@s vecin@s»*. Ni siquiera el correcto pero innecesario y redundante «estimados vecinos y vecinas», que en realidad debería ser, siguiendo sus propios argumentos,«estimados y estimadas vecinos y vecinas», o «estimados vecinos y estimadas vecinas». O el incompresible «estimadas vecinas» en el caso de que en la sala haya más mujeres que hombres (otra norma inventada), o el también empleado «las y los vecinos»*. Estas fórmulas o cualquier variante similar no hacen más que dejar claro que el que las escribe carece de conocimientos lingüísticos y gusto por la expresión.
No es que el castellano no tenga una terminación para el plural mixto: la tiene, y esta coincide con la terminación del plural masculino. Es perfectamente lícito que algunas personas se lamenten de que no haya una tercera forma del plural, diferente de las dos existentes, para ser usada al referirse a colectivos donde hay hombres y mujeres (¿quizá «-es»? ¿«Vecines»*?) Pero no lo es tanto que, ante la ausencia de esa regla que les gustaría que existiera, inventen formas de plural mixto que atentan contra la gramática y el estilo.
Podemos comentar que no nos gusta la norma, al igual que muchos lamentamos que la RAE aconsejara eliminar la tilde del adverbio «solo» cuando este equivalía a «solamente». Podemos gritar a los cuatro vientos que nos gustaría que el plural mixto fuera «-as» cuando se refiera a un grupo con mayoría femenina. Pero una cosa es dar nuestra opinión y otra muy distinta tomar la justicia por nuestra mano y llenar nuestras comunicaciones de construcciones que, atendiendo a la única norma vigente, son inaceptables.
También hay muchas palabras que en singular tienen una sola forma, masculina o femenina, independientemente del sexo de la persona a la que se refieran. Y no he visto a nadie quejarse porque digamos «las víctimas» o «las personas» aunque haya hombres entre ellas; ni a nadie reclamando que se diga «los víctimos*» ni «las personas y los personos»*. Quizá deberíamos exigir también que se dijera atleto*,cineasto* o pediatro*. O «queridos congéneres y congéneras»*. La lista de despropósitos sería interminable…
En este enlace, la RAE aporta algunos ejemplos que dejan muy claro por qué es mucho más efectivo que las cosas se queden como están.
Aunque a mí me gusta más esta explicación de mi admirado Javier Marías, a la que creo que nadie debería agregar nada que no fuera «¡chapó!» (aceptada en lugar de la original francesa).
Supongo que todo depende de nuestra tendencia a ofendernos. De dónde coloquemos ese listón. Yo no me siento en absoluto disgustada porque se me incluya en un inocente «estimados vecinos». ¿Debería estarlo? Es una forma cortés y está correctamente escrita. Hay asuntos mucho más graves por los que ofenderse, y esas reacciones exageradas que pretenden crear polémica sobre el supuesto sexismo del lenguaje hacen que pierdan fuerza las reivindicaciones serias contra los casos reales, graves e inaceptables de machismo.





A mí lo que me toca la raja de mis partes más pudendas, es que haya gente que se yergue adalid y guardiana de nuestra lengua como si fuera un fósil inamovible del que va a beneficiarse de alguna forma.
El castellano afortunadamente, es una lengua viva -muy viva, añadiría yo- cuya holgura estriba en su adaptabilidad y capacidad de cambio.
Somos los humanos, con nuestros torpes inventos y maravillosa imaginación los que creamos, derivamos y retorcemos las palabras. Y somos también nosotros los que modelamos y disfrutamos de nuestra lengua. Este placer, libre y arrebatado, nos coloca en un maravilloso lugar dentro de la racionalidad, con el que conmino a mis congéneres a disfrutar.
Rebato una frase que escribe esta señorita (doy por hecho que es doncella, ya que la nada sexista lengua castellana me obliga a determinar si es penetrada de forma habitual por el mismo varón o por varios o ninguno, -o lo que es lo mismo si es casada o soltera-). Dice que quien escribe "Los vecinos y vecinas" (...) carece de gusto por la expresión.
En primer lugar, un "Vecinos y vecinas" suele ir seguido de "estoy hasta el rabo de vuestras fiestecitas y ruidos. A la próxima os envío una banda de albano-kosovares. Estáis avisados, cabrones" y dudo que se plantee su gusto por determinadas formas léxicas en el difícil trance de escribir tan quejumbrosas líneas.
En segundo lugar, me alivia creer que poca gente escribe para exponer sus conocimientos lingüísticos... Quiero pensar que la mayoría lo hace para comunicarse.

Me gustaría señalar, así mismo, que tras años de enseñanza reglada por parte de maestros con poca vocación, tras padecer el yugo normativo durante toda la niñez y juventud, y tras asimilar el pensamiento unidireccional como único horizonte social, lo último que desearía cualquiera es una lección paternalista sobre el uso correcto que debemos hacer de nuestra lengua. Que una señora (ahora me la imagino penetrada de forma habitual por el mismo varón) apele a una única norma vigente ofende a la plasticidad de la lengua y a quienes hacemos uso de ella. En edad escolar nos hubiera venido muy bien esta información, pero en un mundo adulto deberíamos negarnos a hincar las rodillas ante instituciones seniles empeñadas en perpetuar la mansa adoración de un tesoro intocable.
Quiero desde aquí llamar a mis coetáneos a la desobediencia léxica en particular y a cuestionar todo cuanto nos viene tamizado como precepto en general.

(Y a la autora, le pediría que dedique una entrada a la muy extendida cosificación femenina con el pronombre "la". Me siento muy sola en mi cruzada contra "la Pantoja" o "la Esteban" en los titulares, y jamás "el Rajoy").

Gracias. Me he quedado superagusto.

Lo dice Diana Aller


Diana Aller por Belén Cerviño